lunes, junio 21

Puedes recordar, pase el tiempo que pase cada sensación con minuciosidad, es lo que no olvidarás, los momentos exactos y el sonido de las lesiones, las huellas de las mejores carreras quedan talladas tras tuyo, los últimos metros, entonces es difícil separar la euforia del dolor, del placer, de cierto delirio... no corres contra nadie, ya no duele nada, no hay nada más ahí, el veneno se hace analgésico, todo ha pasado y descifrado, el misterio ha sido rebelado, el rito concluido, has sondeado tus entrañas, te has reconocido aun con tu sombra, te has sacrificado y vuelto a nacer, convivido constante con todas las dudas y salido casi indemne, vislumbrado tus límites físicos, mentales, emocionales, has barruntado lo opuesto y has fluido sin más, solo entre todos y tantos, has devorado sensaciones y descifrado la verdad que esconde el maratón ¿y ahora a dónde? ya no serás de ningún modo el mismo, un punto sin retorno ha sido quebrantado; el destino te ha cuidado lo suficiente para llevarte al umbral del aliento y excederlo, ahora llega el infinito segundo de cruzar meta, hay cosas que no se pueden contar, quienes corren un maratón saben...

y 195 mts. ↑

domingo, junio 20

Conforme vas recorriendo el último kilómetro vas ganando una delirante capacidad de concentración final, el entorno se te va desdibujando y solo va posándose en la mente una imagen mental obsesiva que te hace continuar, la realidad adquiere tintes borrosos o imaginarios o innecesarios, y ni sin perder la efectividad ni empeorar la percepción vas desmenuzando más lentamente los pensamientos, todo se va remezclando sin necesidad de tiempo, alcanzas posesión de un orden, no místico, no religioso, entre el yo interno y el externo, entre voluntad y cotidianeidad, una cierta forma de iluminación, que se evapora tan pronto como lo crees advertir, te ves mil veces cruzar la meta, con un aire bestial en los rostros nadie escucha a nadie de los que gritan y aplauden a los lados de la carretera; y tanto es el silencio que sientes, te es difícil de separar las sensaciones agradables de las insoportables, la descomposición del dolor es tal que parece lo normal a sentir, la euforia se amalgama con el placer... durante instantes ya no te duele nada, luego sientes mil desconsuelos más, el sudor como plomo sigue brotándote de los poros, el aire también está roto, rajado y te falta como una mutilación, indiferencia de las palabras anémicas, sientes solo sientes, borracho de cansancio y euforia y sin desaliento, sigues gritando life is bigger, it's bigger than you, and you are not me, cuando apenas tienes frente tuyo los últimos cientos de metros hacia delante, intenta no perder la línea recta, te dices, no corras ni un metro de más, levanta la vista, mira delante, mira donde vas, sigues repitiendo una y otra vez las frases de la canción aprendida de memoria para no atender el dolor, cada minuto extravías palabras tras tuyo, recuerdas menos de cada frase, life is bigger, it's bigger than you, crees que la repites mentalmente, ves la cara perpleja de quien te debe estar diciendo que ya estás acabando, averiguas que debes estar gritando, apenas el mismo estribillo una y otra vez, apenas una frase para protegerte de la monotonía del dolor, no lo sientes en ningún punto concreto de ti, sin más está el dolor, que te hace limitar la euforia, piensas despacio, sientes deprisa, has perdido la sensación del ritmo, no sabes como vas, intentar recupérate, piénsate, repasa donde estás, recapitula tu cuerpo, has dejado el pesado yo y solo corres, te dejas ir por tu intuición, corres con los ojos unas decenas de metros, recto, ligero y pesado, profundo y superficial, tranquilo y acelerado, dentro y fuera, ligero de pronto y golpe, orden sin causa, sin conciencia de movimiento o demasiado ligero, si no para ir más rápido sí más veloz, life is bigger, it's bigger, sabes incluso contenerte cuando te sientes ligero y eufórico, estás dentro del frío, bajo la lluvia, con calor, dentro del sudor, dispuesto a entender y no malgastar nada, cuando vas ágil o pesado o lento o aterido, dios quiso ser humano para tener conciencia, lo oscura necesita la luz; y saltan las alarmas, todas las que tu cuerpo aun sostiene, estás parado, creías correr y te has (re)encontrado parado mirando el cielo en mitad de la calle, uno te ha rebasado y te ha mirado incrédulo, ha sido esa mirada la que te ha sacudido de ningún lugar al que te habías ido, vuelves de ninguna parte, despierta te pides, life is bigger, nada ha acabado aún, sabes que si te confías el maratón puede humillarte, incluso aquí, a estas alturas, si ocurre sabes que nada va a dejar de hacerte llegar, aunque sea a rastras, no hay muro, no hay barrancos, ves la calle y al final sabes que está la meta, ahora disfruta, recupérate, reconócete, zancadas pausadas, corriendo despacio, con pasos cuidadosos, si no estuvieses tan agotado sentirías que se estuviese acabando, tal es el placer de correr esos metros, envuelto en el silencio y en tu propia euforia, aterido por dolores imprecisos, poseído de una sutil felicidad que solo te hace reflejar paulatinamente una sonrisa hincada en los labios, no, no es el momento de excesos, de ni uno solo, consérvate, ahórrate, no te confíes aún queda distancia, si has llegado hasta aquí, no pares, no aceleres, no estropees, simplemente sigue, nada más, sigue, no dudes, todo marcha bien, recupérate, siente las piernas, las siento te dices, siente los brazos, los tengo te afirmas, respira profundo, puedo respirar constatas, siente los latidos, los siento, mira alrededor, veo, escupe, escupo, sonríe, me siento bien, sigue, puedo seguir, piensa, puedo pensar en quienes necesito, continua, nada me detiene, ve, veo todo lo que no veía, disfruta, nunca antes nada igual ni similar, mira adelante, estoy cerca, entiendes que el maratón no decide por ti, estás satisfecho con el curso de la carrera, no te ha descubierto nada que no esté en ti, no decide por ti, todo habría sido distinto con un solo paso distinto, sin el primer paso, sin el primer paso de hace veinte años, pero todo parece tener una necesidad que no tiene para ser como es realmente, ya que todo ha ocurrido por que tú eres tú, acepta tus estupideces, pero sin ellas no serías quien ahora eres, estás desengañado y no, feliz y no, sobrecogido y no, tranquilo y no, apesadumbrado, inflamable, desalentado, satisfecho, exaltado, todo al mismo tiempo, nada por si solo, sentido y sinsentido albergan las mismas posibilidades, solo deseas que esa batalle se incline definitivamente por el sentido, sonríes, el maratón solo genera lo peor y lo mejor de ti, ya eres un elegido, te ha elegido a ti, lo sabes, sientes al fin la obligación extrema de convertirte en quien realmente eres; META ahí.

Km. 42 ↑

sábado, junio 19

... o eso crees de ti o eso esperas de la carrera, no, no es tan importante el número de certezas, y mucho menos de las creencias exactas, la nada es gemela a pretender todo, saber parar, en el escudo del internado se leía servir para servir, vil por vil, cuanto tiempo desperdigado y desperdiciado para nada, entre idiotas marciales, sin dudas, sobrevivir es saber salir de la lógica infernal de los cerebros más miserables, lo obligado es intuir algo más cuando eres parte del laberinto, cada vez que te sitúas en una salida es una victoria, la bravura te dice que no hay como resistir en el límite y no has dejado de repetírtelo, lo remachas hasta que no significa nada, es la materia inorgánica de las emociones, el elemento objetivo del pensamiento, de un sueño que siempre se olvida, cuando Bikila ganó el maratón de Tokio en 1964 medio millón de personas siguieron la carrera en la calle, la estela de Bikila la siguió el japonés Koukichi Tsuburaya, en el estadio entró segundo, en la última curva le adelantó Basil Heatley que sostuvo una ventaja hasta meta, de tres segundos, delante de 75.000 japoneses la humillación fue infinita para Tsuburaya, nunca pudo reparar esa vergüenza, se lesionó el tendón de Aquiles y tampoco se recuperó y no volvió, cuatro años después se suicidó con el ritual del harakiri, su despedida fue: ya no puedo seguir corriendo... te trae desde lejos la traza de una mujer que crees ver o conocer o reconocer cuando durante unos segundos al otro lado de la ventana de un coche o de un autobús o andando, la ves y no la ves y desaparece para nunca más, de nuevo el mapa de cualquier posibilidad de la conciencia está en ti, ves lo que te falta todo delante, ante ti sin rescate ni arranque, insólita conciencia ya no intermitente, sigues, sucederse, ahora no hay ya muro ni estorbo ni rémora ni cansancio que te paralice, solo si te rompes una pierna dejarás de llegar, no dices nada, no silabeas palabra, no quieres tentar ni a la suerte ni al destino ni al cielo ni al infierno, solo lo piensas y con prudencia, te escuchas lo que silencias, miras y ves por fin, el resto solo es tiempo de ceniza, sigues contra los anchos metros de acero, ya no hay miedo del miedo, ya no puedes huir de la meta, el amor se origina en los ojos, el odio en la boca, el soplo de dios se cierne sobre la superficie de lo que murmuras con cautela, tocas las ausencias, saboreas sus pechos besados, desde las aceras grita un loco suelto y desatendido batiendo los brazos contra todo, una niña mece sus piernas en el aire sentada sobre un banco, un perro tensa la correa y la mano le sigue y le persigue, el mar no deja de golpear las costas, no se va nunca siempre viene, crees recordar algo que no sabes si tiene importancia, es como si estuvieses en dos sitios al mismo tiempo, dentro y fuera de ti, el calor esculpe tu rostro, un reloj en la acera marca una hora que no entiendes, te das cuenta de que has olvidado mirar el tuyo, no tienes exceso de fuerzas ni para levantar el brazo, ni ladear la cabeza y ni bajar la mirada al mismo tiempo, cada mínimo bache en el asfalto parece una trampa o un agujero con estacas en su interior, esquivas torpe como si fuesen grandes obstáculos una botella de plástico tirada o a quienes han dejado de correr y andan o esperan a recuperar la respiración, ya nadie para poder rendirse a pesar de que todo sea óptimo para no dudarlo, solo la distancia ha dejado de ser inmensa, lo demás solo empeora o no cambia, alguna cosa parece tener relación con otra, se hacen nudos con materiales inesperados, como si algo imprevisto, o no, se confirmase, percibes un pequeño temblor en las piernas, quizás es un calambre, voces innecesarias sientes que te acosan con sus buenas intenciones, empalagan enormemente, las venas hinchadas en el cuello palpitan con golpes, los escuchas con aprensión, no son certezas lo que te persiguen, todos tenemos algo en la memoria que no podemos dejar de aborrecer, cúrate sin mirar y sin tocarte, dilucidar lo inexplicable a veces es tan sencillo como desobturar un tapón en los oídos, es humano odiar a quienes nos han ayudado, aunque las palabras sean tuyas y salgan de tu garganta y les den forma tus labios no las reconoces como tuyas, confiésatelo estás a punto de rendirte y solo el hacer de tripas corazón te hace persistir en el sinsentido, las calles comienzan a habitarse de cosas que no veías, que no necesitas a menos que sea para que puedan darte algún resguardo, hasta las sombras están ardiendo, calle arriba, cada zancada tiene un nombre sofocante, las grietas de la calle supuran asfalto candente, como si la tierra lo vomitase, un pequeño salto para evitar que se te adhiera a la planta de la zapatilla, solo dos o tres centímetros puedes saltar, intentas escupir la sequedad, no sabes porqué esa necesidad común de escupir, la saliva no es saliva es material volcánico y hay que sacarlo, el sudor ya no son gotas, las fosas nasales parecen cegarse por el calor, abres la boca para inhalar llamas, ruidos extraños y nuevos desde tu cuerpo, mirando más allá de lo que ves, el camino se ramifica infinitamente y cierras los ojos para no elegir, te lleva tu instinto, corriendo incorporas el mundo físico en tu cuerpo, el sudor se mete en los ojos, hasta las tentaciones se han quedado atrás, ahora, sí, lo que falta es lo que no conoces, piensas que no puedes imaginar las siguientes horas tras finalizar, la única certeza del deseo piensas en dejar de correr, en una bañera de agua fría, en unas sábanas frescas, en una habitación en penumbra y dormir, dormir días enteros.

Km. 41 ↑

viernes, junio 18

Renace en ti el corredor, es el segundo aliento, tienes la certeza de terminar ya, ya no escuchas nada pero sientes que tienes fuerzas propias de los primeros kilómetros como si ya no te costará tanto respirar, ni pesaran las piernas como vigas, ya no sientes el frío, los músculos se han descerrojado, la saliva no la escupes ya con palabras quemadas, los ojos ya no están parados desde hace demasiado, has asumido la finitud de la carrera, atrás han quedado los doblados sobre sí, la mitad superior de tu cuerpo la sientes rígida pero reverdecida, solo las piernas parecen poder soportar cualquier nueva amenaza, has vaciado el cuerpo de maldiciones, de rezos sordos, de vómitos, la pasión te llega al rostro con una sonrisa y sientes que cada uno podéis llevar ahora el peso del mundo, no lo saben quizás pero lo llevan, sí lo sientes en medio del desafío que estás a punto de vencer, brota la inteligencia profunda de nuestro cuerpo, avanzas sin resistencia, solo corres, es puro placer de correr por correr, solo, ligero de pronto y golpe, sin conciencia de tiempo ni distancia que ya nada importa, son segundos o minutos mágicos, imposibles de nombrar sin que desaparezcan, cuando abandonas la voluntad como valor único si no escarbas encuentras, no busques y te hallarás, no esperes, no quieras, no entiendas, fluye, la levedad es el síntoma, corres y quizás sabes algo más... instinto, pura memoria, para llenarte vacíate, correr por correr, mucho más de los 40.000 golpes contra el suelo, no es posible acercarte simplemente déjate alcanzar, no hay entidad material que asir, solo se revela el sentido si eres, accede a tu conciencia y e intenta sentir la alteración en el modo de percibir durante unos minutos, es carga eléctrica de un sentido sagrado, restaurador, equilibrante, tu historia personal secreta, intersección de lo consciente e inconsciente, se abren paso partes de contenidos inconscientes hacia la conciencia y lo experimentas de forma extrema, exagerada, hay quien grita, llora, acelera, al mismo tiempo te fluye la fuerza, impelido hacia el próximo kilómetro, y la adviertes en cada metro, introversión y extroversión simultáneas, sensaciones, pensamientos, sentimientos e intuiciones; y la sombra sigue ahí contigo, depreciada u oculta pero sin menos intensidad con tanta luz, inadaptada a tu nuevo ritmo, a la euforia, agazapada, haciendo frente, te revitaliza si la asumes como parte inseparable de ti, no solo eres el que llega también el que podría no llegar, el que quedó atrás, el que nunca salió, el último y el primero, ahora es más simple, solo corres contra ti, es el maratón unipersonal, tú y tú sin garantías, hay experiencias a las que te ciegas, porque no las entiendes las rechazas, porque no son lógicas las ves falsas, pierdes la capacidad de sentir progresivamente a la de voluntad de ordenar, voluntad de voluntad, rodeas el puente que une los opuestos, lo evitas para no arriesgar a no entender, lo peor y lo mejor de ti, como del nosotros, no superas la prueba del efecto y la causa, no puedes aceptar que lo peor, como tu sombra que te acosa incansable, es lo mismo, también eres tú, ya sabes que no es solo la voluntad la que te ha llevado ahí también su ausencia, te asusta la idea de transformarte y no reconocerte, no importa, donde has llegado no tiene olvido ni retroceso ni un paso anterior, eres púber y vetusto, erudito y necio, débil y fuerte, lento y rápido, obvio e imprevisto, desciendes y asciendes, tierra y cielo, fuego y agua, etéreo y pesado, conocido e inescrutable, virtud y vicio, exaltación y depresión, todo lo que has hecho te da la ventaja de comprender lo que te ocurre, cuando el tiempo y la distancia recorrida no importan eres más, el continuo espacio temporal alcanzado por la extenuación es tu nueva conciencia, has sobrepasado un umbral, no te extrañes, no hay dos instantes iguales, no te intentes explicar porqué correr y seguir es la causa de correr y seguir... actúa sin inmovilizarte, crece sin dominarte, crea sin tenerte, entra sin intervenirte, ve sin limpiarte, comprende sin dispersarte, protégete sin huir, la clave esta en tu historia, no hay sanación sin historia asumida como propia, así recuperarás la simplicidad, sin hacer nada, y sin dejar de hacer nada a través tuyo la carrera te ha dado historia, te ha reconciliado contigo, con lo más simple de ti, con lo más sencillo, también con lo infame, con tu sombra, con lo más odiado por ti, cuando lo más profundo es lo más simple, lo que siempre has sabido y que ahora tienes la fuerza de reconocerte, déjate ir, sigue, persiste sin voluntad, está bien que te haya abandonado, era necesario, cuando no hay deseo más cosas están en paz dentro y fuera, es la enorme complejidad de ser sencillo, pasas los años, el tiempo, incrementando la complejidad de tu vida hasta hacerla irracional, no descartes nada, todo tiene sentido, no hay casualidad vacía, todo está sincronizado, es la sencillez de la acausalidad, una coincidencia no es una coincidencia, un paso solo es más que un paso solo, una mirada más que una mirada encontrada ya que todo el mundo ha tenido que girar para llegar a ese momento preciso que no es puede ser casual, significa algo que has dejado de ser capaz de interpretar, no es fácil salir del eje de la razón para desaprender tanto, para recordar lo que llevas dentro desde hace miles de años, tienes lo remoto y lo misterioso oculto, corre el riesgo cuanto antes, ni es fácil ni te dejará inmune, el maratón es solo parte de tu camino en el que tienes que dejar de poner la inútil resistencia con tanta insistencia y frustración innecesaria; vacía tu mente de lo que deseas y aborreces, continua sin pensar en la lucha, déjate ir, entrégate a la carrera, siempre el mismo y persistente, siente, actúa, entiende, ve, corre sin esfuerzo.

Km. 40 ↑

jueves, junio 17

Al ver el nuevo kilómetro vencido recuperas una cierta euforia que alimenta los músculos inesperadamente pero durante unos segundos no recuerdas tu nombre, te ves en aquella salida, rodeado de cuerpos, la meta ya se antoja menos oscura que las sombras, te ves saltar en el lugar sobre las punteras de los pies, un apoyo simple, el cuerpo no te reconoce, desconfías de tus sensaciones algo menos que hace unos minutos, hace ¿cuánto? veinte años, dos semanas antes de ser mayor de edad, por lo menos, el día anterior a la carrera que va a cambiar el resto de tu vida, al menos a tomar otra dirección de un espigado, flaco, melenudo adolescente, con el rostro oscurecido por el sol y el aire, con ojos sin miedos, sin fijeza ni destino, todo sentido por hacer, saliste a cien kilómetros de tu casa para correr como capitán del equipo, una carrera de la que no has dicho palabra desde entonces y que no olvidarás nunca, para todos era un simple juego juvenil: correr, a nadie le parecía mal ni le llamaba la atención, creciendo deprisa, había meses en los que cambiabas de número de pie antes de gastar las zapatillas lo suficiente para poder tirarlas sin mala conciencia, en aquel momento en la línea de salida mirabas al frente con las dudas que acababan de aparecer tras el calentamiento, de alguna forma imprecisa asumías sin excusas la equivocación del día anterior; cuando el juez de salida levantó el megáfono todos tus músculos se tensaron y abriste los brazos para ganar sitio en la primera fila, quizás solo eran malas sensaciones, nada más, reflejo de corredor ganador, la voz del megáfono aulló un PREPARADOS que te pareció una pregunta, malintencionada, sentiste como los músculos de las piernas acumulaban de golpe un cansancio infinito, en esa reacción reconociste tu propio miedo, el día anterior entrenando te habías sentido pletórico, hoy durante el calentamiento las piernas extrañas o ajenas parecían contrapesar tu voluntad, ahora ya era tarde, no había nada más que hacer, sólo salir rápido y llegar a las primeras posiciones para evitar codazos y caídas, volvió el megáfono con el grito de LISTOS, miraste a tu lado, todos con los ojos puestos en un mismo punto indefinido del suelo frente a vosotros, solos, como tú, a poco más de 21 kilómetros y con el único recurso de cuerpo y fortaleza, de reojo buscaste a tus compañeros de equipo, adivinados entre la primera y la segunda fila, tu estrategia habitual pegarte a uno de ellos, al más rápido que tirara de ti en los primeros cinco kilómetros, luego pasarle y seguir con algún otro hasta el kilómetro quince, de allí en adelante al dejarle atrás, estarías solo, el juez gritó YA, todos un único cuerpo con una única voluntad durante los primeros metros: ganar sitio delante, todos los brazos, cada codo un martillo sobre otros cuerpos, notaste como te querían agarrar la camiseta y como algo se rasgaba a tu espalda, en los primeros cien metros ya no tenías saliva, el corazón palpitaba fuerte en tus tímpanos al dar la primera curva, doscientos metros y todo según lo previsto, entre los cinco primeros en la segunda curva antes de salir fuera del estadio, uno de tus compañeros pasó delante rabiándote un vámonos, se unieron cinco más, todos enemigos familiares, todos mirando de frente a la carrera, sin ver a los demás, atentos a cualquier movimiento que pudiese significar un reto, en el kilómetro cinco las piernas se te vaciaron, sentiste el cuerpo tan pesado como hueco, y viste como te descolgabas del grupo con ansiedad, uno te miró con perplejidad, ¿qué te pasa? no te quedes, tu contestación fue bajar la mirada al suelo, rindiéndote, debieron presentirlo los del grupo porque uno pegó un tirón y como una única mente reaccionaron todos, te dejaron empotrado, deslizándote irremisiblemente por una pendiente que te llevaba de nuevo hacia el punto exacto de la salida; kilómetro diez: solo, tan extraño y extraviado que nadie llevaba tu ritmo, incapaz de agarrarte a la estela de nadie, la realidad que veías se había vuelto cóncava, el tiempo derramado, cada paso dejaba el rastro de la cáscara de tus fuerzas, una voluntad bastarda a la evidencia de los músculos vacíos, asediado por la nimiedad, el colmo del desastre fue que conforme te ibas acercando a metas te sentías menos cansado, una carrera plana invertida, dosificada al revés, sin estrategia, ni tan siquiera habías roto a sudar, los miembros momificados, tu ansia corrupta, las fuerzas seccionadas, la mente descomponiéndose, entonces la certeza, te habías equivocado y te preguntaste en qué lugar de la carrera estarías en ese momento de no haber salido a entrenar el día anterior, una cuestión tan importante como inútil, te sentías la síntesis del error y de la anemia, tenacidad herrumbrada, la perseverancia nimia, la constancia resignada, tentaciones de abandono en vorágine, buscabas una voz, un empuje que te purgara de ese sabotaje, te menospreciabas y compadecías al mismo tiempo, todo, tanto, para nada, dentro de la escenografía del disparate que habías provocado no podías rendirte hubiese sido demasiado, el orgullo te hacía enfrentarte sin vergüenza al ridículo en el peor instante del día más equivocado e innecesario, veías con insultante lucidez como los más agónicos y algunos de los débiles te superaban sin reconocerte ni prestarte atención, eran aquellos que llegaban habitualmente cuando tú ya estabas desnudo en las duchas, ni la rabia te desclavaba del suelo, al cruzar la meta encontraste el rostro inconcebible de tu entrenador; y no necesitaste saber más, no habría otra oportunidad, no la hay cuando se llega el cincuenta y uno; justo el día, ese día, el día, con precisión: el error; cada instante altera el transcurso de la vida, la insoportabilidad no viene de las grandes preguntas sino del no tener respuestas a las más simples, cada meta tiene una respuesta que si te equivocas se silencia para siempre, sea la que sea hay que tenerla para que el qué hubiese pasado si… no almacene infinitamente esa oquedad del cansancio y del silencio sin respuesta; que no lo olvide jamás, te escuchaste decir.

Km. 39 ↑

miércoles, junio 16

La ciudad parece alejarse de cada uno abriéndose las calles como mares, la decepción te amenaza, esperas su llamada absurda, sobreponte, rebota de tu mente todas las señales de dolor y ruegos de abandono, prepara una frase y repítetelo hasta que no signifique nada y sigue repitiéndola para que te lleve lejos absorto de ti, la ciudad se lava de los ojos, causa el movimiento que sacuda tu cabeza que sacuda tus brazos que sacudan las manos al aire para espantar el fantasma amortiguado de que abandones, sacude las piernas, vacía por las piernas toda sensación ajena, negativa, derrotista, entraran en el asfalto y no volverán no recojas el miedo de nadie que haya pasado ya por esos metros, sobre el asfalto quedan los restos de cansancio, esquiva a los que van lentos y adelantas, nada podrá lastimarte, pesas menos, estás más vacío, y a menos que así lo desees sabrás que no, no, hay respuestas que no se pueden ni se deben querer entender, tras cerca de cuatro horas corriendo, sin cesar de sudar, con el sol vertical te preguntas cómo es posible sentir en todo el cuerpo tanto frío, de la nada no debería salir nada ¿qué significa ese frío? ¿para qué sirve nada sino es para mirar la verdad cara a cara? los pensamientos están camino de estar tan vacíos como llenos de ti, te estremeces cuando sientes ese frío y los ojos llenos de fuego, el calor parece escupirte el rostro y pararte los pies, pareces sereno exteriormente, no sentir el latido del corazón o sentirlo muy fuerte depende de donde estés cerebralmente mientras continuas, sientes nueva fuerza, será la falta de distancia inalcanzable, ya no dudas de que vayas a llegar, lo único que desconoces es qué te espera aún, este frío es espantoso, el maratón te puede humillar, no lo olvidas, la sangre como detenida, los miembros casi rígidos, los labios secos y ardientes, sientes nueva fuerza, es el segundo aliento, crees encontrarlo pero no tiene la evidencia del muro, nadas entre todos, vuelves a respirar, sientes como tuyas las piernas, es como si te reconciliases con tu cuerpo, nacer es un proceso permanente, la decisión es siempre más simple de lo que crees, solo tienes dos opciones, retroceder o seguir avanzando, el miedo genera la sensación de no vivir, lo importante no es ser feliz es seguir vivo, continua, está seguro de estar vivo, más seguro de lo habitual, unes tu carne a tu voluntad como jamás antes, tengo que beber, el maratón es una terapia excesiva contra la inflación del yo, te devuelve simpleza sin disminuir autoestima, hay lucha para renacer, colloquim cum suo angelo bono, no cambies ahora el ritmo aunque te sientas bien, ya no quedan alternativas ni estrategia, correr por correr, seguir por seguir, luchar por luchar, llegar por llegar, evolucionar es progresar, el trazo necesario lo es en el momento en que se hace entre dos momentos redundantes, entumecimiento y agitación, sabes que al menos no puede durar eternamente, que hay un fin, ni para la quietud lo hay, buscas tu puesto correcto dentro de la carrera, vigor en ti, estás en ello, olvídate del alcance vasto, resérvate, reconstrúyete en tu interior, la constancia es el constituyente, la unión, repasa tu cuerpo para saber qué no va bien, es importante comprender qué es lo auténtico entre tanto maraña ruidosa, no escuchas, no ves y de pronto una arremetida innecesaria puede clavarte en el siguiente metro, deja que tu mente entre en tu mente, reconoce tus propios prejuicios, cuando lo consigas, no sentirás nada, los efectos tardan en hacer su influjo, se retardan cuando los esperas, ahora debes evitar dos errores, el acelerar y el detenerte, la euforia y la entrega, no cierres los oídos, estás cambiando de piel, si aceleras te quedarás en carne viva, si frenas se te enquistará cada minuto, la sombra es un ancla que jarrea, a lo largo de la subida, tras ti, a los lados la gente vuelve a gritaros, no les oyes, les ves mover los labios y gesticular rostros y manos, es una solidaridad furtiva, sigues espada en mano, dientes apretados, no corras a la fuerza, limítate, si te excedes y miras a los demás verás en sus rostros tu equivocación, no es momento de ser duro contigo ni de caer en una blanda dejadez, si lo que hay en tu mente y el siguiente paso no son lo mismo de nada te sirve, solo para continuar, no se le puede ordenar al mar que no siga a la luna, no te compadezcas no hay remedio, todo tú tienes que confiar en ti, pierdes los peores recuerdos, se desvanecen, lo que resta es lo que merece la pena, vivir este aislamiento en este desierto no provoca preocupación, es lo que facilita seguir, ¿qué tipo de victoria al borde de la extenuación es esta? es el camino de la desvinculación de ti con lo que al fin y al cabo has perdido, la antigua articulación, son restos, irreconocibles e inservibles, materiales sobrantes de tus yo sucedidos o vencidos o remotos, apaga la llama y después apaga su llama, esta contienda no la puedes batallar con armas indebidas, es un alimento sin uso, una traslación sin término, un valor sin cambio, es propicio tener a dónde ir siempre, ve más para llenar el tiempo, el fuego del tiempo, que vas calcinando distancia, minutos a minuto, calcinas músculos, lo que haces es una lesión en sí, incendias las articulaciones, salta el brío fuera de ti, sonrisas, zancada y braceo, zancada y braceo, acortas sin querer la distancia de la mirada que acaba por los suelos, solo te brilla en los ojos el delirio por resistir, por no abandonar, las palabras se ocultan o se ahorran, no se llaman ni significan nada, no tienen, no es, su momento, no reniegas de poder correr sobre el fuego, no salgas de este bosque, date ánimo, ante cada situación importante es necesario conocer la necesidad de actuar, serenidad, estar solo, rebasa la distancia, lucha por luchar, corre por correr, juega por jugar, alcánzate y reconócete como tu mejor obra.

Km. 38 ↑

martes, junio 15

Entre la tercera y la cuarta hora sientes cesar los sentidos, los dolores no son, es, uno solo, como un ría que se adentra en el cuerpo, todos sois seres sudantes y cada vez más inverosímiles, ya no hay hombres y mujeres la distancia os iguala, el sentido de la distancia es irrelevante, el tiempo pierde su duración su noción se trastorna y el domingo ya no es domingo, sientes una orden cercana y directa: no dejes de correr incluso cuando no quieras hacerlo más, miras a un lado, para saber quien habla, eres tú diciéndote de nuevo, no, no hablamos más, piensa lo que quieras, pero no pares, sigue, no pareces escuchar con los oídos sino con la mirada remotamente, ¿qué sentidos permanecen activos? te preguntas, cuando te notas descarriado en el tiempo, la capacidad de ordenar los sucesos se ralentiza, la voluntad intermitente también la conciencia, estableciendo un pasado, un presente y un futuro en el mismo metro, en el mismo segundo orgánico y viscoso, parte de esta secuencia la ves como si no fuese tuya cuando parece suceder algo, entonces escuchas el claxon prolongado e irritado de un coche bloqueado por la carrera, la ira resbala por su cara de insólita parálisis, todo sigue igual: excesivo calor, no, peor, más calor que no escampa, más agotado, al menos, más cerca de meta, te alegra, una buena sensación, incluso te anima, tiempo vivido de oportunidad, es ocasión de hacer lo que es necesario a su tiempo, ahora no es tiempo de rendirse, no tengo tiempo para detenerme, te dices, ese largo espacio de tiempo de los actos sucesivos en que se divide la ejecución y cada golpe que a pie firme ejecuta el tirador para hacer diana, es, te afirmas, cada una de las divisiones de la conjugación del instante o del período, lo significado por el verbo, reverberación de un dolor que se ejecuta o sucede, correr un tiempo que no se agarra, sigue, aguantar un tiempo, cada fase de un motor de explosión; y cada una de las partes de igual duración en que se divide el compás de la zancada presente que das al siguiente metro, pretérito perfecto simple, pretérito perfecto compuesto, futuro e imperativo, suspensión temporal para poder seguir corriendo, solicitas un lapso, negado, que transcurre entre un estímulo y su respuesta, no dejes de beber, es tiempo que se interpone entre tú y tú si sobrepasas un suceso de largo y otro y te acuerdas a tiempo, en el momento oportuno, tan pronto como acabes salta de ti y recupera la inmovilidad, cuando todavía no sea tarde, la sombra se espesa y te arrastra y hunde en el asfalto, las rodillas parecen soldarse chirriar, es el abrazo del tautaje de ausencias ¿qué si los echaré de menos? lo sé sin responder lo que digas da igual, lo que callas es lo que importa no decir de infinitud de cosas y ahora lo entiendes, ahora que no vale para nada, será lo mejor del valor, que sea para nada, una queja interpuesta entre el deseo y la incapacidad, simultáneamente todos allí, a un tiempo, a la vez o con unión entre varias frases demasiado tempranas, no por hablar más ni antes ni con desahogo y a destiempo perdido, sin apremiar adviertes el tiempo que te (y nos) empuja a morir, levantar la mano de sus pechos o esperar u olvidar o a ver si el tiempo lo resuelve, y lo hace, lo acaba por hacer siempre, desde siempre, hasta siempre, desde todo el tiempo ficticio atrás y vas dejando pasar un espacio de tiempo solar entre una y otra zancada, a tiempo lo haces, tiempo que se mide en millones de años y esperas que el propio tiempo muerto, se hunda y vayan pasando los kilómetros para matar el tiempo, simple, a ella le faltó tiempo para contarme lo que debía haber callado, tiempo de pasión, se aprovechó del momento para no dejar de hacer a destiempo lo que debería haber ocultado, el presente también te dentellea, abriéndote los ojos del personaje por mucha desconfianza que te prepares, es como en el amor siempre te equivocas, actúas y piensa, piensa o actúa, no decidimos, nos arrastra, aunque no siempre estemos dispuestos a hacerlo, necesitas el obstáculo, juego siniestro, experiencia de fracaso garantizada, no se nota y que no ocupa y duele igual, como cualquier tropiezo y fractura, amores sin despacios, sin control de dosis, con el desasosiego asegurado de antemano, si quieres algo no lo busques deja que te alcancé, te encontrará cuando estés desprevenido y hayas dejado de esperar que vuelva y será otra y siempre ella, la misma, sino sigue huyendo no dejes de hacerlo hasta no llegar a ninguna parte, hay trecho sin pausas, huye ahora mismo de ti, sálvate una vez que has visto una salida de ti, no tengas miedo a cambiar, se necesita más valor para cambiar que para seguir mal, no, no vale la pena intentar aprovechar, es correr por correr, tiempo en vano, como blasfemar intempestivamente ahí en medio de este momento, que solo valdrá de algo si fuese en otro tiempo, verdadero, tiempo uniforme crudo sin tiempo de fortuna, agarrándote a tiempo para que no te falte, sin que te gane, un vientecito nuevo te pasa y lo bebes sin malgastarlo, sin asegurarte tiempo material ni lapso de él hacia la noche de los tiempos y después de mucho tiempo, seguir al mismo paso a idéntico tiempo, dándole tiempo al tiempo sin gastar, te lamentas tanto tiempo para nada, sin matar ni el tiempo, por tiempos derrochados, sin tener ni pasar ni dejar de serenarte a tiempo para levantar la vista de nuevo cara al viento que no hay, que no llega, que no llena los pulmones ni el resuello, que te quema la cara por enfrentarte al tiempo sin miedo y sobre todo sin el suficiente aliento, no estás seguro, pero has creído presentirte sonreír, ahí estaba parte de lo que buscabas, sonreírte al conocer el palpitante y estruendoso silencio del maratón.

Km. 37 ↑

lunes, junio 14

Emergen las otras víctimas del 11-M, son los supervivientes ensordecidos o con los tímpanos reventados, amputados, tuertos, inmóviles, descosidos, tristes y desconcertados y vivos; son los insomnes acosados por las pesadillas que prefieren no cerrar los ojos para no ver tanto, los que por la noche encuentran sentados en sus habitaciones frente a frente a los que murieron y lloran frente a ellos sin alivios, son los que por extraño que parezca sufren porque les hacen ellos sentirse culpables por haber sobrevivido, los hastiados de que les digan que tuvieron suerte, ¡suerte los que estaban en la cama o a más de un kilómetro! y no allí donde y cuando reventaron los trenes y vieron lo que vieron y les calló encima todo también y no olvidarán nunca ni uno de los fragmentos del tiempo, sí esos segundos del tiempo se les han adherido a la piel como cicatrices, sí invisibles pero costurones que no cicatrizarán, sí los que acarrearán el horror grabado como un tatuaje durante el resto de sus horas de vida, sí los que no tendrán un solo día el resto de sus días sin repetir ese día, que no enseñan pero sienten el tatuaje del dolor, de las ausencias, del desvelo, son las otras víctimas y no son menos víctimas, sí cargan además con estar vivos y tener esa suerte, del azar de no haber estado sentado más cerca, son las víctimas que ya no son noticia, que ni siquiera lo han sido, son víctimas depreciadas para la sociedad que explotó la solidaridad, de los que recaudan con la mejor voluntad y de lo que lo hacen con la mayor codicia, son a quienes nada les llega y si les alcanza luego y tarde es una solidaridad diferida y llegará, porque llegará, el momento en que se experimenten como una molestia para la mayoría que les recordará una pregunta que nadie pronuncia ¿de qué se quejan si al menos están vivos? ahora les marca de cerca la incompetencia administrativa, de ventanilla en ventanilla, de pregunta en pregunta, papeles de papeles, les ponen de interlocutores contestadores automáticos, les multiplican los paseos innecesarios, les hacen jugar macabramente a dar palos de ciego a una piñata esquiva o absurda, desorientados en nuevos laberintos inesperados, desperdiciando horas y días en salas de espera de las consultas, en más curas, en más operaciones, con más cicatrices ¿de qué se quejan si están vivos? como si tuviesen que estar agradecidos, se olvidan que son como edificios dañados sin apuntalar pueden venirse abajo, como si sobrevivir fuese el gran premio, la última casilla de un juego que no juegan: sigues vivo, como si no tuviesen memoria y tuviesen que ser felices con sus amputaciones ellos y los suyos, que aun sin heridas las sienten suyas, sus heridas, sus marcas y no, no deben querer estar agradecidos pero ¿a qué? ¿de qué? ¿porqué? están solos frente a una solidaridad tullida de una sociedad que les sermonea que estén contentos; ahora con las sombras del tiempo las empresas, las instituciones a racanear en los trámites, avarician más y más pruebas, y se sienten peones laterales, ellos y los padres que cuidan de hijos e hijas, los hijos que cuidan de los padres y madres; una familia en total extraña la de las víctimas, sin lazos, que suman la perplejidad de unos y otros y todos, en el dorsal llevas un lazo negro y sabes qué pensareis en los muertos cuando corraís cerca de Atocha rozando ya el kilómetro cuarenta y dos, pero también piensas en los que sobrevivieron, en los que están solos con sus recuerdos rodeados de gente que les compadece, y no saben qué hacer ni dónde ir desde ningún lugar cuando lloran solos reviviendo cada minuto de aquel día en aquella hora de ese preciso minuto y todo lo que les ha caído desde entonces, empujados a ser el recuerdo visible y desagradable de una guerra que todos odian, de un recuerdo que se preferiría no tener, como los veteranos rechazados de las guerras perdidas, nadie mejor que ellos sabe que lo peor de todo es que no, que no, están durmiendo y tarde o temprano tendrían que despertar, la sensación de pesadilla no es una metáfora.

domingo, junio 13

Sabes como los días de entrenamientos largos, los de dos horas, o más, acabas por poder ir o llegar muy lejos corriendo, incluso acercarte a los límites, uno de esos días acabas por llegar hasta bordear uno de esos paisajes imaginarios pero reales de los que sólo se tiene noticia de su existencia de forma intermediada por los medios de comunicación, barrios marginales, zonas de prostitución, lugares de peregrinación, de toxicómanos, a las pocas horas, tras amanecer, con el sol completada ya su circunferencia, desde el horizonte la luz cae plana, blanca y cegadora; y las sombras que proyectan los cuerpos de los toxicómanos, que se mueven con lentitud, aterida, son tan largas que pareciesen querer huir de sus cuerpos, te dices, sobre un montículo de escombros con los pantalones bajados ves un hombre que parece buscarse la vena en el muslo o en la ingle, el paisaje es un bodegón, de residuos urbanos, centenares de bolsas de plástico, esparcidas y llevadas y traídas por el viento, por la explanada se acumulan cadáveres abandonados de automóviles, tiendas de campañas desperdigadas, sin concierto, oxidados bidones metálicos, húmedas cajas de cartón, cualquier cosa o lugar parece servir para esconderse de la oscuridad, sabes que hay quienes duermen y viven en las alcantarillas, allí donde van a parar los residuos de las pocas y penosas casas, oyes gritos de niños, parecen correr desnudos en el exterior de las casas, donde viven los traficantes y a cuya puerta hay furgonetas y automóviles de lujo, contra el día aparecen las siluetas que se dirigen hacia el mismo punto, de abastecimiento, y quizás de tanto repetirlo parezca un tópico, esa geografía acaba por no significar nada para nadie, son las primeras dosis del día, la ciudad tiene capacidad para soportarlas cada día, todas, todos.

Km. 36 ↑

sábado, junio 12

Algo te hace detenerte sin excusa, te ves quieto, perplejo y recto en medio de la calle, entonces te quedas a solas, lo notas sin duda, frente a frente, como nunca antes, contigo mismo.

-iAh!... de verdad..., no sé... si puedo...
-¿Por qué? – te replicas- ¡Esto es lo que has venido a hacer!

Por fin recobras el ánimo.

-¿Adónde voy? –te preguntas.
-¡Adonde quieras pero sigue! –te respondes agrio.

Y tu pesado cuerpo se pone en marcha de nuevo.
Habías pasado con prisa por la calle Mayor, atravesando Bailén y subiendo hasta Ventura Rodríguez donde paraste unos segundos para respirar con la excusa de no dejar de tomar las botellas de agua.

-¿Adónde voy? –te preguntas
-¡Adonde quieras pero sigue!
-¡Sigue! – insistes con una voz que no te parece la tuya.

Aceleraste para recuperar los metros perdidos, cuesta arriba por Princesa hasta Moncloa donde una breve cuesta abajo te hizo correr alado.

-¡Sigue, vamos, vamos! – te gritas.

Pasasteis el Arco de Moncloa, y enseguida, la plaza del Cardenal Cisneros, a lo largo de la Avenida de la Complutense buscaste la sombra debajo de cada árbol, corriendo sobre la tierra huyendo unos cientos de metros del asfalto, se hacen casi dos kilómetros rodeando varias facultades para volver a un mismo punto, ahí viste como algunos cruzaban para ahorrarse esa pequeña distancia, un juez semiescondido va tomándoles los dorsales, te preguntas unos instantes a quién quieren engañar.

-¡Sigue, olvídalos!

Bajando rápido hacia el Puente de los Franceses y llegando raudos a la avenida de Valladolid, comienzan a pesar las manos, los pies, medio cuerpo casi sobra, te agarras a la estela de los paracaidistas que cantan y corren en formación, te metes en la cadencia que te lleva hasta la M-30 donde los coches desaceleran y gritan y tocan los cláxones, que molestan menos que animan, pareces dejar de correr para comenzar a trotar pesa la Casa de Campo y tanto calor y tan poca gente a los lados y buscas de nuevos las sombras bajo los árboles por los laterales de la carretera, te secas la frente una y otra vez y no secas, no puede ser sudar tanto no son gotas hay hilos, te dices sorprendido, buscas los puestos de agua delante por el Paseo de los Piñoneros y más lejos por el Paseo del Embarcadero donde se estrella a tu lado un patinador, ves el muro del río, cruzáis el Puente del Rey tras volver casi al mismo punto de tres kilómetros atrás. De pronto te sientes mejor tras pasar bajo el agua pulverizada y te lanzas sin mirar por el Paseo de la Florida y cuesta arriba por Virgen del Puerto donde llegas extenuado y vomitas todos los kilómetros previos.

-¡Sigue corriendo! –te amenazas.

Y enseguida, reemprendes la carrera que tienes delante te ves seguir y eso te hace sacar fuerzas de ninguna parte de ti ya te ves pasando por el Paseo de la Ermita del Santo e iniciar la subida que va desde el kilómetro treinta y seis hasta el final, todo cuesta arriba por la calle Segovia, el Paseo Imperial sin árboles, sin aire ni brisa, con los pies cada vez sintiendo la goma caliente de las suelas y por ellas como si tuviesen tacto, el asfalto incandescente en el Paseo de Acacias, la gente mira o ánima pero también parecen cansados de ver a tantos tan tardos, sigues subiendo una pendiente incalculable por Embajadores, ya sin ideas, sin objetivo, casi al azar, como merodeando, solo voluntad de seguir hasta que te hagan parar, hasta que veas algo extraño y no haya tanta distancia delante de los ojos, de vez en cuando, miras la calma de dejar de correr bajo cualquier sombra, pensando en un baño frío, en litros de agua, en dormir profundamente, y esa furia que te renace en cada nuevo metro te resulta ajena, como de otro, que te empuja sin lástima a no poder parar por la Ronda de Valencia, y cuando aparece el impulso de pararte en medio de la calle, surge de tu mente un insulto, una bronca, una voz bárbara que te empella calle arriba hacia Atocha con fiereza e ira, más férreo, más ánimo, sin mirar el suelo ni los baches ni las aceras ni las alcantarillas, más fuerte, las manos están llenas de sudor y no secan nada en el rostro, ves a un lado alguien sentado sobre el suelo, rendido, llorando de agotamiento, desconsuelo y quizás sed, con los pies descalzos y sangrantes, nadie le dice nada, no hay que malgastar fuerzas innecesariamente te ordenas en el momento que el sol pega más fuerte contra cada uno de vosotros, y ya imaginas el Paseo del Prado cuando nada pesa, donde la gente se agolpa para reconocer a los supervivientes, ante aquellos tan extraños para la mayoría que corren un maratón, de quienes esperan brota el orgullo junto al grito de ánimo o reconocimiento, que llaman desde casi otra realidad cuando corres ciego, envuelto en ti, vertido adentro, hacia la Plaza de Neptuno como un barco gigantesco que no puede parar, después de casi cuatro horas pararás sin volver la cabeza.

viernes, junio 11

A pesar de que crees tener la fuerza suficiente para acelerar, y la prueba es que aun sientes las piernas como tuyas, no mueves un centímetro más allá cada zancada, andas vagando por un desierto deshabitado tu solo, no hay calles, ni gentes, ni otros, cada horizonte es una duna y el asfalto se hace tan absorbente como blanda la arena fina, te pesa el calor, la camiseta y el sudor, los pies los notas dilatados, incandescentes, no, no es una pesadilla, los olores han vuelto a desaparecer, hay como un zumbido ahogado que se superpone a todos los sentidos, no hay tiempo no lo recuperas su sentido ni su necesidad, los prolongados recuerdos se hacen del silencio, hasta que en un determinado minuto, mientras luchas por darte impulso y ánimo, buscas ayuda, te gustaría pedir ayuda pero no hay a quién, te sientes transparentar y el viento te traspasa aliviándote,

-¿Te sientes mal? -te preguntas.

Te agarras la camiseta, de la que se escurren gotas de sudor y agua, te sonríes y te ves sonreír.

-Al contrario –te dices-, nunca me he sentido mejor.

Acabas de decírtelo, cuando sientes como la camiseta se hincha de brisa, como el sudor cae por tu vientre desde el torso, como abres los brazos para coger mejor esa aire fresco, en el instante en que sientes que tu voluntad sale de tu cuerpo, primero una zancada, luego varias hasta no estar a la distancia de la mano, que se marcha o escapa o huye de tu cuerpo sin despedida alguna, y te deja a merced de la carrera, solo en los últimos kilómetros, entre la perplejidad y la sorpresa, abandonándote en el asfalto gomoso y seco, esquivando en zigzag a los que van delante como si no te reconociese o buscase otro cuerpo menos lento, y se perdió de tu vista, delante del aire donde ya no podías alcanzarla ni con la memoria.

Km. 35 ↑

jueves, junio 10

La experiencia del maratón no se trata de que te haga ver o comprender o sentir o saber más, tampoco es crear nada, ni te hace otro ni completamente distinto ni radicalmente nuevo ni revela secreto alguno ni ilumina caminos cegados simplemente te muta sin dejar de ser y te hace ver lo mismo en el mismo lugar, si algo no está adecuadamente resuelto en ti no puedes buscar en otro la solución, no existen ese tipo de sanadores, el sanador eres tú y a ti mismo, correr por correr, correr sin forzar, sin dispersarte sin alcanzar sin tener, correr con lo que crees ser si no puedes ir mucho más allá de correr sin más, es fácil al inicio antes de la línea y cuando se ha completado atrás, es cierto, se puede terminar (decenas) sin haber aprendido nada, no es extraño que el maratón como experiencia repela a los más necios.

Has dejado atrás el kilómetro treinta y dos ya, ahora lo recuerdas mejor, apenas doscientos metros, has vomitado un chorro de agua disparado contra el asfalto, has sentido como alguien te miraba, pero solo ha sido una sensación, no crees que nadie se ha fijado en ti, aunque te juras que has sentido la sensación de compasión a tu espalda, sabes que ha sido un alivio vomitar, ya no podía ir a peor, la verdad, te dices, en ningún momento ha cruzado por tu mente la idea de abandonar, solo una idea, seguir, perseguir, tomar aire por la boca, la nariz la has sentido obturada por el vómito, has apoyado las manos en las rodillas, a la espera de una nueva arcada u otra forma de sublevación del cuerpo, has sentido el dolor del vomito, recuerdas su acidez y como te has izado mirando sin ver despacio con las manos en las caderas enderezando el cuerpo hasta ver el cielo cuando no has sentido palpitar el estomago ni doblarse de nuevo, una buena señal, no puedes echar nada más te has confirmado, demasiado bebedizo isotónico, demasiada poca agua te explicas, has vuelto a lanzar las piernas y te escuchas impelerte, adelante, adelante, el dolor es ya menor al miedo a no terminar, a partir de allí sabes que quedan menos recursos mentales para sostenerte, los músculos se han ido vaciando ya secos, no has encontrado fuerzas apenas para intentar comer, solo beber agua en sorbos cortos, como si el peso de la botella doblará la muñeca, menos pensamientos, se hacen insólitos, pétreos y repetitivos, las ideas dan paso a frases las frases a palabras y luego el desorden, buscas el mantra, esa frase memorizada, para salirte del arrepentimiento, rozas una extraña e incierta iluminación life is bigger, it's bigger than you, and you are not me, the lengths that I will go to, the distance in your eyes te repites cuando vuelves al kilómetro donde estás, ya es cuenta atrás te dices, ahora no hay nada que decir, no hay excusa ninguna, vamos sigue adelante a ninguna parte no regales ni un metro a la carrera levanta la cabeza y mira a donde corres aunque sea hacia ningún lugar busca la trazada más corta ni un metro de más ya es suficiente como para correr de más, sabes lo que acabas de notar en tu pie izquierdo, maldices, rechinan y crujen los dientes, un hilo del tercer dedo del pie derecho por la cara interior, sientes como la uña se ha clavado en la carne y brota, no es sudor, no lo ves pero lo sabes, es sangre, dudas, sabes lo que hay que hacer, dudas, no te ha parado el muro y te van a parar unos milímetros de uña, dudas, ves el puesto de atención médica, te tiras al suelo, te descalzas rápido miedo a que sea lo peor, scas el calcetín, no hay mancha grande solo un punto, no recuerdas el rostro, al menos no es tarde, te ves el dedo, hay arreglo, agua, el corte en la piel palpita, gracias, agua, calcetín, nudo, gracias, adiós.

miércoles, junio 9

Si quieres entender el maratón no corras tras él, simplemente no pares y espera a que te encuentre, te alcanzará antes de la meta si no te humilla antes, en las medias distancias hay menos que recordar la dificultad del maratón es el desorden, de los recuerdos, de las sensaciones, la memoria arrogantes se pretenden lineal, no tengas temor a aprender o a desaprender, no es fácil, tampoco, no temas aceptar la adversidad, aprender es otra fase de la equivocación, la madurez otra parte del tropiezo continuo, en las medias distancias se está más pendiente de la táctica en función del resto de los corredores que a su vez componen su estrategia incluyéndote a ti, en el fondo corres para sobrevivirlo entre miles a los que no importas apenas, en la media distancia no hay tiempo a otra cosa que correr más rápido y libre si posible, en el fondo corres por necesidad para múltiples cosas, entre ellas, olvidar o sin más correr por correr y ya vendrá, si viene, el porqué.

martes, junio 8

Masticas el minuto presente, el metro siguiente, cada nueva zancada te abre los ojos que siempre tienes entrecerrados, solo puedes pasar el siguiente metro porque sabes que no puedes ir más de prisa, has descubierto tus límites y sabes hasta donde no puedes ir, si vas más allá o antes de tiempo te arriesgas a que el maratón te humille, no dudes que lo puede hacer, mira los laterales de la carrera a los humillados ya ves sus límites, lo que más amamos no es superar el límite, lo que amamos no importa, la meta es llegar a la meta, no importa el amor, es el objeto que nos rechaza lo que deseamos más que el propio amor, sabemos que es un juego inconcluso y siempre insatisfecho, y si lo estuvieses, estarías también fuera del juego, es un desahogo funesto, la desazón está garantizada de por vida, no trasciende llegar, tanto importa ser capaz de llegar, por eso seguís y sigues y sabes que cuando estés delante de la línea sentirás al mismo tiempo tanto el orgullo como el desaliento y, ahora lo entiendes, ahora no dudas, ya, ahora comienza el maratón, es la primera zancada.

Km. 34 ↑

lunes, junio 7

... has encontrado ya un punto ciego a partir del cual te impulsas y corres por correr empujado por una fuerza inédita de tu instinto no menos pasmoso que ese despeñadero del agotamiento, energía psíquica a falta de energía muscular, es un punto sordo en que dejas de escucharte tan solo y cuando solo pareces tener en el cerebro la idea de quietud rogándote la inmovilidad, del abandono, es la voz de lo razonable lo sabes tienes que buscarte una especie de frases de bloqueo para ahuyentar y rebotar cada uno de los pensamientos nocivos, recuerdas como el que os gritaba para continuar extenuados por el peso de las mochilas y del sinsentido de llevarlas llenas de piedras cuando ibais todos en fila marcando el paso levantando el polvo del suelo de arena requemada os vociferaba nenazas o maricones de mierda o putos reclutas y para no oír te volvías sordo y ciego y mudo respondiendo con un hijo de perra o hijo de puta sin mover los labios y seguías sin vacilar, ahora no, busca en ti la certidumbre por lo que te merezca la pena existir cada día o al menos un día más y repítetelo hasta la extenuación, arroja de ti cada idea de abandono, se supera, las tiene todo maratoniano, te ordenas, si todavía no estás lesionado sigue.

domingo, junio 6

... vuelves y te resultas de nuevo familiar te reconoces en el reflejo de una conciencia que se rescata te sientes volver de algún extraño plazo ha desaparecido el temor a romperte a lo imprevisible a lo que nunca antes habías sentido como despertado con brusquedad de alguien que comienza tocándote y acaba abofeteándote y de golpe te arranca de donde no sabe cuando alguien dice una sola palabra solo para herirte y guarda silencio y tú también te has sentido sordo solo capaz de pensar en lo que veías y sentías te has sentido ciego y has intentado leer tus labios para saber lo que te ocurría has estado fuera y dentro de ti instantes después no te gusta y esa es la causa que te impelerá a acostumbrarte lo odias y será el motivo para hacerlo tolerable ya no necesitas más certidumbres lo contrario se hace soportable o necesario no has recuperado la facilidad de respirar la boca vacía y seca no hay nada que tocar que no sea el siguiente metro que es lo mismo que ves te vuelves a ordenar levantar la cabeza para saber donde estás y dónde vas y cuánto falta recuerdas el reloj pero no te interesa ya el tiempo sientes una enorme sensación aunque lo dudas unos segundos de alegría pero sí recuperas el sentido del olor puedes oler el agua evaporándose del suelo caliente levantas la vista y ves una gigantesca ducha por donde pasáis todos te paras debajo y dejas que el agua pulverizada te empape que te bautice y sientes que te lava la agonía de los últimos dos kilómetros levantas el rostro y sientes una gran necesidad de continuar al pasar las manos por el rostro recuperas el tacto entre el agua y el sudor has comenzado la reconstrucción tras la demolición con los materiales esparcidos abres las fosas nasales y sientes de nuevo el aire miras el sol perpendicular a tu cráneo...

sábado, junio 5

... lo veías venir, lo has visto cerca y has reventado contra lo que veías venir... respira el esfuerzo entre el aire y en realidad intentas respirar... el corazón acezante y el impulso es puro del cerebro... no sabes ya mucho de tu cuerpo o quizás ya demasiado de tanto entrenar y quizás corres más con la mente... quieres llegar y no estás seguro hacia dónde está el final tienes la sensación de no ir en línea recta sino alejándote comprendiendo cada vez menos o quizás más y que no haya nada que comprender así te sientas padecer... al mismo tiempo con un soplo bestial todos en los rostros uno a uno en fila sin sombras sin acompañantes sin alientos de nadie tu cuerpo se estalla desde dentro y reconoces el alivio de vomitar... ya no podías ir a peor treinta y dos uno a uno... uno tras otro te reinventas desde el estómago... las ideas también se han ido haciendo intermitentes y sabes que cuando estés listo sentirás temor de no estarlo y esa es la señal que tu cuerpo te grita el silencio de abandono que sientes crujirse desde dentro como nunca sin ningún cuando lo que resta delante es mucho más aún pero lo más elemental la ralentización... alcanzando el límite es simple de entender a pesar de tener un cuando de soportarla no hay más que esperar y sí sé simple sin temor sé simple y corre el siguiente metro uno a uno no esperes más de las palabras ni de la primera recompensa ni del primer límite a veces pareces levitar por las aceras no necesitaste nada o... nada o tanto ignoramos tanto de nosotros de nuestro cuerpo y esperas confiar en que no te has equivocado tanto con demasiadas unidades de estulticia aunque no sea exclusiva ni propia ni de cada uno y hasta ahí ya no hay tiempo es tú tiempo de cada llamada despiertas un poco con cada llamada construyes una imagen mate de quien está al otro lado del teléfono cuando se huye con el miedo del aliento en la nuca no vas más rápido estás aterido no nada te intranquiliza ya sabes qué harás y dónde estarás en el segundo siguiente... al menos es una certeza no discutible ahora las necesitas llegas al asegundo siguiente sí cuando eres más consciente del dolor y de que puedes dar la zancada después sí cuando un paso más te aleja otro paso más te acerca es la transmutación de la carne en piedra ves las dos direcciones de la arteria bombeando sangre nada a la espalda ni delante no menos ni tan nimio como las urgencias de la voluntad dentro de una carrera de más de un millón de días en la que estás tan solo como el resto ve al segundo siguiente...

Km. 33 ↑

viernes, junio 4

... no eres corredor hasta meta... seguir o seguir hasta el final para correr de una vez... ¿sabes? fue la velocidad no lo que ocurre es que no siempre estás recuerdas esa baldosa desprendida donde naciste o un bache o agujero en el pavimento... o la acera detente sin sentir que aceptas filos ni muy gruesos ni muy finos ni muy cortos ni muy apretados se equivocan algunos en algo mínimo y no hay carrera o se rompe nunca cejes si estás sobrepasando... la lanza de tu sentido común sobre un mito que corrías no por correr sí debe estar tatuada en tu voluntad como aquel día ibas predispuesto a la disciplina autoinfligida... como ganan los mejores sin gente rezagada para encerrarnos que aprender es parar ni lo sueñes aquí ya no paras se te salen las fuerzas por cada poro todo menos la palabra equipo ni especial ni caro de la tenacidad es la forma... de la energía tras los pensamientos y la saliva escupes demasiado bajas trazos de pensamientos breves discursos hiladas de ideas que no se siguen sin una dentellada matemática te roza un cáliz o zancada a zancada... y fuera todo sigue igual sin azúcar y un par más si nunca llegaste a ver afoscarse el horizonte sigue abre los ojos no los cierres mira delante solo el próximo metro aunque no lo sepas uno a uno aunque no lo creas posible uno a uno y que no se viene de ningún lugar espeso uno a uno hasta... convertirse en un grito uno a uno a poco... no hay grupo estás solo uno a uno sigue metro a metro uno a uno la realidad no alcanza tampoco te deja a tras sigue ciegos y mudos e inflexibles a medias un entrenamiento más te dices significa una auténtica idea una a una miércoles también los jueves... y los viernes acaso algunos sábados y los domingos hoy es la venganza cayó en tu boca solo el labio partido y no sigues a nadie si acaso a tu sombra también se ha rendido o lo quiere no te sigue la has dejado atrás pegándose al muro para no filtrarse en el asfalto que también es un refugio no la... soportabas más cuando sientes los pies soldándose a ella uno a uno al suelo a una montaña al mundo entero si acaso no nos hiciésemos cuando parecen acelerar otros fugazmente solo la distancia frente a frente a veces uno a uno el ímpetu no importa advertencias imaginables que te lanza diez... mil o veinte mil o treinta mil veces eso se llama información genética de la fatiga aguardar o aprender a esperar se confía en que las horas generen la suficiente presión alveolar negativa un metro más es... un nuevo récord uno a uno un minuto más es una nueva marca respira de nuevo otra vez zancada no hay distancia pequeña ni inútil o vana... y la disciplina la sensación sería de meses uno a uno otros que encontraron... o no cerca de las cunetas con ese sí con ese son peores aún que los taxistas es lo bueno de los días de carrera no existen tampoco... y aunque no tengas sed sigue ya beberás lastre de los recuerdos... uno a uno clava las piernas para que un poco te atiendan todos los tendones encerrojados uno a uno oxidados soldados eres un corredor hasta meta ves venir el muro cierras los ojos y te estrellas... vomitas no uses tu mente con fines de engrandecimiento o de orgullo o de estupidez es un viento... racheado o una tormenta de verano no puede durar cuando falta el oxigeno aprende a ser sincero... ciertas evidencias contigo mismo también con el estómago o un tendón o todo lo mismo lo idéntico lo... exacto lo uno o lo semejante nunca tendrás todo son distancias la distancia no se puede controlar de nadie más y todo está incluido en ella una soberbia sensación de alivio como... si fuese energía que se disipase que hay son los kilómetros basura uno a uno nada te puede librar de los errores en el aire... como espantando un espectro ciegos a nosotros la sensación es de extravío mágico dulce perverso dorado de ilusiones negro agorero simple y real otra de las lesiones habituales... te alcanzan (siempre) uno a uno por mucho que corras ni espacio ni ganas ni fuerzas ni voluntad ni descubres... el tiempo que no tenías se pueden recordar pase el tiempo que pase y todo se va mezclando determinando su primera y segunda derivada no fuiste en dirección casual ni los semáforos ni los coches... ni los atascos o un par de millones de seres uno a uno había tomada toda la Castellana y Madrid o sientes el peso... un peso inhabitual pero familiar la nada puede hacer tan densa la realidad and death shall have no dominion solo... ciertas rutinas desvelan apenas la luz desde adentro tocando fibra y cada gota de sangre una a una como poder simbólico de la distancia de sonrisas de feroz calma dolor descompuesto gritando... un nombre de perro y crece una personalidad más fuerte en quince minutos en otro lugar... otra fila... otra más... cuando lo merezcas... nunca antes... nunca tarde... porque advertiste o creíste advertir o realmente sentiste como rebanan los espacios de cada esquina y sabes que nunca se aprende a evitar un sufrimiento innecesario... llegan como todo llega uno a uno nos dejamos mirar escuchamos las preguntas... los pies... y sus veintiocho huesos... la ropa que no hay que olvidar grave en sus entrenamientos o un dominio temporal o tiempo sin dueño que se filtra despacio... o los suficientes segundos para no ver ni oír ni sentir uno te alcanzó le aguantaste uno a uno luego poco a poco se te fue de la vista sin renuncias sin claudicaciones te llevarás al error inevitablemente pase... el tiempo que pase ni soluciones instantáneas ni de último mes y poco más allá con minuciosidad exuberante... no no es la distancia ¿y ahora qué?...

Km. 32 ↑

jueves, junio 3

...mudo, quieto y grave sigues hay el antes y el después que nunca quieres verbalizar de forma consecuente set them free con el olvido las ampollas te hacen doler el cielo hasta el próximo infierno y no no eres menos ni más solo distancia acaso cuando no culpes a los demás habrás de dejarte de juzgar no sientes nada especial en realidad nada la voluntad va ya en el filo del esfuerzo... lo que proyectas delante es ese límite del relámpago de la lucidez lo peor de ti no pasa nunca en el tiempo para encontrarse hay que haber estado perdido libera tu mente del tiempo déjate sumergirte en ti y aprende a controlar la ansiedad a perseguirla o adivinarla o creer encontrarla o de noche a la luz de los faros salen al centro de la carretera enseñan sus pechos desnudados rápidamente una intenta abrir... la puerta y entrar set them free solo hubiese podido decírselo en realidad a nadie ni ofenderla atemorizado por su desnudez y su miedo ir lento parece desquiciante vas fuerte ya no presientes oyes la amenaza del muro...

miércoles, junio 2

... o eso crees o eso esperas es tan importante saber parar pero no hoy como resistir en el límite te repites es la materia de un sueño trazas de nuevo el mapa ves lo que falta escuchas desde las aceras gritan que ya has hecho lo más difícil pero lo cierto es que no falta lo peor los que animan debe ser por mejores intenciones hoy no hay coches a los que vigilar de reojo ni perros al acecho el sol comienza a estar tan alto que los cuerpos no tienen sombras el sudor ya no son gotas parece imposible sudar tanto no dejas de pasar una sola oferta de agua ahora presientes que si paras a beber será mucho más difícil volver a correr aunque no sea así prefieres no arriesgar y corres con la botella en la mano mientras no sientas que su peso es innecesario por faltar faltan fuerzas hasta para llevar el agua no olvides beber te repites el sudor se mete en los ojos y no sientes y has dormido inquieto o poco sabiendo a cada instante que era pronto aun que el reloj no iba a sonar que la alarma estaba bien puesta en una zona entre el sueño y el impulso a salir de la cama ya crees que no has cometido ningún error grave en el metro has encontrado a decenas como tú algunos no claro uno iba listo para la salida ya en el andén calentando para allá y para acá también en el vagón listo para ponerse en la salida la mayoría con una mochila con ropa seca para después cualquiera sabe hay un silencio concentrado y también el estruendo de las voces innecesarias de quienes van en grupo vuelves a la carretera no hay grupos todos vais solos es lo que queréis de verdad solos con cada uno soportando el sonido del propio pensamiento...

martes, junio 1

... la idea de que de alguna forma u otra has de saber lo que debes hacer puede atemorizarte saber salir de la carrera lo sabrás si llega así que ten paciencia tienes que estar dispuesto a todo incluso a dejar de correr para llegar nadie te da menos tregua que tú nadie peor enemigo que tú mismo eso lo sabes ya es bastante saberlo ahorra desesperación por lo que despeja la mente incluso de ti a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing del lodo de la vehemencia del fango del miedo del légamo del fracaso del ruido y del ensañamiento de la debilidad del juicio previo final del mareo de la ambición del sofoco del ego libérate de ti del lodo del control nadie se acuerda un momento después sin razón aparente sientes words fly up thoughts remain below o dudas de un estado de fatiga intensa que te atenaza y sientes los tendones endurecerse o acortarse y falta aire cuando abres las fosas nasales con brusquedad sacas zancadas de adrenalina ya no resta glucógeno en los músculos has pasado la última noche planificando la carrera esperando estos momentos ya han llegado te han alcanzado aunque pensabas que no te tatuarían ya los sientes dentro debajo de la piel o sin ella ya no sientes temor a las tres horas y aun más las cifras ya no están en la mente ya las tienes dentro y te dices que se trata de avanzar de nuevo como siempre no hay tanta diferencia ya no importa el tiempo lo has perdido quizás no importa ahora o todavía sientes la desorientación va y viene con cada metro y no duele y nada es ya habitual ni el ritmo ni el dolor no sientes las pulsaciones y no sabes si es malo o peor gana la mente para controlar repasa el cuerpo una vez más cúrate sin mirar sin tocarte tienes fuerza para ello...