viernes, marzo 24

Banderas Orantes y 6


Herbert Tichy, el montañero y geólogo austriaco que formó parte de la primera ascensión al Cho Oyu, el sexto de los catorce ochomiles, escribió de las banderas orantes que siempre “se ven antes de divisar las aldeas, y se tiene la impresión de que no han sido levantadas posteriormente, para proteger a los poblados, sino que, en realidad, éstos han podido surgir porque ya estaban allí las banderas”. En cualquier caso, e independientemente de la posible paradoja arquitectónica, no hay edificación por sofisticada o elemental que sea que no pueden separarse las banderas de oración de las construcciones.

Cuando las colosales sombras de las montañas del Himalaya ocultan en la noche a los valles y antes de que el sol vuelva a bajar a ellos desde las cimas, las banderas oran y batallan como una reivindicación constante en la oscuridad sin dejar de esparcir su protección. Ondean paralelas al suelo debido a la violencia de las ventiscas y no dejan de agitarse hasta que las temperaturas invernales las convierten en banderas orantes de hielo como a las mismas montañas, como casi a toda la Naturaleza por encima de los cuatro mil metros, en lugares donde muy pocas personas se atreven a adentrarse hasta que vuelve la primavera y recobran sus formas, de regreso al movimiento con las suaves brisas de las mañanas y los vientos de los atardeceres. De nuevo vida y protección que esparcir por encima de los sonidos de la tierra, por debajo del aliento del cielo, en las montañas del cielo.

jueves, marzo 23

Banderas Orantes 5


Nuestra capacidad de desear no es sólo lo que necesitamos hoy, sino lo que añoramos del ayer y lo que queremos para mañana. El Budismo propone como la culpable a nuestra capacidad de discernir, recordar y desear, es nuestra mente. Los más grandes maestros del Yoga del discernimiento también lo aseguran, al decir que la gran mayoría de las personas no disponen de su mente, sino que su mente dispone de ellas; no piensan, sino que son pensadas por sus pensamientos. Nuestra mente se encuentra permanentemente diversificada por incontables pensamientos en constante ebullición. Y afirman que para poder abstraer nuestro pensamiento en el objeto elegido, primero es necesario disciplinar la mente. Enseñarle a quedarse fija en un punto, lo cual consiste en la concentración, que señalan como algo muy difícil para el hombre actual, cuya mente se ve más que nunca diversificada por tantos estímulos externos e internos. Según algunos, la incapacidad de lidiar con todos ellos constituye el inicio de los procesos de estrés.
Precisamente, entre los resultados de los estudios sobre los monjes meditantes se observa una mejoría en los mecanismos cerebrales que detienen los procesos de estrés a través de un mayor aprovechamiento de las funciones del lóbulo cerebral izquierdo. Las emociones negativas se desechan con mayor facilidad y las positivas surgen con más naturalidad.

miércoles, marzo 22

alto el fuego permanente

Recupero la entrada de este blog del 11 de marzo de 2004, los asesinados son víctimas independientemente de quién sea su ejecutor, como escribió Pessoa: "La herida duele porque duele no en función de la causa que la ha abierto". También Borges viene a la memoria: "Sólo una cosa no hay, el olvido". No decidimos que olvidar o qué recordar, recordemos entonces...












jueves, marzo 11, 2004
En memoria de los asesinados en Madrid el 11 de marzo


Hay carreras que no llevan a ninguna parte, hay otras que sin ir a ninguna parte suman la ignominia de dejar miles de muertos como víctimas inocentes y aleatorias; carreras hacia patrias, sangres, tierras, paraísos artificiales, dioses; carreras de odio, resentimiento, ceguera y bilis y... Lo terrible es la consciencia de la nula capacidad de aprendizaje que tenemos como especie; la pulsión instintiva a la autodestrucción colectiva sobrevuela toda la Historia y se integra en la información genética patológicamente, la imposible negación, la implacable certeza, de que no ha habido un solo día en la historia de la humanidad, miserable historia, en miles y miles de años, no ha habido ni un solo día sin asesinato. Y no, no son monstruos, son seres, al menos no iguales, pero sí semejantes. Deseas, más que esperas, que haya un castigo infinito para los asesinos; y paz perpetua para sus víctimas... hoy no hay donde ir.

And Death Shall Have No Dominion. © Dylan Thomas

And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan't crack;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.



# posted by Miguel : 10:47 AM

martes, marzo 21

Banderas Orantes 4


Las banderas orantes son signo y parte de la indefensión ante la magnitud de la Naturaleza y de la infinita nostalgia budista por un mundo sin sufrimiento. La oración que está escrita en ellas es el Om Mani Padme Hum (traducción literal: Saludo a la joya del loto), el mantra de seis sílabas que invoca infatigable la protección de todo peligro. Se dice que aquel que recita el mantra será protegido de todo mal. Este mantra está profundamente arraigado entre el budismo Mahayana y se puede encontrar inscrito o grabado en rocas, molinos y ruedas de oración en los caminos, senderos, pasos de montaña, en las aproximaciones y salidas de pueblos y villas. Cada vez que un molino o rueda de oración gira o una bandera flamea al viento el mantra se recita y es lanzado al aire millones de veces para mantener a salvo y proteger de los peligros. El mantra también es usado en brazaletes, colgantes, anillos, etc. como signo de protección.



En ocasiones las banderas orantes se encuentran solitarias sobre tejados o simples un asta clavada en el suelo, en un árbol talado, unidas a centenares de otras como si fuesen bosques o arboledas orantes en los templos budistas, las estupas, o en sus cercanías. Se divisan desde lejos por sus colores y dan la señal de vida en los lugares más inaccesibles cuando alguien se siente muy lejos y en cualquier momento, a quien las observa, ofrece la promesa de protección a los que transitan por las regiones del Himalaya frente a la adversidad.

lunes, marzo 20

Banderas Orantes 3


Las banderas expuestas a los elementos sin protección alguna destacan siempre en los desconcertantes e inesperados escenarios donde pueden ser encontradas, dominan la tierra y el cielo, del agua y del fuego y por aisladas que estén siempre son un punto de visión, recogimiento y majestuosidad llameando al viento. Las banderas orantes son la forma de conexión del cielo y la tierra de forma tan perfecta como los mismos ochomiles y las montañas sagradas como el Kailas o el Machhapuchhare.

Nepal exige, sea en los valles subtropicales o en el Himalaya, el esfuerzo disciplinado e impávido por dejar atrás las categorías habituales de comprensión y aceptar la imprescindible serenidad que ofrece, sin coste alguno, el budismo nepalí; y entonces es cuando mucho del equipaje occidental de los viajeros pierde su necesidad y utilidad. Las banderas orantes lanzan gracias al viento deseos de serenidad frente al sufrimiento que llegan a las gargantas de los ríos, cruzan los collados de un valle a otro y alcanzan las cimas de las montañas.

En Nepal pocas construcciones humanas pueden pugnar con el Himalaya. Las montañas dominan la tierra y el cielo, los ríos que erosionan las gargantas compiten con ellas por la tierra; y el viento y las banderas orantes lo único que puede rivalizar con las cimas nevadas por las miradas dirigidas al cielo. Al flamear las banderas agitadas por todos los vientos, esparcen y elevan a las alturas los deseos y afanes de los hombres y mujeres hacia los cielos, son el vínculo de unión entre lo terrenal y lo sagrado, la pasarela intangible entre dos mundos apartados.

El breve sonido del viento al hacer tremolar las telas parece repetir infatigable la oración inscrita en ellas, sea en las húmedas selvas o en las terrazas de los arrozales subtropicales, en los espesos bosques de rododendros, en los paisajes ocres que anuncian el desértico Tíbet o del reino de Mustang. Las banderas orantes resuenan como las hojas en los bosques, reflejan el sol, se revisten con la luz lunar de las noches, descuelgan de ellas empapadas el agua de la lluvia y la nieve, se baten congeladas durante los meses invernales y vibran en los puentes colgantes sobre las corrientes avivadas por los deshielos.

domingo, marzo 19

Banderas Orantes 2


Por todo Nepal es posible encontrar uno de los signos más distintivos del país y, en especial, del budismo: las banderas orantes. Pequeñas banderas de tela impresas de oraciones que unidas por cuerdas son atadas en los tejados de las ciudades, en las cercanías de cualquier edificación en los valles, en los altos de los grandes collados, en los puentes colgantes sobre los ríos, los templos, los caminos o en las cimas de muchas montañas.

Las banderas orantes dan forma a una arquitectura etérea, las largas cuerdas que las unen se prolongan hacia el cielo haciendo levantar la mirada como si se persiguiera con la mirada las agujas góticas de las catedrales europeas hasta el cielo, gesto que se comparte y repite frente a la conmovedora y desconcertante inmensidad de las montañas del Himalaya que a tantos montañeros, tras una primera visión inolvidable, ha acompañado durante todas sus vidas.

Y esa visión arquitectónica se repite desde los valles a los collados más altos del Himalaya, desde las azoteas de las casas sherpas hasta las cabañas de los pastores de cabras o yaks, en los puentes metálicos o de madera que esquivan los grandes torrentes de los ríos en las gargantas más profundas del mundo como la del río sagrado Kali Gandaki o la del Marsyandi Kola; en los templos budistas de Katmandú, Swayambhunath o Bouddhanath, o en el templo Chumig Gyatsa en Mukthinath, lugar de peregrinación sagrado compartido por hindúes y budistas desde donde se puede contemplar la cara este del Dhaulagiri, la séptima montaña más alta del mundo con 8.167 metros.

sábado, marzo 18

Banderas Orantes 1


Nepal es la vanguardia del planeta. Y no solo porque cuando el mundo occidental se autodestruía en la Segunda Guerra Mundial, cruzó en silencio el segundo milenio. En la actualidad el calendario nepalí corre por el año 2062. Si no también porque en Nepal están las montañas del mundo a lo largo de una cordillera que se extiende por más de 2.400 kilómetros con más de cuarenta montañas por encima de los siete mil metros y siete de los catorce ochomiles.

Con la misma normalidad que las montañas del Himalaya parecen haber estado siempre allí, aunque solo tengan una antigüedad de unos 600.000 años cuando comenzó a aparecer el actual Himalaya de lo que fue el mar de Tethys, se puede comprender que esas inmensas montañas sean tenidas como moradas de dioses y por ello muchas de ellas sagradas y cerradas a la escalada. No hay otro lugar en nuestro mundo donde se pueda decir como en Nepal que se está más cerca de dios. A los pies de dios, donde las montañas debido a su inmensidad parecen pertenecer más al cielo que a la tierra.

Nepal es la única monarquía hindú del planeta, no obstante las zonas del Himalaya son mayoritariamente budistas. Y tras la invasión del Tíbet por China hace cinco décadas se ha alentado un fenómeno migratorio que está provocando importantes cambios religiosos y culturales en Nepal y Tíbet. El budismo es, sin duda, una de las señas identitarias del Tíbet y del Himalaya. Es la cuarta religión con más seguidores tras el cristianismo, el islamismo y el hinduismo; y una de las religiones que más ha crecido en las últimas décadas sobre todo en las sociedades occidentales. Albert Einstein escribió en 1954 que “el budismo tiene las características de lo que será una religión cósmica en el futuro: trasciende el dios personal, evita dogmas y teología, abarca lo natural y lo espiritual; y está basado en un sentido religioso que aspira a la experiencia de todas las cosas, naturales y espirituales, como una unidad con sentido total”. Occidente se siente atraído por un budismo que además de acarrear un bagaje milenario y su mensaje de no violencia ha sabido comprender la era de la globalización tanto para comunicar sus valores como para promover vías alternativas vitales por su antimaterialismo.