... te detienes, miras y echas mano a lo que te ofrecen, da steh ich nun, ich armer Tor tu cuerpo te ha parado junto al agua, agua, sí, agua, lo que sea, escuchas un ánimo que no es para ti, lo aceptas de todas formas, el agua alivia, tu cabeza, el rostro, braceas, acaso perseguir asirte al aire, todo lo necesario, estás corriendo, otra vez, bien, te maldices mudo, te insistes, ánimo, vamos, ni hablamos, hasta el treinta y seis te dices sin queja, entre los que corréis circulan ciclistas, espontáneos, patinadores oportunistas, uno viene, lo escuchas y lo ves sin mirar y presientes algo malo, te pasa rozando, el hombro, se desequilibra, fuerza un gesto y cae delante de ti con todo su cuerpo contra la cuneta, tres, cuatro, ocho pasáis a su lado, todos le insultáis, al pasar junto a él si alguno tuviese fuerzas, quizás, incluso le escupiríais, más de mil kilómetros de entrenamiento para que llegue un imbécil y te derribe como a un bolo en el kilómetro 31, cosi ligeri sigue maldito...
lunes, mayo 31
domingo, mayo 30
Se derraman las fuerzas, cuesta, el aliento; te recobras, alargas, la zancada; vuelves, alarma, breve, ha pasado; para prolongar una línea recta no se necesita mucha imaginación; solo, fuerza, si fueses un personaje desaparecerías acelerando, no, no es el caso, sientes cerrojos, las piernas; estás, en tierra, de nadie, nadie, cerca, ni delante ni detrás; ves y está otro en el suelo, miras sin mirar, y sigues; no te atreves a pensar, en cómo estás; blanqueas tu mente; en embestida sientes el tatuaje de la ausencia de tus padres, tan pronto, tan para nada, el abrazo abisal del vacío, te alteras, pareces estar a punto de echarte, al suelo…
sábado, mayo 29
Sales a la calle con el sol recién completado en el horizonte, la luz cae plana, blanca y cegadora con 40 minutos de carrera te acercas a la periferia de la ciudad, eres consciente de que bordeas también lo real, se vive de espaldas a ese paisaje, los días de entrenamientos prolongados acabas por llegar a lugares insospechados, incluso desconocidos, simplemente te dejas ir, no es fácil perderse, pero acabas llegando siempre a otros sitios, a ningunas partes, sin miedo sigues corriendo, bordeando las fronteras de la ciudad admisible, a unos centenares de metros las sombras que proyectan los cuerpos de los toxicómanos, que se mueven con lentitud aterida, son tan largas que parecieran querer desertar o escurrirse de aquellos cuerpos, sobre un montículo de escombros con los pantalones bajados un hombre parece buscarse la vena en el muslo o en la ingle, bodegón de residuos urbanos, centenares de bolsas de plástico esparcidas y llevadas y traídas por rachas de viento en la explanada donde se acumulan cadáveres abandonados de automóviles, tiendas de campaña sembradas sin concierto, oxidados bidones, latas, botes, envases, húmedas cajas de cartón, casi cualquier cosa o lugar parece servir para pasar la noche o buscar escondite, hay quienes duermen y viven en las alcantarillas más próximas, surgen las cabezas y se aseguran de que no parezca haber peligro girando 360 grados, salen de ahí donde van a parar los residuos de las casas de los traficantes y a cuya puerta hay aparcadas furgonetas y automóviles de lujo, quizás de tanto repetirlo parezca un tópico y esa geografía acabe por no significar nada para nadie, es muy posible, es la primera dosis, eso también es Madrid, cualquier ciudad, a nuestra espalda el paraíso artificial.
viernes, mayo 28
Tú pasas pero la distancia permanece, el esfuerzo provoca apagones de la voluntad, de las fuerzas, vienen y van, a estas distancias se arrastran hasta los pecados tras uno, te encuentras corriendo mirando al suelo como buscando sin atender, levántate, este recorrido de la Casa de Campo ya lo has hecho otras veces en los entrenamientos, hoy no hay putas ni jóvenes ni yonkis ni niñas ni viejas ni negras ni rubias ni melladas, ninguna, no hay chaperos, no hay proxenetas, no hay coches aparcados, no hay clientes miserables ni sórdidos, se han ido al infierno o escondidos machos y mudos exigentes, bebes agua sin parar, quema el cielo, lo sórdido sobrevuela el sitio, tomado por todos corriendo muy en fila, la Casa de Campo tiene mala fama el día del maratón, allí suele estar el muro, hay menos o poca o ninguna gente animando, encuentras nuevos rendidos, lesionados, abandonos, vómitos, uno llorando, extraño, lo miras sin emoción, sigues, sientes la voluntad intermitente...
jueves, mayo 27
Paavo Nurmi, uno de lo más grandes atletas de la historia, doce medallas olímpicas, 9 de oro, y 29 marcas mundiales, era tan superior al resto que no se batía contra sus adversarios, corría con un cronómetro en la mano, cara inexpresiva, ritmo regular y fácil, basaba todo en el entrenamiento físico y psicológico, para él la mente era todo, los músculos solo material de goma, todo lo que conseguía se lo adjudicaba a su mente, en los Juegos olímpicos de París en 1924 ganó la carrera de 1500 metros y la de 5000 metros en la misma tarde con solo una hora de diferencia, en 1932 en Los Ángeles le impidieron correr el maratón tras su décima medalla de oro, descalificado a perpetuidad por profesionalismo, hasta los Juegos Olímpicos de Helsinki no fue rehabilitado, veinte años tarde. Tú tampoco corres contra nadie, ni tú ni los miles, la mayoría contra el reloj o contra la primera Ley de Newton o contra la Ley de la gravedad que te recuerda tu peso, acaso no más de diez en cada maratón corren contra otros, para que tu cuerpo cambie de sitio alterando su movimiento es necesario que exista algo que provoque dicho cambio, ese algo, son fuerzas, es necesario que sepas donde buscarlas, en tu cuerpo, mente, voluntad, hay en cada maratoniano una parte de cada uno de los más excepcionales, rastréala en ti.
miércoles, mayo 26
Ya sabes que correr un maratón no es ponerse unas zapatillas y salir a la calle; no sirve cualquier par de zapatillas, necesitas unas adaptadas a ti, a tu peso, estatura, pisada, superficie habitual de entrenamiento, no es ninguna locura tener más de un par para alternarlas; no sirve cualquier par de calcetines tampoco, deben ir pegados al pie, que transpiren, sin costuras, que no te rocen y evitar así lo que saca a muchos de las carreras y a otros los deja cojos durante días: las ampollas; no sirve cualquier par de pantalones, tendrás que saber si necesitas unos ajustados o cortos o largos para evitar las rozaduras incómodas, unta bien de vaselina o crema tus genitales y las zonas de roce, es una experiencia poco transferible mirarte en carne viva; no sirve cualquier camiseta para el maratón, mejor ajustada, transpirable, con las costuras hacia fuera, de color claro para no absorber demasiado calor, tras 30 kilómetros, no hay nada que no pueda molestar, todo sobra, como cuando se huye con el miedo del aliento de la muerte en la nuca, como huyen los niños palestinos delante del cañón de un carro de combate tras arrojar con sus pequeñas manos pequeñas piedras.
martes, mayo 25
Es imprescindible asumir tus limitaciones, las que te ha marcado la naturaleza, a reconocerlas, acercarte y superarlas con modestia, a tantear el nuevo límite, dar pasos atrás y volver a aproximarte y rebasar la frontera de nuevo sin ambición ni soberbia, simplemente, de forma natural, sé consciente en la carrera también; el que sale a la calle con un maratón por delante está preparado para muchas más cosas que alguien que solo corre media maratón, no por entrenarte más duro llegarás más lejos, solo se alcanza el umbral de desequilibrio y la lesión, ahora tienes que ser más consciente que nunca de donde has llegado, reducir tus impulsos básicos y procesarlos por la lógica, hay mínimos errores que te pueden impedir correr los últimos kilómetros: acelerar, parar, no beber, no comer, no untarte de vaselina, fijarte al ritmo de otro corredor, mojarte en exceso puede empaparte y hacer insufrible la carrera, olvidarte de revisar tu cuerpo, tu forma de correr, tomar algo que nunca antes hayas probado, mantén la cabeza fría, desoye las peticiones de abandono de tu cuerpo, controla la ansiedad, no dejes de beber aunque sientas la inapetencia depresiva, si puedes comer come, tienes que confiar en que no te has equivocado tanto y hasta ahí, escuchas como alguien jura que no volverá a pensar en correr un maratón por lo menos hasta un par de horas después de haberlo terminado, todos ríen, vuelve el silencio del fondo, sabes hasta dónde tienes que ir y sabes cómo hacerlo, rebota las dudas de tu mente, afronta sin miedo al fracaso lo que viene, en la carrera también.
lunes, mayo 24
Te das cuenta que hace mucho que no miras el reloj, vas más pendiente del numero de kilómetros, te parece casi increíble acabar de ver pasar el 29, nunca lo habías visto, seguramente los hayas corrido pero nunca te lo habían marcado, el tiempo está en tu interior, vas pendiente de las señales de tu cuerpo en cada uno de los últimos kilómetros, has pasado ya momentos de euforia, muchos irrelevantes, de trámite, de duda, tienes la sensación que los que vienen tienen un peso diferente, ahora sabes que necesitas concentración, no vale distraerse mirando a quienes llevas a la lado, a la ciudad, a la gente que anima desde las aceras, tienes que sumergirte en ti, crear un estado de control buscando la mayor concentración de la que seas capaz, no te concentres en ningún dolor solo en su control, lo has entrenado también, tu cuerpo es ahora un sistema que tienes completamente monitorizado, de abajo a arriba chequeas cada parte, identifica y resuelve, una y otra vez, no hay carrera es tú carrera, no hay competición es tú competición, no hay tiempo es tú tiempo, corres entendiendo las señales que has aprendido a entender: sed, posibles ampollas, molestias, respiración, palpitaciones, ahogo, tensión de los músculos de la cara, la espalda, los gemelos, abdominales, acelerar o ralentizar, cada alerta es un signo que ahora debes saber identificar y solventar; hay quien dice que el muro no existe si no miras el reloj sino tu cuerpo, hay para quienes ni existe, no serás tú, no eres de la elite.
domingo, mayo 23
Ya no presientes, oyes la amenaza del muro, el hecho de esperar implica inevitablemente encontrar, lo que te han contado lo hace corpóreo, es el tiempo en que las fuerzas provenientes de los músculos, su energía, se ha ido consumiendo en llevarte hasta ese metro, no sabes si será en el kilómetro 30 o poco después pero ya no se trata de una sombra, se va haciendo paulatinamente sólido, todo el mundo te anuncia el muro y parece que no vas a poder sortearlo, ha llegado el momento de que apeles a tu orgullo, repasa tu zancada probablemente ya no será ni rasa ni larga sino que la comiences a arrastrar como cadena, a cada momento más podada, tu tronco debe ir recto y no encorvado ni torcido ni vencido, sube y abre los hombros y levanta la cabeza y remonta la mirada que irá acaso escupida por el suelo, para respirar mejor si puedes y te basta inspira por la nariz y espira por la boca, ya no te restará nervio para técnica de respiración: respira cuando y como puedas, repasa las manos quizás las lleves exprimidas agarrotando los brazos enteros, extiende y contrae los dedos de las manos y de los pies, baja los codos hasta las caderas si van altos; vas a sentir dolores insólitos, inesperados, extraños, indivisibles y únicos; y respétalos, incorpóralos como parte tuya, resístelos, al fin aprende a ignorarlos y no te detengas.
sábado, mayo 22
Recibes llamadas de teléfono a las que tras descolgar nadie te responde, hay ocasiones en las que al otro lado cortan la comunicación apenas escucha tu voz, en otras espera unos segundos hasta que repites la pregunta neutra, primero, perpleja después, insistente al final, varias veces, más tarde llegaron las llamadas en las que ni tú ni desde el otro lado se decía nada ni tampoco se cortaba instantáneamente la comunicación, restaba solo elipsis de ida y vuelta, durante al menos un distante minuto o más, poco a poco son las mismas llamadas pero mutando, es la misma quien te busca por que el numero está oculto en destino siempre, no hace mucho escuchaste un largo solo de piano, ves o quieres ver la distancia en sus ojos, ayer la misma música quedó grabada en el contestador automático durante muchos minutos, escuchas con atención los ruidos de fondo identificaste el sonido de una calle con tráfico, quizás una sirena de ambulancia o de servicios de urgencia, pensaste en quién estaba al otro lado en silencio, creíste por un momento que la oíste reír, creíste por un instante escucharla susurrar, creíste pensar que la veías iniciar un gesto con los labios para decir su nombre, creíste pensar verla intentarlo, creíste creer escucharla llorar, de cada llamada despiertas, cada llamada construye una fantasía, no, no fue un sueño, al menos no solo un solo sueño; ya sabes que tienes el rostro que te han construido todas las vivencias.
viernes, mayo 21
Acabas por llegar, sientes arder la rodilla todavía, no recuerdas el tiempo del vuelo, probablemente dormido para hacer más leve la ansiedad, corriendo por el nuevo aeropuerto desde otra ciudad, otro lugar de nadie(s) con la ansiedad de estar persiguiendo el agua que se desliza hacia un desagüe, seguro de haber llegado tarde con prisa, que ella ya no estará allí, la gente abarrota cada metro, deambulabas desorientado mirando pantallas, nombres de ciudades, como un boxeador sonado, entre extraviado o ausente, mirando rostros, buscando entre una multitud un solo rostro, o esperando la infinita suerte de que alguien te nombre, solo buscas, no has pensado en qué ni dirás ni harás si la encuentras, no importará con quién vaya, no te intranquiliza qué harás el segundo después de verla, solo te importa el segundo de encontrarla, lo que tenga que ser será, voces, sonidos, chirridos, altavoces, sin pausas, gritos; y un silencio aparatoso se te estanca en el cerebro, el de su imagen que se desmenuza de la memoria y la intentas retener; en el transcurso de unos pocos segundos una secuencia se te graba a cámara lenta: dos policías armados, enfundados en sus chalecos antibalas no se hablaban ni miran uno frente al otro, uno de ellos al mismo tiempo que no parece existir introduce el dedo anular en el ojo del gatillo del arma que le cuelga del hombro sin aparente consciencia golpea reiteradamente el gatillo apuntando hacia un lugar perdido empuja una y otra vez el gatillo como si disparase o fuese un juego infantil, el otro extrae los dedos húmedos de la axila sin prestar atención aparente a sus movimientos cuando luego rumiando quizás una idea se los lleva hacia la nariz para reconocer su propio olor de policía, un paso más, te alejas, otro paso más, mientras la escena sigue repitiéndose, sientes dolor en la rodilla, te acabas de golpear contra algo que no miras, vuelves, incrustado en el aeropuerto, todo conserva la exacta velocidad, el extraño eres tú, preguntas en cada lugar probable por ella, no, no, no, escuchas, sí, suplicas un dato, tardan, retardan, conceden, vuelves a correr con la derrota asumida, ya tarde, ya inútil, ya lento, al tiempo de los paneles desaparecen el número de vuelo de varios aviones que tienen su nombre; mientras recorres los pasillos de nadie, sin meta, continúan los ecos mínimos del gatillo golpeado, de aquel policía, allí o en ninguna parte o de todos los lugares a los que no llegaste a tiempo, allí en otro aeropuerto, territorio de nadie, otro sumidero hacia ninguna parte, más de este mundo, lejos, sin ella, sin posibilidades, sin aliento, sin encuentro.
jueves, mayo 20
Llevas cerca de dos horas entrenando, en ese límite el relámpago de la lucidez se te hace mineral, acabas de comprender lo que debes hacer, apremias la mirada, alargas la zancada, vuelve a casa, toma un avión, vuela, llega y búscala en el otro aeropuerto antes de que se marche, remotas posibilidades, urgencia, vas en lo que vas, perdido en la idea, ajeno sin esfuerzo, un sonido tan habitual como inesperado, sale desde ningún lugar de tu atención, en un relámpago, siempre se cruzan, aceleran, sin intermitentes, los hueles venir siempre, hoy no, tenía que ser alguna vez, maldices, intentas parar y esquivar y brincar y aceleras y saltas y notas como no es suficiente, hueles la quema contra el suelo, mientras lo oyes todo, no hay suerte, reacción en décimas deficiente, no ha sido bastante, cabrón de taxista crujes entre dientes, hasta el último instante haces por agarrarte al equilibrio, maldices el segundo que lo abandonas, vas al suelo con todo el cuerpo en el aire, consigues alejarte en la caída, desligarte ágil con la conciencia puesta en que lo peor puede ser otra embestida, que no te alcance ni aplaste, relampaguea mil veces, exhalas tu vida, milésimas de imágenes, materia que se va a por el asfalto, giras, oyes otro frenazo, blasfemas y reniegas, rabias el suelo, descargas, hueles con los ojos el asfalto; no, no hay dolor, aún; no hay espera, descarga eléctrica de voluntad, la conciencia te rebota, allí, mirando sin mirar al cielo, no hay cuenta atrás, no pasa el tiempo, no lo dejas, moverte y más constatar si puedes, arrebatado repasas cada músculo y cada longitud y miembro con relámpago, tienes la certidumbre, tu ser completo, nada extraño, hijo de puta le escupes, ves la estupefacción en el brillo del miedo y la boca del necio sin cerrar, no te miras nada, ya lo sentirás te dices, pronto lanzas la zancada, una, otra todo bien, vámonos te ordenas, sales corriendo del suelo, no hay dolor, la rodilla la sientes húmeda, no miras, sí, la acabas por mirar, no hay mucha sangre, vámonos, alado por la ira que te acelera, sigues.
miércoles, mayo 19
Hay días que al salir a la calle pareces ir sin piel, se trata de ese resultado de mezclar la lucidez con el extrañamiento de la incapacidad de comprender nada de nada: se altera la comprensión, se hace inviable o excesiva e insoportable y es mejor refugiarse y esperar estancado un día, unas horas más, con fortuna o insistencia se consigue que casi todo pase, se vuelva a hacer tolerable y cada impulso no suponga la gradación constante de ni una sola de las formas del dolor reconocibles o extrañas e infectadas; y no te queda más que intentar la transmutación de la carne en piedra: mudo, quieto y grave; y solo, así, sin que sea ni poco ni fácil ni inútil rehuir el día, el que hubiese sido mejor de no existir ni como recuerdo ni como sueño después de que se confunda con los mismos materiales de la memoria; o si todo llegase a concentrarse en un punto, no bastaría quedarse absorto y pétreo mirando lo que ocurre alrededor, esperando que el sentido manara como sudor frío de las cosas, hasta para eso, la existencia se distorsiona astigmáticamente hasta cambiar ese punto del tiempo, vano, en una continuación lineal de la vida: lo cotidiano brutal, sin más.
martes, mayo 18
No hay distancias para el encuentro, imagináis el primero, una habitación en el Palace, las ventanas cerradas, los ojos vendados, ¿de quién es la primera palabra? ¿quién nombra a quién? ¿quién se roza al otro por primera vez? ¿cuál la primera palabra si las hay? ¿cómo el primer tacto? cruzan las palabras y frases y silencios los kilómetros en segundos, los cuerpos reaccionan, se erizan estando incluso tan solos, la imaginación es la atmósfera que todo permite, sientes los sonidos imprecisos y el vaho de sexo y sudor mezclados, a ciegas la presión de los labios secos, tomada de nuevo en las manos, el sabor y el olor en los sentidos, hacia arriba más suave, hacia abajo más adherente, esposado al círculo de su boca, felina lentitud y minuciosidad, huellas de sabor son marcas, incandescentes extremos; ni te muevas –susurró - estarás más seguro dentro de mi cuando te dejé entrar; sexo pluscuamperfecto, lo que consigue convertir inteligencia en fe y sexo en amor: mentirse mentiras, reconociendo el calor del otro cuerpo con la misma facilidad que el propio.
lunes, mayo 17
Una sensación a la espalda, como si alguien hubiese dicho tu nombre o tocado en la espalda o alcanzado desde lejos y te esquivase en un último instante, te vuelves, y no, no hay nadie, es el hueco dejado desde que no estuvo que sigue ahí, un vacío que sientes como cuerpo, un agujero que nunca se llena, que jamás estuvo más lejos ni más desocupado, ni tan siquiera cuando te aborrecía, tanto, esperabas que estuviese ahí a pesar de todo, siempre había habido un camino de reanudación, incluso inverso a la distancia, a las dos direcciones; nada a la espalda, ni delante, ni por correr más deprisa ni más kilómetros tienes forma de alcanzarla, te has encontrado lanzado por las calles con los latidos como puños, con la alarma de la respiración insuficiente sin encontrar donde detenerte mientras perseguías su voz; miras el teléfono y tampoco hay llamadas, quizás haya resonado hace ya tiempo la última, hay signos en los días que te hacen creer que ya nada se va perder, que ya está todo arruinado; el correo electrónico del que dependíais, en el que cada día cruzaban las distancias a decenas no recibe ninguno con su nombre, tampoco, es cierto, sale ni uno hacia ella, solo tienes un buzón vaciado al que te envías mensajes para comprobar que funciona, un contestador automático mudo, un teléfono como de otra persona, un silencio oceánico que no existía cuando te decía te quiero, dos palabras que se expandían y llenaban tus sentidos, abarrotaban los buzones, inundaban los mensajes, escarchaban tu espalda, erizaban la piel; y vuelves a buscar a tu espalda, nadie te ha nombrado, nadie está tras ti que reconozcas, nadie te alcanza con una mano, esperas a rebasar la próxima espalda, ni nada ni nadie solo silencio, solo, a solas; lo sabes, ella también.
domingo, mayo 16
Tenía que ser un día extraño, apenas si podía ser de otra forma... no podía ser un día normal y por eso se estiran tanto las horas, cunde tan poco el tiempo y se extenúa, empiezan a darte cierto miedo las palabras, las suyas, las tuyas, de cada... la ansiedad de no saber como puede terminar cada encuentro, en el cielo o en el infierno, no hay tierra para los dos juntos, no te había pasado antes, las palabras jugaban siempre a tu favor, no te puedes fiar de nada ya en exceso, ni de las palabras, que están cargadas aunque no las cargues, vacías aunque estén llenas... hace días que has vuelto a perseguirla o adivinarla o creer encontrarla entre la gente que te cruzas en la calle, mientras nadas, mientras corres, buscas sus manos, ojos, su largo y lacio pelo, acaso el olor de su piel, de su cuerpo... y de vez en vez te confirmas, tiene que ser así, seguro, la certidumbre te dura poco, segundos, unos metros, apenas... y vuelve la búsqueda, simplemente no eres aquel, no idéntico, has mutado desde entonces, sientes el placer de recordar como eras capaz de calmarla con solo una palabra o con casi un silencio en el peor momento y recuperarla de su abismo, de volver a un cielo hasta el próximo infierno; y casi no puedes reconstruir cómo la encontraste, cómo vino hasta ti, tú hasta ella, ninguno parecía haber hecho nada para que sucediese, simplemente estabais allí, todos los años anteriores desembocaron en aquel minuto, simplemente parecisteis despertar y el otro estaba también allí, ella era capaz de encontrar siempre las palabras que perforaban, como un punzón el hielo, tu alma.
sábado, mayo 15
Tras una breve conversación inicial donde apenas hicisteis una breve esgrima de acercamientos, aquel mismo día llamó a tu teléfono por primera vez, inesperada e imprevista, ya tenía toda, al menos, tanta ventaja, kilómetros; la tenía, se la daba su atrevimiento, la imprevisibilidad, te dejó atrás, en estado de suspensión de la sensatez, al menos conseguías controlar la bocanada de lugares comunes que te llegaban a los labios, fue difícil, te obligabas a silenciar cada palabra cuando se empujaban tantas innecesarias en la boca, las enmudecías, no sin esfuerzo, buscabas mentalmente una idea razonable a la que aferrarte, devolviendo preguntas sin riesgo ganando tiempo, desde los primeros instantes brotaba el hipnotismo de su voz, hablabas y hablabas, casi no callabas, ella parecía sonreír consciente de tu desconcierto, lo percibías en su tono... te asías a nuevos temas para no perderla, cualquier excusa valía para esperar una nueva frase, tampoco encontrabas la forma de crear el silencio para volverla a escuchar, poco encontraste la calma, incluso te tapaste la boca con la mano para escucharla, así entró en tu cerebro, el resto de la noche, sin parar de girar entre las sábanas se repetía el tono de su voz, se construía su figura en la duermevela, ya sabías lo que iba a venir, mucho lo confirmaba, un antes y un después de aquella llamada, lo que podías presagiar era la intensidad, pero no cómo, sensualidad o sufrimiento.
viernes, mayo 14
Vas al encuentro contigo y no sabes que te vas a descubrir, compites contigo mismo y no alcanzas a conocer el límite nuevo que te abre, lo lejos que vas no lo puedes ver, como alguien acomodado dejaste el deporte por su dureza y al acercarte a la conciencia de la mitad de la vida vuelves al fondo de nuevo, te has acostumbrado a alcanzar retos y al mismo tiempo incapaz de disfrutar de ninguno de los logros al rebasar la meta, es la frustración por la que llegar no tiene mérito; es el proceso, el sendero, el entrenamiento: el reto, acabas por alcanzar que disfrutas por la holgura del trayecto y no al detenerte en el metro siguiente a la línea de meta, lo que no imaginas poder alcanzar al principio es lo que no te satisface al llegar, has de aprender algo adicional: a celebrar lo que alcanzas, disfrutar; también, aprende a dejarte libre de presión por lograr y sí aprende de la nada; y abres un cauce del que no conoces lo que habrá bajo tus pies, avanzas para retornar con un impulso más natural de lo aparente, es el impulso de la inmovilidad, de la memoria, no de la tenacidad; por que la voluntad te hace dar las zancadas mas donde llegues tiene que ver contigo, no con la dimensión de las distancias, corres sin cesar dentro del impulso colectivo que te hace regresar, no hay contradicción, a ti y a todos, al punto de partida por más que se obstine nadie en alejarse, continuar y modificarse en formas y posibilidades, dejando mucho lastre atrás y sin olvidar nada de lo que realmente eres, aunque no lo puedas escribir ni decir, es un premioso vericueto para no atajar, como si necesitases desaprender tanto para comprender, lo olvidado, lo oculto, pero lo más evidente, sin tanta ceguera interpuesta.
jueves, mayo 13
Escuchas a tu lado, mientras vas absorto, un sonido inesperado, entre tantos dentro de la carrera, apenas reparas unos segundos en quienes corren a tu lado, lo mismo que le dedicas a los que animan desde las aceras, miras, ves o reparas o esbozas una sonrisa y sigues, ese sonido, dentro de todos los ruidos es diferente, se repite, un par de veces, lo tienes ahí, quien corre ahora a tu lado presiona un inhalador, contra el asma, lo oculta entre las manos, disimulando, evidencia que no quiere ser distinto a ningún otro, solo también corre, nota que le miras y te ignora, con el mismo disimulo lo guarda en el pantalón bajando la mano pegada a lo largo del cuerpo, comienzas a presentir la extenuación que se avecina goteando, como se vislumbra en el mar una tormenta en el horizonte, vuelves a mirar para buscarle; y ya no sabes quién es con seguridad, puede ser casi cualquiera, el grupo de corredores muda como un fluido, como olas, animados todos por un mismo empuje; y acaso invisible.
miércoles, mayo 12
Lo sientes, el agotamiento te da lucidez, una poco o menos deseable, la que te hace reconocerte tus mayores errores sin pretexto posible, la más dañina, la sientes expandirse cuando entiendes todo de algo aislado en tu memoria, y quieres apartar ese ardor de la certeza indiscutible con un manotazo frente a tus ojos, pero sigue allí, intentas pensar en otra cosa, se te tatúa dentro, admites así, a cincel, tu maldad o estupidez como una visión negra, como se reconoce que la realidad no es la pesadilla que desearías que fuese, estás en la línea de fuego de tu consciencia, ten cuidado no sabrás donde te lleva hasta que no te dispares; y no arriesgues no es la ocasión para hacer cuentas de las miserias, no en carrera, no tiene nada que ver con ella, solo con que has conseguido escucharte y, más allá, oírte y sentir o presentir quién eres realmente, cuidado, te acabas de poner en tu propio punto de mira.
martes, mayo 11
No, no se siente nada especial, en realidad nada, al ir rebasando a corredores que abandonan, ni alivio por no ser tú quién queda atrás lesionado, al lado sin aliento sacudiendo de la cabeza la inesperada perplejidad de quedarse allí empotrados, sobre una camilla, bajo una manta, con los pies en alto sobre la acera, la mirada torcida en las rodillas o en los dedos con ampollas; y no, no eres tú pero no te sientes ni identificado ni lejano, simplemente tienes todo delante y no hay nada más que sostenerte sobre la línea de tu carrera, no hay más, a secas: la inercia, sin pensar, sin pensar, como si solo se tratase de seguir (viviendo), la meta todavía es materia de imaginación, te preparas (no para el final) para el inicio auténtico, hasta ahora cada minuto viene siendo un trámite, luego serán discordes, has llegado aquí sin agonía, al menos tú y la mayoría, los primeros que caen son seguramente quienes no debieron poner sus pies en la línea de salida, ni dar la primera zancada, son los temerarios, los inconscientes, las mejores intenciones están cargadas de decepción, no sientas nada, ni les alabes ni desprecies, no malgastes imágenes, ahórrate.
lunes, mayo 10
Inician a sobrevolarte los oscuros presentimientos, al principio lo sientes como una brisa que pasa, luego será el aliento más duro tras tu cansancio, el temor a romperte, sientes fallar la fineza del ritmo, tienes que comenzar a darte voz de aliento y mando a la vez, la fortaleza se hace blanda, lo prometido parece más cercano a una forma de castigo que a recompensa, las rodillas no te fallan pero si temes que parar o andar para beber te impida recuperar la carrera, y ya no te atreves a arriesgar, ya nadie ríe, a quien rebasas queda atrás, comienzas a ir sordo, mudo, ajeno, te encontrarás arrastrando la mirada por el suelo, levanta y mira delante de ti, mira donde vas y te llevarás allí, en los laterales de las calles recogen a los primeros que abandonan satisfechos acaso, a los lesionados con rostros de alivio o amargura, allí crees haber creído que algo te pedía parar.
domingo, mayo 9
Vuelven las urgencias de la voluntad, la que te pone meta, la de la ansiedad, así vuelven los kilómetros basura, hay que correr casi ignorándolos, sin voracidad, sin gasto extra ni una gota de sudor demás, ahórrate de ti mismo, cualquier derroche habrá sido luego un lujo nimio, son trámite hacia el muro en el 30 o 32 a lo más, tampoco los desprecies, sé modesto y pasa sobre ellos sin mucho alarde, son kilómetros que te succionan las piernas a través de las zapatillas, los músculos parecen desaguarse, te vacías rápido, no te confíes, ni dejes de beber aunque no tengas sed, lo que dejes de beber ahora lo lamentarás no mucho después, y si eres capaz de comer algo hazlo, repón energías, es mucho lo que resta, el maratón es exigente en cada metro, no ofrezcas nada ni un centímetro demás, mira lejos y haz las trazadas lo más exactas, no deambules de un lado a otro, no cambies de ritmo, no subas más rápido de lo necesario las cuestas, no subas o bajes las aceras sin más, relaja cada parte de tu cuerpo, olvídate de todos, los otros, ignora si te adelantan, no persigas la estela de ninguno, entra en el ritmo, piensa lejos, aparte, en otro no en ti y sigue maldiciendo si es necesario, pero sigue.
sábado, mayo 8
Estás dentro de una carrera de más de un millón de días, la distancia es mayor que cada uno, es todos en su inmensidad, el alcance es mucho más de lo que puedes ver, la verdad más de lo que adivines a sentir, lo decible está más próximo a lo que podemos velar, estás dentro de una carrera donde los relevos son interminables desde la primera generación, cada uno hace que la carrera no se haya suspendido hace mucho más de un millón de días: golpeando zancada a zancada la tierra del planeta y todo lo que hemos ido tapando desde entonces entre tierra y piel, eres parte de la medida del tiempo que tendrá que concluir, parte incluso del frío, de lo que queda atrás también y de lo que resta al frente; eres lo acontecido, eres de sol a sol hoy y la posición próxima te pertenece dentro de la carrera como a todos, déjate presagiarlo, no reniegues lo que no puedes explicar, no dudes de lo que revives sin haberlo recordado, no puede ser de otra forma aunque no lo veas, ni lo sepas y sigas sin entender: al correr formas parte de forma de vida de mucho más que de millones de días.
viernes, mayo 7
Tu sombra es bastante más que la que proyectas, es lo peor de ti, siempre te sigue incluso, o más aún, en la oscuridad te es más visible esa sombra, hay más que lo que enseñas: lo que ocultas a cada quien, lo que encierras, callas, sepultas; el problema es tu sombra no la de los demás, quien reside en ti eres tú, cuando no culpes a los demás habrás de dejarte de juzgar, tu repulsiva sombra no es oscuridad, eres sombra, asimismo, de lo que intentas huir desde siempre eres tú, y significa de ti tanto como tus piernas, tu inteligencia, la carrera de huída no te aleja, te aproxima y te da, si integras la sombra, la fuerza de reconocerte de una vez, prepárate.
jueves, mayo 6
Crees que sabes quién eres, ¿quién? ¿tu profesión eres tú? eres mucho más, esfuérzate, sabes que necesitas una identidad, lucha para definir y crearla, no se logra sin esfuerzo, es más fácil tomar una identidad colectiva, madre, padre, ingeniero, abogada, y piensas y reaccionas y te comportas como esa identidad colectiva, te enlodas en ella, sin tanto valor, la verdad, y la idealizas, esa personalidad solo existe en la imaginación de todos, el maratón no te promete nada, ninguna lucidez o nada definitivo, no hay mentira, te ayuda a luchar por tu identidad, te da capacidad de sufrimiento, no es poco.
miércoles, mayo 5
Te niegas, sirve, te ayuda, tu cuerpo comienza ya a renegarte; para, te exige, ya basta, hay un diálogo de fuerza, te escuchas diciéndote: nada que hablar hasta el 32... y, luego ya veremos, no hay nada que pensar que no sea continuar, el sudor es la segunda piel, para siempre y bebe, para y mete los dedos en los botes de vaselina o con la palma haz un cuenco para que te viertan aceite y extiéndetelo donde sientas el más mínimo roce; alguien de los que mira se sorprende o ríe cuando te ve meter los dedos llenos de vaselina directamente a la entrepierna sin ocultarte, paras, los haces rápido y sigues; todavía no has hecho nada, no has llegado a ninguna parte.
martes, mayo 4
La experiencia de las largas carreras, a partir de las dos horas, te conecta con todo lo que hemos sido, acaso con lo que somos y no sabemos, con todo lo que existe o todo lo que no ha existido jamás o todavía, y sobre todo con aquello que quizás existirá o lo que existiría si tuviésemos el tiempo para vivir y dejáramos de confundirlo con huir o ausentarse, como parecemos obstinarnos o encapricharnos tanto, de normal estamos contaminados de voluntad de voluntad, déjala atrás, deja cada voluntad, siente como el maratón te fuerza de manera absoluta a sentir, sin remedio, tan directa como ineludible.
lunes, mayo 3
No intentes doblegar a toda costa la distancia del tiempo, no luches con cada metro, espera a entregarte a la corriente que te deja entrar en ella, cada kilómetro tomará forma uno tras otro; de la lucha con uno mismo o contra uno mismo a: soy uno simultáneo y complementario y opuesto y mostrado y oculto y simple y complejo no obstante sin discordancia, expandido te mantienes predispuesto a lo que es, eres, ya no más rendido a lo que deseamos que sea o que fuese: renuncia para llegar.
domingo, mayo 2
El maratón tiene un camino para cada corredor, es inútil intentar el de otro, se ha de seguir el propio porque lo contrario es oposición resistente repleta de desilusión, frustración y sufrimiento, innecesarios; no es fácil descubrir tu propia senda perdida, no tienes a mano una brújula adecuada, la seguridad, la constancia y la simplicidad ayudan a descifrarlo, intentar forzarlo no supondrá ningún atajo, confiar en otro no evitara retrasos, querer acelerarlo solo lo retasará, tiempo al tiempo sin la avaricia ni la soberbia ni la basura acumulada por la insensatez; lo ancestral colectivo de correr necesita el equilibrio para ser accesible y suceder.
sábado, mayo 1
Busca la simplicidad de la velocidad, la sencillez de correr, pospón lo demás, aprecia y siente la carrera, la meta está en esa evidencia no en la voluntad, desecha el deseo de llegar a ningún lugar, porque no parece haber meta final y corre sin más, está todo por alcanzar, sigue, sin forzar, tras tuyo fluirán los kilómetros, todos los necesarios, y más, sin enfrentarte a ellos ni a ti tampoco, humildad limpia de intención, sacrifica la distancia, no intentes conservarla, ni destruirla, déjala ir; y déjate llevar al paso siguiente, otra vez.