sábado, septiembre 9

Porqués (6)

El magnetismo de las montañas se encuentra en gran medida en la extrañeza del medio, en que siempre somos unos visitantes, nunca invitados y, por tanto, se trata de un entorno sobre el que no tenemos control alguno. Tampoco, como sucede en los deportes, podemos abandonar sin más y retirarnos a la banda, salir de la pista y dar por terminado o fallido el intento. Uno no regresa a ningún lugar seguro y cómodo en unos instantes cuando tienes que dar media vuelta en una ladera o una pared, en la nieve o la roca. La montaña siempre es superior a nuestras fuerzas, tenemos más que perder, no la podemos adaptar a nuestro ritmo, ni voluntad o deseos, todo en ellas escapa a nuestros hábitos cotidianos de control. No hay conmutadores ni mandos a distancia ni ayudas mecánicas que nos faciliten la renuncia. Solo nosotros con nuestras fuerzas físicas y mentales, la ley de la gravedad y la montaña, mano a mano.
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Enviado desde mi dispositivo de bolsillo inalámbrico BlackBerry

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