sábado, enero 31

Intenta no entrenar demasiado, el cuerpo no es de otro; habrá días en los que nunca habrás desconfiado tanto de las piernas como, antes de una carrera de domingo; las sensaciones previas no serán buenas, demasiado endurecidos los tríceps o los gemelos, quizás no sea cierto pero creerás sentir dolor en donde nunca lo has sentido, sobrecargas de temor o desconfianza o demasiado entrenamiento o pánico al límite: solo ansiedad, no son buenas sensaciones ni de mente ni de cuerpo; y te imaginas la carrera, sobre todo imaginas no equivocarte y para ello repites mentalmente pasos fundamentales vaselina, corte de uñas de los pies, más vaselina entre los dedos y en los pezones, la camiseta que transpire bien, los pantalones que no rocen, los calcetines del revés, ni muy gruesos ni muy finos, ni muy cortos ni muy apretados, los cordones bien anudados que no vayan sueltos rozando la piernas una y otra vez, mil y una veces, tampoco demasiado apretados que provoquen incomodidad o dolor y haya que parar, ni poco ni mucho, no dejar de beber, ir al baño para todo, las veces que haga falta y una o dos más por si acaso, la noche anterior festín de pasta, no estrenar zapatillas ni pantalones ni beber o comer cuando nunca se haya experimentado con antelación, la ansiedad lleva en los últimos minutos de las últimas horas a creer en formulas mágicas o esperanzadoras, pero el trabajo está hecho, impelido parecerás a cometer estupideces cósmicas e infinitas, no, no es la inseguridad es el miedo.

Km. 9 ↑

viernes, enero 30

De vez en vez hay que correr entre otros, en un medio no habitual a los entrenamientos, una carrera popular donde esperas que las mediciones, que haces siempre, las de tu reloj, las de la distancia que estimas, no sean muy diferentes, se empieza con distancias de 10 kilómetros, es lo mínimo, no te romperá las piernas ni las rodillas ni los ligamentos ni te hará fracasar, es una distancia ya grande pero no enorme como los 20 o abisal como los 42. Se puede correr como un entrenamiento pero ese tiempo de la primera carrera de 10 kilómetros, va a ser un dato que recordarás y luego, igual, cada una de las mejoras que consigas. No hay distancias pequeñas ni inútiles o vanas, cada carrera puede ser una victoria, mínima, o una catástrofe inconfesa que te lastre las piernas durante semanas, pero pesará acaso más en tu voluntad.

jueves, enero 29

No restaron muchos recuerdos defendibles de los años pasados allí, de lo que más vas olvidando será de lo peor, no, en realidad mucho es imborrable pero indigno de recordar, sabes que no se eligen los que permanece en la memoria; el entusiasmo del olvido hace creer, a traición, que hay cosas en el paso del tiempo que merecieron la pena ser vividas, se corre el riesgo de un bucle melancólico personal, intransferible. Lo más inolvidable fue el primer día: la perplejidad, acababa de empezar el final de la niñez; y el último: la liberación y alejamiento de tanto miserable y tanta miseria, si no saliste corriendo fue porque el peso de las dos bolsas acarreadas y el resentimiento era excesivo, las dejaste en el suelo, te volviste frente a la calle central junto al cuerpo de guardia, y atónitos varios vieron el gesto de insultante desprecio lento y ostensible; y no más de unos segundos sueltos de cada uno de los centenares de semanas quedaron esparcidos en una maldición gruñida por la garganta; ya no habría más sensaciones de las huidas corriendo en busca del autobús los fines de semana, la disciplina a la espalda; y, lo mejor, todo quedaba por correr pero sin regresar.

miércoles, enero 28

Solo te hiciste navegante en un sótano que también era un refugio, no soportabas fácilmente pasar los, escasos, tiempos libres compartiéndolos con muchos y sobre todo por librarte de parte de la tediosas horas obligatorias de estudio, elegiste la actividad de modelismo naval, haciéndote cargo de un casco abandonado en el sótano que servía como local de trabajo, recuperaste planos, investigaste lentamente como afrontar la construcción, no se trataba de pegar piezas de un caja de montaje sino que cada pieza se hacia a mano, los materiales los proporcionaba el maestro carpintero, personaje amable dentro de aquella zarza de indeseables, algo borrachín, no mucho más que todos los demás; te hiciste armador y navegante despacio, familiarizándote con la botavara, las drizas y las contradrizas, la escota y el escotín, el estay, la mesana o las culebras, la carlinga y la borda de barlovento, con los catavientos, los foques, la cordelería, la quilla, los chafaldetes, el pujamen y las relingas; el perigallo, el patarráez o los naúfragos, sin saberlo virabas ya hacia un lugar lejano y ajeno a aquel sin demasiada amenaza de zozobra, capaz de trincar los cañones, abitar los cabos, adrizar la nave, conociste bien el aparejo de tu nave y aprendiste a identificar las drizas para izar los picos de cangrejo, las velas de cuchillo y los gallardetes; mediste con precisión los centímetros de eslora de lo que construías, trazaste con cuidado la gavia, lijaste despacio los juanetes y rehiciste varias veces el mástil de mesana, anudando decenas de obenques. Aquella nave siempre estaba al pairo, sobre la mesa, nunca llegaste a ver afoscarse el horizonte, ni tuviste que afretar, ni agolar, ni te enfrentaste al aguaje, aprendiste el nudo ahorcaperros, y lo que era el alferiz, el amantillo, en la vida tuviste que soltar otras amarras que las de tus imaginaciones, ni pasaste a nadie por la crujía, ni nunca navegaste a la deriva, tampoco que leer los derroteros, ni nunca se te desarboló la nave, ni jamás disfrutaste del embate, de ningún modo encaraste una galera bastarda, pero tampoco temiste en ningún momento por ver hocicar la nave, ni te familiarizaste con las mareas ni el mareaje, no pudiste nordestear o norestear ni temporejar ni tiramollar… feliz solo todas aquellas horas en el sótano donde embarcabas y desembarcabas; olía a madera de pino, a cola de carpintero y a humedad, un olor indeleble y agradable… en un lugar profundo de tu paciencia crecía nervuda la voluntad, cada vez más ajeno a aquel lugar, a aquellos estúpidos e insustanciales conocimientos que deglutías, que a fuerza de desinterés te limitabas a aprobar, de cinco respuestas contestaba tres, para el suficiente, el resto era la literatura que te mantenía despierto, te llevaba lejos también, a flote sobre la estupidez, a salvo a ratos, llegó un momento que tu extrañamiento lo explicaron como rareza y desde entonces no hubo más problemas, te respetaban e ignoraban por igual, no necesitaba a nadie, corrías solo delante de todos en las carreras de diez kilómetros, autosuficiente con tu maqueta del H.M.S. Bounty y las novelas, de vez en vez, soplaba el frío del desamparo mientras corrías, mientras se vive por inercia.

martes, enero 27

Es cierto que hay momentos puros en el maratón, de relámpagos durante los centenares de kilómetros de entrenamiento; instantes de clarividencia, de intuición, de descubrimiento, de ingreso a nuevas experiencias acaso irrepetibles, de sensaciones excelentes; pero también es cierto que la mayoría de las horas son insustanciales, monótonas, invariables, sucedáneos unas de otras, unas tras otras: impalpables pero estrictas demandantes de esfuerzo sin recompensa; los minutos se hacen horas; y días de carrera sin otro estímulo que más kilómetros tras tuyo; la verdad es que la euforia es la excepción, algo residual se siente cuando terminas las carreras, cuando se hacen entrenamientos largos, los días que estás por encima de los veinte kilómetros, cuando corres un medio maratón; el resto es irrelevante como sensación: solo correr, correr, seguir corriendo, para forzarte a aprender las señales de deshidratación, de lesión, de cómo se van haciendo las ampollas en los pies, los pinchazos de los gemelos, el control del flato, del ritmo de respiración, la distancia idónea de las zancadas, la necesidad velocidad; minutos en los que solo compites contra ti, irrisorio para el resto del orbe. Intransferible.

Km. 8 ↑

lunes, enero 26

Aprender a correr no es un aprendizaje lineal, los errores son lo más común, nadie se libra de los errores, ni los profesionales, el día de la carrera se equivocan en algo y no hay carrera, los maratonianos populares tendrán al menos una o dos lesiones graves durante la preparación, y decenas de problemas menores, ampollas, estiramientos, esguinces, sobrecargas, normalmente por excesos: de confianza, de entrenamiento, de carga de trabajo... por defectos: de descanso, de vaselina, de agua... aprender a correr, aprender a evolucionar, a mejorar... el maratón no tiene atajos, no atajas los errores ni las distancias. No te engañen: solo hay calamidad y alegría, alguna, de paso obligado.

domingo, enero 25

Entrenando entre 150 y 170 pulsaciones por minuto, antes de las salidas de las carreras los pulsómetros pitan siempre, como grillos; pulsaciones a tope antes de dar la primera zancada, al cabo de los primeros mil metros se normaliza el pulso. Hay que conocer los margenes hasta donde se puede llegar. Te hicieron un electrocardiograma y como aquel día ibas con traje y corbata te dijeron que era hipertenso. Somos eso, nada más, a pesar de todo, latidos y oxigeno; acaso voluntad forjada kilómetro a kilómetro.

sábado, enero 24

Victory Poem for ABABA BIKILA

Abebe Bikila
With you
Our dreams
Never broken.
Born in 33
Reborn that 73
The foot soldier
Of forty years
Led Ethiopians to run.
This medal avalanche
Abe the shepherd boy
The kid of Jan Meda
First ran with the sheep
Ran with horses and mules
Too deep at heart
Until autos run over him
And this said he in silence:
We are the Ethiopians
Whose lions made to sleep
Need the ran twice as fast!"
Left Ethiopia
This medal avalanche,
With short steady pace
Unconquered will,
Across boarders of Rome,
Troubling the heart of men
And made our flag to fly
Right above:
Dead and gone Mussolini
Then and then,
Abebe Led Mamo followed
Ethiopia led
Kenya followed
Made us friends among nations
Running for Victory
With that Abe's Legacy.

Escrito por Taddele G Hiwot
27 de octubre de 1973
The Day Abebe Bikila flowered


PS: El original fue publicado en el Ethiopian Herald "the day Abebe Bikila rested his victorious"

viernes, enero 23

A los 17 años Bikila entró en el ejército como guardia del séquito del emperador abisinio Haile Selassie para poder comer cada día, hasta entonces no había corrido por correr, solo para vivir. Un sueco, Onni Niskanen, transformó el talento natural de Bikila en pura técnica y eficiencia para destruir las distancias y los tiempos. Bikila en Roma corrió descalzo porque era más rápido descalzo que con zapatillas; eso se llama información genética. Pocos meses antes de los Juegos de Tokio, en 1964, es encarcelado acusado de participar en un complot militar; un mes antes de la salida del maratón es operado de apendicitis; corre, esta vez sí, con zapatillas, a más de 19 kilómetros por hora, algo inaudito en el ser humano hasta entonces; vuelve a vencer. Nunca se ha confirmado la leyenda de que tras ganar el maratón en Tokio, Mishima se arrodilló a los pies de Bikila para besarlo y rociarlo con perfume de sándalo. Lo cierto es que sí retrataron juntos y sonrientes brindando con sake.
En 1969 Bikila sufre un accidente de coche que le postra ocho meses en un hospital de Londres, del que salió paralítico y en silla de ruedas. Una multitud lo recibió a su regreso a Addis-Abeba. Bikila con sus piernas muertas, el gran maratoniano, finaliza su vida en la tierra a causa de una hemorragia cerebral el 25 de octubre de 1973, a los 41 años.

Todos los dioses salven a Bikila.

jueves, enero 22

Hay imágenes inolvidable: Bikila, maratón de los Juegos Olímpicos de Roma, 1960, corriendo descalzo hacia la meta por las calles de Roma en la noche, sin luz artificial, solo, sin rival ya, rodeado de antorchas marcando el camino, Coliseo, Capitolio Romano, a través de la Vía Appia para finalizar en el Arco de Constantino de donde había salido Mussolini veinticinco años antes 1935 al asalto de Addis-Abeba. Aquella fue la primera maratón en ser ganada por un africano negro, reduciendo de una vez en ocho minutos la mejor marca anterior. Bikila es el más grande maratoniano de la historia, campeón mundial de maratón en 1960 y 1962, campeón olímpico en Roma con 2h 15'16'' logra el récord mundial y olímpico corriendo descalzo; en Tokio cuatro años después con 2h 12'11'' repite récord mundial y olímpico. Un mito que corría no por correr sino para sobrevivir; lo más originario del correr. En 1968 en México marcado de cerca por sus competidores, solo otro etíope, el irreverente Mamo Wolde se atreve a enseñar la espalda a Bikila, obligado a abandonar en el kilómetro 17, había corrido en secreto con una fisura en un hueso de la pierna derecha, con problemas adicionales de rigidez y de circulación. Corredor de fondo.

miércoles, enero 21

Un frío que llevas adherido a la piel, en realidad no es uno, son fríos, cuando hace frío de verdad, en la calle y en el pensamiento, el viento duro puede aterir tus músculos, se endurecen como los bordes de las aceras, continuas corriendo, una vuelta más te dices, un par de kilómetros y te dices que lo dejas, casi, intentas seguir cuando todos los signos de tu cuerpo, te exigen que pares, sabes que te arriesgas, todo el que corre en invierno lo sabe, otra casta, saben, os arriesgáis a ir a peor, a la necedad de seguir a pesar de las lesiones latentes, o te arriesgas o te parece que flojeas, te pierde el automatismo de no rendirte, hay que aprender a parar, la voluntad empuja a un cuerpo a veces dolido, incomprendido, en tu pertinaz intransigencia, contra todo, contra el frío, contra el suelo, contra el calor, contra la mañana, contra la tarde, contra la noche; y se te quedas en casa hay algo que te acosa la estima, el reproche se agusana en el cerebro, mal asunto si no sabes controlarlo, pocas veces hay un mejor porqué para no salir a correr que la amenaza de lesión, o de agravar una existente, cuando no es el inevitable día de descanso.

Km. 7 ↑

martes, enero 20

Cuando corriendo reconozcas la sed será ya tarde, se pierde demasiada agua por el sudor y la respiración, hay que beber en grandes cantidades, si tienes sed tienes un problema ya has perdido más de un 1% del agua corporal, más de un litro, hay que beber en cualquier ocasión, aunque no tengas sed. La deshidratación supone el 2% de pérdida o más, por lo que el rendimiento muscular en carrera caerá casi un tercio; entorno al 8% aparece el golpe de calor, es mortal. La obsesión por beber es instintiva cuando se han recorrido varios cientos de kilómetros en entrenamientos, antes, durante y después, lo más fría posible, sin gas, un cuarto de litro cada media hora, es preferible a la sed el exceso de orina y tener que buscar y parar algún lugar para orinar en la ciudad. No tengas vergüenza excesiva, existen muchos más decenas de miles de perros o taxistas miccionando la ciudad implacablemente.

lunes, enero 19

Siempre piensas en beber, si ha sido suficiente, si habrá forma de beber en el camino, si a pesar de todo no será suficiente, se bebe agua en exceso, es una necesidad; el exceso es una necesidad, todo es un exceso, correr esa distancia, o pretenderlo, es ya, en sí, una lesión, y además lo sabes, ahora bien la imaginación es ajena a la lesión, te preparas durante días, semanas, meses en miles de metros, y cientos de kilómetros para situarte en la línea de meta, y al fin, o al principio, cuando llegas a esa línea imaginaría con ansiedad, sin saber si has comido lo suficiente, si has entrenado de forma adecuada, si has bebido bastante, si los cordones están poco, mucho o nada flojos, si extendiste suficiente vaselina en los pezones, o en la entrepierna, sientes como palpita el estómago y sigues bebiendo y has humeado orina trasparente desde hace días, estás bien hidratado; en esos momentos, quizás, sea el único signo creíble y que aporte cierta, o alguna posible, confianza, el miedo al error, ridículo, te salta entre los pensamientos, rebota por las ideas; y estás en camino a la salida, desde hace tanto, no dudes.

domingo, enero 18

Hace frío en la calle y pensar en salir a correr parece aterirte más, te mientes cuando ves el hielo fuera en los charcos, al otro lado, como siempre, o cuando dejas el coche y sales del aparcamiento y es de noche te dices: que es tarde o pronto, aún te mientes; algo en la garganta te dice que es mejor no salir y algo de tu voluntad te recrimina la escasa excusa, tensas los músculos de las piernas mientras deseas adivinar si están dispuestos y quieres encontrar una señal para no salir, y la respuesta es que no lo sabes, pero no puedes mentirte ya, no sabes si quieres, si puedes, si deseas o si no hay remedio, hay que sobreponerse a las contradicciones del cuerpo, de la mente y a la meteorología, al tiempo, físico, otra vez insistente, ciego, pertinaz, al tiempo meteorológico, al tiempo de tu estómago, junto al de tu deseo, al tempo de tu voluntad, al de tu vejiga que se infla en el kilómetro imprevisto y eso sí que siempre, aunque antes de salir a correr no dejas de orinar, ya que no tienes el donaire de los hijos del tasi (con ese, sí, con ese, son peores aún que los taxistas, son más fascistas, más racistas, más hijosde) que entreabren la puerta y mean en medio de cualquier calle al amparo indisimulado de las sombras y el bulto de un contenedor, echando la espalda hacia abajo mientras se observan la mano que sostiene su sexo o simplemente se rascan los genitales cara a la calle ufanos; son esos que nunca paran en los pasos de peatones cuando te ven acercarte, los que cruzas mirándoles a los ojos mientras te persiguen rapaces los suyos.

sábado, enero 17

Corres lejos cada día, como si se tratase siempre y acaso de un gran círculo que acaba inevitablemente donde comienzan los primeros pasos, corres lejos de sonidos, lejos del vacío, lejos de la estupidez, lejos de donde ayer, lejos de quienes no puedes o debes soportar, lejos de las camas de hospital, lejos de lo peor, lejos de la crueldad, lejos de la enajenación, lejos de la autoridad, lejos... muy lejos, con todo al lado.

viernes, enero 16

Supongo que cuando te obligaban a ir tantas veces a misa, corriendo, y escuchabas siempre como se daba gracias al coronel, al jefe del estado y a Franco, a Dios y a los muertos por la patria (¿pensaría en los que esa España mató?) se acaba por desarrollar la extraña habilidad, semejante a la ubicuidad, de estar sin estar allí o en ninguna otra parte; igual a cuando el esfuerzo de la carrera te obliga a disociar, olvidándote de ti mismo, del dolor, de la distancia y de donde vas para poder mejorar marcas o distancias. Aquel cura, no pedía nunca por tu bisabuelo, al que agarró la guardia civil cuando corría con un saco de leña a la espalda, ni por otros que encontraron, o no, cerca de las cunetas, descompuestos o sus restos; tu bisabuelo murió en cama y tuvo una lápida, no sobrevivió a la paliza. Aquel cura parecía tener solo en mente a los generales y a los jefes, cada vez que había algún atentado, pero solo cuando era contra un militar de rango el atentado, se suspendían todas las actividades y se convocaba a la carrera una misa; mas cuando uno de los chicos de tercero, en periodo de campamento, se metió la boca del cañón hasta el paladar y apretó el gatillo: no convocaron una misa, ni fuimos corriendo a ningún lugar, aquel día pareció tener las horas más lentas, las conversaciones más bajas y vuestros pasos fueron más cortos.

Km. 6 ↑

jueves, enero 15

Lanzan los dientes, dentellean el aire, hasta te salpica la babosa saliva y el instinto de herir, restallan las mandíbulas cerca, una contra otra, varias veces, vuelan casi, repiten las dentelladas al aire, algo les retiene, primero débilmente luego más fuerte: el amo que saliva (a veces) rencor también, en el primer impulso y ladrido se acercan demasiado al tobillo o al muslo o a la cadera, lo sabes, se huele, no miras lo intuyes, y aunque se sabe el propio salto para esquivarlos es inevitable, el amo gesticula, molesto por la tensión de la cuerda, no se inmutan en exceso: como cansados o aburridos del animal, o complacidos incluso, de su cólera viscosa. A veces tienes que parar, mejor parar, jadeante, no te lamentes, no te quejes, no tiene sentido, tampoco; aprovecha para respirar más profundo, vigilándolos, después las zancadas te volverán a impulsar dentro de la carrera hacia ninguna parte por las aceras de la ciudad.

miércoles, enero 14

Volver a correr después de dos semanas, la sensación sería de meses, no hacerlo por afonía primero, bronquitis, resfriado, dolores y... después más. La última semana en la que sigues entrenando no dejas de estar algo enfermo, te resistes a dejarlo, aún hay que entrenar más; siempre parece poder más una suerte de crueldad con uno mismo, desconfías de dolores por poco creíbles, como si se los inventase otro, un extraño de debilidad congénita, y estuvieses bajo tu propia sospecha de continuo; poco a poco, crees aprender a escuchar tu cuerpo, no es sencillo pero sí ineludible, el afán, el deseo, la voluntad son contraproducentes, son sobrada impetuosidad, apresuran a las sombras y a la visual y al ansia y a lo admisible, es mejor escuchar la rodilla, el peso de los brazos, el sonido de la respiración difícil, la resistencia del tobillo, escucharse también, aquí, puede ser un signo de menor estupidez.

martes, enero 13

Hay quienes recomiendan disfrutar de cada mínima victoria, no pensar tan lejos como en la meta del maratón, ni tan siquiera en la salida, una victoria es correr más distancia o más tiempo cada semana o un día en el que se corre por debajo de los tres minutos un kilómetro, o los seis o cuatro minutos el kilómetro, no importa, un metro más es un nuevo récord, un minuto más es una nueva marca, si piensas en los primeros pasos o días, cada uno de los siguientes es un nuevo logro, esos son los optimistas; y hay a quienes nada (de eso) consuela, sabéis que vas a ningún lugar desde ninguna parte hacia ningún cuando, siempre corres solo vayas donde no vayas; y solo hay un objetivo, uno.

lunes, enero 12

El aire frío acuchilla las fosas nasales, los músculos se te rebelan embrutecidos, las mejillas laten, las rodillas crepitan magras, todo, el cuerpo se te va a resistir, a contestar, la boca reseca te escupe, solo, una irregular espumilla de humedad, y se abre tú boca buscando más aire, forzando abres las fosas nasales más, exigiéndote más aire, te abocas, más, al límite, el cronómetro no se rompe, nunca; estás sobrepasando un límite más en el que ni respirar es asequible; no parece que estemos diseñados para respirar corriendo, será más por instinto por lo que se corre. Los sacos alveolares de los pulmones suponen unos 70 metros cuadrados para almacenar alrededor de 8 litros de aire; corriendo los tejidos pulmonares y torácicos tienen que continuar moviendo eficientemente el volumen de aire necesario para recambiar el espacio alveolar, cada inspiración es un esfuerzo enorme para generar la suficiente presión alveolar negativa que la atmosférica, cada espiración, lo contrario, hay que generar presión positiva sobre la atmosférica en los alvéolos. Y para todo esto solamente disponemos de un tubo cilíndrico de 2,5 centímetros de diámetro para conectarnos con la atmósfera, para respirar lo que necesitamos, para, en definitiva, que no pares de correr; para quienes corren el kilómetro por debajo de los 3 minutos ya no es suficiente y acaban provocando alteraciones funcionales en sus pulmones.

domingo, enero 11

Corres mirando tan lejos como te desvías especulando un desenlace que no sabes imaginar: los últimos 42 kilómetros, entrenar para correr maratón no comienza en el asfalto o en la tierra, no es una cuestión física, casi nunca, es voluntad, la de entrenar corriendo contra la sombra del propio cuerpo que se aleja, se acerca, se rebasa, se sobrepasa, se pierde… mientras lo único que se escucha son los latidos de los designios por el ritmo de la fatiga, aguardar o aprender a esperar a sobrepasar la meta, de ahí al final, hay incontados golpes sobre el asfalto, se corre solo contra uno idéntico a ti, en paralelo, rápido, más rápido hacia ningún lugar preciso del cosmos.

sábado, enero 10

Y cuando sueñas, sueñas que corres y que alguien te cuenta una solución, o “la” solución para correr sin dolor, pero no sería correr, no sería pensar en un maratón, imaginar sin esfuerzo, sin sobrepasar un límite; apenas un cero coma uno por ciento corre para vencer, los demás ¿porqué corréis? y ¿porqué hay diez mil o veinte mil o treinta mil corredores en la salida y no los hay para cinco o diez o quince o veinticinco o treinta y tres kilómetros? No importa no pensar en ganar jamás, ni tan siquiera tener la probabilidad de lograrlo aunque tuvieras más tiempo, no importa que competir sea para unos pocos, no importa una marca mediocre, no, no importa, se trata de terminar, de cruzar, la meta de un corredor de fondo es un punto de no retorno, el último metro te hace distinto, un iniciado; hay que hacerlo para comprenderlo; se vence de forma íntima, la victoria es simple: el intransferible encanto de correr por nada. Correr es una mezcla de reverencia y temor, de fascinación y aprensión, de obsesión e incertidumbre. Se es un excéntrico, un solitario, un raro, un radical, un irracional, un extravagante, un antisocial, también un ser primitivo, un insensato, un necio frente a los que se preguntan, te lo digan o no, ¿para qué? Fácil, para nada.

Km. 5 ↑

viernes, enero 9

Aunque organices todas las advertencias imaginables que te lanza tu sentido común, algo te hace salir a la ciudad a entrenar cuando llueve, cuando sabes que los coches no van a respetar el paso de peatones y no te detienes o los esquivas dentro del atasco, cuando hay que ocultar el viento del rostro, cuando el sudor forma parte ya de tu piel, cuando te miran y miran de forma ingenua, incomprensible, anodina, y parecen preguntarse o se preguntan; y ya no estás, le has dejado atrás.

jueves, enero 8

No se ven espaldas cuando se corre, solo la distancia. A veces, el ímpetu o la más viscosa pereza te hace arrinconar o desentenderse de calentar los músculos y articulaciones antes de lanzarte correr; y a veces resulta y a veces no, cuando no resulta bien es un error, uno de los miles que cometerás corriendo solo, entrenando solo, planificando solo, respirando solo, pensando solo. Dicen que otros acompañan, que ameniza la carrera, que es más sociable, incluso hay quienes corren para hacer amigos o tener en común algo con los otros, no es despreciable, como si se tratase de bailes de salón o un paseo rutinario o una compra de hipermercado o sentarse a comer solo en una hamburguesería repleta. Al cabo de los meses de entrenamiento no miras a los que te cruzas que también corren pero sabes quienes son como tú, acaso te parezca ser el único que corre en esa dirección hacia ningún lugar, nadie te sobrepasa, no alcanzas a nadie, los cruzas de frente, son una fauna, como tú, cada uno es una subespecie de corredor, si se hiciese la taxonomía de los corredores saldrían tantas como de insectos; en verano hay más, muchos más, son más humanos, la luz y la cercanía de desnudarse en las playas les empujan a saltar por las aceras, acaso avergonzados, se expulsan del escaso reconocimiento de sí mismos frente a los espejos, se miran de reojo en los reflejos de los escaparates cuando parecen acelerar fugazmente, no sabes si sabrán porqué corren pero será poco tiempo el que aguanten, se aprende a reconocer a los corredores fugitivos, o llevan demasiado ropa o algo es excesivo en su indumentaria... ellas se tapan por detrás con un jersey innecesario, a ellos se les escucha la fricción de los plásticos con que envuelven sus vientres, así se deshidratan rápido, o malas o inadecuadas zapatillas que les ocasionarán la lesión antes de tiempo y les hará desistir en breve; calcetines demasiado largos o cortos en exceso, los que corren con música no tienen capacidad de sufrimiento o menos capacidad, buscan la abstracción, no escuchar el cuerpo, tapar sus propios sonidos y llamadas, silenciar lo que son. Los habituales se reconocen fácilmente, entre ellos; no llevan nada superfluo. En invierno, no hay dudas: sois menos, más ligeros, más sudorosos, os cruzáis más veces, no les miras, no te miran, solo, solos todos, cada día.

miércoles, enero 7

Algo tiene que haber; que te impulse a seguir cuando todo tu cuerpo te dice “detente”, es un ruego: piernas, brazos, el sentido común, la conciencia, los pensamientos furtivos, cuando sientes los pies soldándose al asfalto, clavados al cemento o cosiéndose a la hierba, tomados a tierra, cuando las zapatillas se enlodan, algo te ayuda a acelerar, a lanzar las zancadas como lanzas, algo te aviva, un aliento más, insospechado, un aliento insólito, un esfuerzo engrandecido, asomo de sombras de claridad avivada, te espolean a continuar más y más; y persigues y resistes y persistes arrancando cada metro a más y más kilómetros maldiciendo de euforia contra todo que te diga detente.

martes, enero 6

Sin obsesión y fascinación es inútil dar la primera zancada, será un despilfarro, pero si la das, hay un coste, no lo dudes, cada uno tiene que descubrirlo, no volverás a ser el mismo. Al final de los kilómetros no hay una respuesta, cada paso te va abriendo ideas, pensamientos, puertas, algo de lo que podrían ser respuestas o, peor, mucho peor; más interrogantes...

lunes, enero 5

La tenacidad es el metal de un maratoniano, la idea de la meta final debe estar tatuada en tu voluntad, en el imaginario personal debe aparecer solo esa imagen: la sensación de llegar, alcanzar la meta, solo, resistiendo más, los daños no importan, la enajenación del cuerpo, el extrañamiento de ti mismo.

domingo, enero 4

El límite es siempre la capacidad del cuerpo para suministrarse y usar con eficiencia el oxigeno, y se dice de nuestro cuerpo, como si solo fuese eso: una propiedad, acaso quizás el cuerpo de otro, como si no fueras latidos y oxigeno y cuerpo y obstinación; o no esperas lo sublime, y no sigues a nadie, si acaso a tu sombra cuando te sobrepasa, a tu mente cuando va al frente, pero no tiene sentido correr, ni tan siquiera un único kilómetro, si corres la carrera equivocada; y eso los sabes dentro.

sábado, enero 3

Las formas del dolor, sensación que causa padecimiento, en alguna parte del cuerpo: agujetas, calambres, cardialgia, cefalalgia, cimbrón, dorsalgia, entrepunzadura, flato, garrampa, gastralgia, incomodidad, jaqueca, latigazo, lumbago, malestar, mialgia, miodinia, molestia, neuralgia, otalgia, pleurodinia, punto de costado, punzada, raquialgia, redolor, reflejo, reliquia, retortijón, tortícolis, agudo, amargo, atroz, cruel, errático, feroz, fiero, fuerte, inhumano, intenso, lancinante, latente, lento, pungente, punzante, rabioso, taladrante, terebrante, violento, atormentar, daño, entrepunzar, escocer, ver las estrellas, estar en un grito, lancinar, pungir, punzar, retentar, sentirse, traspasar, alarido, asparse, bramar, mugir, rabiar. ¡Ax!, ¡ay!, ¡oh!

Km. 4 ↑

viernes, enero 2

Entonces, solías jugar al baloncesto después de un par de kilómetros de carrera, repetíais la jugada recogías el rebote, y lo lanzabas al otro campo, al centro, a la derecha, a la izquierda y siempre lo recogía Jero, dos pasos y canasta, ¿recuerdas aquel día que vinieron a jugar contra vosotros varios oficiales? os daban por derrotados desde el principio, a un lado ellos al otro vosotros, dos mundos, los galones les iban a permitir ganar, eso creían, jugaron duro, fuerte, canallescamente, abusaron del árbitro intimidado, y ganasteis como se ganan los mejores partidos con la última canasta; escupiste sangre sin queja de alegría, después del último codazo, la venganza cayó en tu boca, solo el labio partido, ni os felicitaron, se fueron murmurando alguna memez de auto disculpa, y vosotros sin tiempo de disfrutar ¿de qué victoria? En un par de horas estarían vengándose con gritos impunes cerca de tu rostro... y sin tiempo corriste a la ducha, corriendo al dormitorio a cambiaros; y corriendo a cualquier otro lugar, no volvieron a jugar arriesgarse ¿para qué? para no minar la disciplina, la nuestra, como si eso importara, como si esa intransigencia la tuvieses que estar agradeciendo aun hoy después de saber que nada de aquello sirvió para nada, todo para nada, servir para servir se leía en el escudo, ni para quienes que se quedaron allí amedrentados por la amenaza de la realidad tras los muros: la vida; y que aun hoy seguirán repitiendo las mismas necedades que se reiteran en la parainteligencia gregaria, y cuando descubren que no hay nada en lo que creer, transmiten la farsa como pasando un bulto; y esos días se van a las cantinas y se emborrachan de autocompasión y de alcohol, la conducta, el código les obliga a seguir mintiéndose gracias a la disciplina.

jueves, enero 1

Soñábamos siempre con las vacaciones, allí, allá, más lejos, en otro lugar, en el infinito, delirábamos, casi, adolescentes, con chicas de pechos grandes y pezones puntiagudos, acariciados, con suerte por encima de la camisa, las literas chirriantes delataban en la noche a quienes se masturbaban, la sexualidad que rebosaba a borbotones como un aliento espeso y caliente en una habitación donde dormíamos cuarenta, o quizá más; en los servicios siempre había algún resto de revistas pornográficas o de novelas del oeste, soñábamos con alcohol y con música, y todo estaba fuera, el mundo allí, allá, más lejos, siempre en otro lugar hacia el que correr, y no sabías cómo preguntarte qué hacías allí, parecía simplemente una forma inexcusable de seguir solamente viviendo, deslizándote hacia ninguna parte; y corríamos hacia el fin de semana, con el viernes por la tarde huida, con tiempo si acaso para algunas cervezas, con el sábado por la mañana en los billares, por la tarde en la discoteca tras las chicas, el domingo como el sábado; y el lunes de madrugada vuelta en el tren a correr; y pensar en el siguiente fin de semana.