El vaciarte, incluso, comienza a ser un alivio, comienzas a tener la sensación de no ser capaz de reconocer ni tu cuerpo ni tu estado real, o acaso, te parece habitar otro distinto al tuyo, te ves en el cuerpo de otro, con las manos de otro y las piernas de cualquiera; una idea asalta a quien ya no eres tú, ya no eres tú, tan exacta es la soledad, no te pareces real, estás en otra piel o eso te parece, y en el rastro que permanece te reconoces a través de lo que no te reconoces, ante tanta sensación alterada esperas, zancada a zancada, la inminente percepción, de pronto una ráfaga de bienestar, incluso de placer emerge desde las piernas y tan pronto como la adviertes se desvanece.
domingo, septiembre 12
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentario(s), léelo(s):
Publicar un comentario en la entrada