Banderas Orantes y 6

Herbert Tichy, el montañero y geólogo austriaco que formó parte de la primera ascensión al Cho Oyu, el sexto de los catorce ochomiles, escribió de las banderas orantes que siempre “se ven antes de divisar las aldeas, y se tiene la impresión de que no han sido levantadas posteriormente, para proteger a los poblados, sino que, en realidad, éstos han podido surgir porque ya estaban allí las banderas”. En cualquier caso, e independientemente de la posible paradoja arquitectónica, no hay edificación por sofisticada o elemental que sea que no pueden separarse las banderas de oración de las construcciones.
Cuando las colosales sombras de las montañas del Himalaya ocultan en la noche a los valles y antes de que el sol vuelva a bajar a ellos desde las cimas, las banderas oran y batallan como una reivindicación constante en la oscuridad sin dejar de esparcir su protección. Ondean paralelas al suelo debido a la violencia de las ventiscas y no dejan de agitarse hasta que las temperaturas invernales las convierten en banderas orantes de hielo como a las mismas montañas, como casi a toda la Naturaleza por encima de los cuatro mil metros, en lugares donde muy pocas personas se atreven a adentrarse hasta que vuelve la primavera y recobran sus formas, de regreso al movimiento con las suaves brisas de las mañanas y los vientos de los atardeceres. De nuevo vida y protección que esparcir por encima de los sonidos de la tierra, por debajo del aliento del cielo, en las montañas del cielo.







