miércoles, septiembre 22

... epílogo

De entre todas las cosas que no esperas que te puedan suceder mientras vives el maratón, no solo el día de la carrera, sino a lo largo de todo el tiempo desde que brota la idea en la imaginación hasta que rebasas la línea de meta la más inesperada sucedió después de cruzarla... cuando ya has logrado llegar, exhausto, la adrenalina te mantiene eufórico, orgulloso y vivo... al día siguiente los dolores se han apoderado de ti, cada desplazamiento se convierte en algo duro y no hay una parte de tu cuerpo que no parezca reprocharte el exceso del día anterior, también se supera: reduciendo los movimientos, permaneciendo quieto, no... no hay prisa por volver a entrenar y dejas pasar un par de semanas, entonces te pones un día las zapatillas y no tiene sentido salir, no hay una razón para dar zancadas ni patear la calle ni esquivar coches... te sientes extrañado o irreconocible e incapaz.... varios meses con las zapatillas en el mismo lugar, las camisetas en su cajón, el cesto de la ropa sucia vacío, no tienes a quien preguntar porque no sabes qué preguntar... un día abres un libro de los que has utilizado durante los entrenamientos y lees algo que nunca habías leído antes, sintomatología del síndrome postmaratón.

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