jueves, julio 27

Porqués (2): la Imaginación

Siempre, cuando estas en la montaña, cuando le pertenecemos, hay dos alternativas: continuar o regresar. Cda opción lleva a lugares y estados de ánimo y... distintos y abismales. Cuando se está lejos de las montañas, la mismo dualidad: cuando regresar, pronto o tarde, ya o luego -algo se ha quedado clavado, algo que no cicatriza, que se reabre como los fondos de los pantanos secos. Mallory, tras su primer intento de ascenso al Everest en 1921, escribió a Ruth, su mujer, que "no volvería [al Everest] ni por todo el oro del mundo". Todos tenemos esa nostalgia
ácida de volver donde no hemos subido, todos sabemos que regrsaremos desde el momento que tomamos la decisión de renunciar.

Corriendo maratón he pensado decenas de veces que sería el último que corría, la primera vez y todas las restantes ha sido una constante. Una vez, cerca del kilómetro 32, escuché a uno decir que prometía no volver a pensar en correr ningún maratón por lo menos... hasta llegar a meta. En más de una ocasión, en medio de la niebla, la nieve o azotado por el viento, he reconstruído mentalmente cómo diablos había llegado a ese momento exacto, allí en medio de aquella situación, tan lejos de todo lo razonable. Viajando a lo largo toda la cadena causal, en el origen de todo ha estado siempre la Imaginación, esa premonición de la sensación, de la sensación algo visionaria de ver desde arriba una gran parte del mundo; y sentirme extraordinariamente bien en silencio, conmigo mismo en directo.
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Enviado desde mi dispositivo de bolsillo inalámbrico BlackBerry

Nuevo intento fustrado

"Una vez más, un cambio en la meteorología ha frustrado el intento de cima en el Broad Peak. Esta madrugada Carlos Pauner salió del campo III (7.100 m) y partió en solitario camino de la cima. Raúl Martínez decidió permanecer en el campo III.Al alcanzar el collado situado a unos 8.000 m ha comenzado a nevar, y Carlos ha decidido darse la vuelta y empezar a descender. A media mañana, ya estaba de vuelta en el campo III, donde ha descansado un rato antes de proseguir el descenso hacia el campo base"

Jueves 27 julio 2006
http://www.carlospauner.com/actual/diario_broad.php?id=9

miércoles, julio 26

Porqués (1)

Es fascinante descubrir que las mismas preguntas llevan acosando desde hace dos siglos a los montañeros que no vivimos las montañas como un mero deporte. Reinhold Messner, siempre tan apocalíptico charlatán como soberbio montañero, afirmaba en alguno de sus libros que el alpinismo no es un deporte porque "en el campo base no hay controles antidoping". Él que pretende dar solución definitiva a muchas preguntas no responde por todos. El escrito de Carlos Pauner, derrotado, es tremendo. La literatura de montaña es minuciosa en la descripción de los hechos, de las situaciones y de la propia montaña pero se torna anémica al acercarse a los porqués. George Mallory ante las iteradas repeticiones de la pregunta de por qué iba a volver por segunda vez al Everest (regresaría una tercera y última más en 1924), dio la más inesperada y atinada (probablemente) de las respuestas: “Porque está ahí”.

lunes, julio 24

...cansado, destruido, y sin la cima...

Estoy de nuevo en mi campo base, cansado, destruido, y sin la cima. Tras aguantar 3 días de ventisca a 7.100 m, cuando finalmente paró el viento, salimos hacia la cima, llenos de ilusión y de esperanza, pero la nieve recién caída y el desgaste sufrido por pasar tantos días en altura, hicieron su efecto. Era un requerimiento demasiado alto para unos cuerpos maltratados por la vida en la altura. Nuestra estrategia fue la correcta, a tenor de los partes meteorológicos que manejamos. Luego, la montaña hizo sus caprichos y durante 3 días, allá arriba, sólo hubo viento y desolación. No obstante, aguantamos, comiendo lo poco que el cuerpo te permite a esa cota, pasando horas interminables acurrucados en nuestro agujero, soñando con que parase el viento y tuviésemos una oportunidad. La tuvimos, pero demasiado tarde, cuando ya nos encontramos demasiado debilitados por la altura.

Salimos por la noche, abrimos huella en una nieve pésima y finalmente, a las 2 de la mañana, decidimos que no teníamos opciones de llegar de esta forma con garantías a la cima y dimos marcha atrás. Dormimos unas horas en nuestro demasiado conocido campo 3 y luego volvimos al campo base, a la vida, al confort, a lo que ahora es nuestro hogar. Ahora hay que tratar de recuperarse, de planear nuestro futuro, de conseguir salir de este letargo en que nos ha sumido la montaña. Hoy o mañana tomaremos la decisión, en función de la meteo prevista, en función de la energía que nos quede en nuestro interior. Tenemos varias opciones y vamos a tratar de elegir la más coherente. Ahora no quedan fuerzas para nada, sólo para dejarse llevar, para guiarse por sensaciones, para asimilar el correctivo que nos ha impuesto esta montaña. Todo lo que podamos decir estará muy bien, pero la realidad es que estamos aquí abajo, sin la cumbre en el bolsillo, pese a haber hecho un derroche de paciencia y aguante sin límites. Todo esto pesa sobre nosotros como una gran losa de roca. Ésa es la realidad. No corren buenos tiempos para nosotros en este rincón del mundo
."

Carlos Pauner
Tras el intento de cima al Broad Peak
Lunes, 24 de Julio de 2006

jueves, julio 20

Emociones

Las sensaciones al alcanzar una cumbre abarcan desde el silencio introspectivo hasta la descripciones hiperbólicas. En todo caso he leído pocas que se acerquen a la plenitud tras la lucha y el esfuerzo directo dentro de la montaña, uno a uno, sin trampas, ni atajos. No saber ni poder describirlo no es lo mismo que no entenderlo.

martes, julio 18

Válvulas del peligro

El ocio orientado a las sensaciones de algta intensidad es una necesidad de las sociedades acomodadas, con rasgos decadentes, donde el bienestar ya no satisface y la búsqueda del riesgo, el peligro, se convierte en una válvula de escape para las clases medias angustiadas por la vida urbana. Una interpretación que, sin embargo, está extraída de la época victoriana del Imperio Británico, cuando la Reina Victoria -ante el enorme número de muertes en las montañas- meditó muy seriamente prohibir la práctica del alpinismo entre sus súbditos.

lunes, julio 17

Demasiado humano (seamos sinceros)

¿Es razonable suponer que gran parte de las razones y emociones de los primeros alpinistas al ascender montañas sean semejantes a las de los actuales miles que se acercan a los campamentos o refugios con el objetivo de repetir vías ya transitadas? ¿La parte heroica es individual y la épica de aquellos primeros? Bonatti, uno de los escaladores legendarios más soberbios, desprecia en sus libros a los repetidores de vías por falta de sentido. Él que ha tenido la fortuna de sobrevivirse a sí mismo, a su leyenda y al instinto de autodestrucción tras su experiencia con poco más de veinte años en el primer ascenso del K2, como mito puede despreciar a todos aquellos que repiten las vías que él hizo con más medios, más rápido y sin exponerse con tanta desventaja a la montaña como él lo hizo. Pocos pueden abrir ya vías nuevas en los Alpes y se dedican a las gestas del récord. Los ochomiles están, de desigual forma, unos más y otros menos, domesticados y también se persigue el record de forma bulímica. Este año más de 500 personas han hecho cumbre, gracias a las buenas condiciones climáticas, en el Everest aunque también se han dado casos inhumanos (o demasiado humano, seamos honestos) como el de un hombre, David Sharp, que murió tras varias horas de agonía y tras pasar a su lado, no muy lejos de la cumbre, tres decenas de alpinistas comerciales y sherpas profesionales sin prestarle ayuda a 8.400 metros de altitud. La mayoría de los que pasaron a su lado irían aterrorizados, serían igual de inexpertos y aunque hubiesen hecho algo no habría servido de nada a esa altura. Pero ni lo intentaron. No recuerdo a que visionario imbécil leí que a partir de los 5.000 metros se acaba la filantropía (o las hermanitas de la caridad). Sé a que se refería. En una ocasión, por encima de los 5.300 tuve la tentación de no ayudar a una estúpida que no debería haber pasado nunca de los 2.000 (durante la noche el frontal de buceo (sic) que llevaba se había congelado), la vi caer agotada de espaldas hacia mí, pero la agarré de la mochila y la mantuve en pie y equilibrio. No entraron en juego los valores, ni la ética ni lo que pudiese sentir, no pensé solo actué, supe que si yo me apartaba y no la asía con fuerza caería varias decenas de metros dando tumbos. La agarré, la sostuve, no me dijo nada ni yo lo esperé. Seguimos subiendo. Ni lo recordará, ni a mí me importa.

Los “record” de este año en el Everest rozan lo extravagantemente inhumano o demente. Un sherpa permaneció tres minutos desnudo en la cumbre. Parece más que probable que la muerte del inexperto Sharp fue grabada mientras agonizaba por algunos que dicen haberle ayudado (pero no lo suficiente). Está confirmado que habrá un documental de Discovery Channel que incluirá una entrevista al agonizante Sharp; me pregunto si tendrá derechos de autor. Incluso un sherpa habría batido el record absoluto de repeticiones de ascensos al Everest (14 veces); y otro ser humano logrado el record de velocidad de ascenso sin oxígeno (16 horas y 42 minutos). ¿Para qué? ¿Tan rentable será aparecer en el libro Guiness?

Es cierto, probablemente no tengo razón con la pregunta retóricamente afirmativa del inicio de este comentario, ¿Qué tienen ya en común Mallory, Irving, Hillary, Tenzing con los nuevos montañeros? ¿Qué tengo en común con ellos? Nada. ¿Por qué lo hacemos entonces? Difícil de contestar. Ni idea. Cada vez más preguntas y menos respuestas: desalentador.

domingo, julio 16

Las fuentes de la intensidad

Leo una cita de Gautier, Théophile (claro), en la que afirma que "No hay castigo que haga desistir al hombre" de la pasión por emprender escaladas cada vez de mayor dificultad; y acaba por afirmar que "una cima puede ejercer la misma atracción arrolladora que un abismo". Sin duda, es una interpretación romántica del alpinismo. Parece como si la experiencia de la montaña -con cierta incapacidad para transmitir su potencia por medio del lenguaje- estuviese desde siempre destinada a ser expresada por medio de la exageración hiperbólica, el oximorón o la más tenaz incapacidad metafórica. La literatura de montaña, desde los inicios, está plagada de muerte, accidentes, amputaciones, desolación o aislamiento; la cobardía o la valentía adquieren tonos épicos como la fidelidad o la traición. Todo alcanza los extremos por encima de pocos miles de metros; y el mundo y su percepción se vuelve más binario y maniqueo para los que lo viven. Supongo que el lenguaje -y quienes lo utilizan - se colapsan ante la cercania de describir la conciencia de aproximarse tanto a la propia muerte. Solo escriben los que han sobrevivido.

Con lo que me acabo por quedar, y hago propio, es con la complementariedad e intensidad de los opuestos experiementados en las montañas -tan filosóficos como inevitables- cima y abismo; vacío y plenitud, concavo y convexo, sobrevivir o perecer, éxito o fracaso, euforia o decepción, victoria o derrota, lucha o claudicación... todo o nada. Como escribí no hace mucho (malo esto de la autocita): "No se descubre lo absurdo, la afición por los dolores inútiles, el agotamiento, sin sentirse tentado a escribir algún tratado de la satisfacción". Las fuentes de la intensidad, en definitiva.

sábado, julio 15

Yonquis del peligro

Desde Chamonix escribí acerca de la oferta turista que abarcaba la ociosidad consumista y la posibilidad de jugarte la vida con un escaso lapso de tiempo de diferencia. En Nepal para entrar en el Himalaya hay que andar bastantes jornadas, en Chamonix subir desde la calle principal llena de tiendas de cualquier cosa de lujo hasta la arista del Aguille d´Midi (en donde todos los años algunos caen durante trescientos metros rodando) no hay más de veinte minutos de teleférico y 36 euros de coste. Recuerdo que un español, no sé como se consideraría pero hablaba en español, se quejaba en alguno de los pasillos del Aguille d´Midi, donde nos quitábamos los crampones, de lo incomprensible que le resultaba, aunque no se hacia responsable a sí mismo, de que tan pronto llovía, soplaba el viento, se nublaba todo o nevaba o brillaba el sol. Creo que él buscaba la cafetería y yo echaba ya de menos los grandes vacíos que había tenido a los pies tras tres días en la alta montaña -a la que sabía que tardaría en volver. Su hipocondría de la normalidad chocó contra mi nostalgia del ruido del peligro.

Es la verdad. Confesémoslo. No hay otra razón psicológica, podemos intentar esbozar muchas explicaciones racionales e incluso razonables, de qué es lo que nos hace subir a la montaña. La verdad es que no hay muchas convincentes que no sea el rotor del peligro, la sensación de estar alertas frente a cada paso, a cómo retumba en el cerebro, cómo se descarga eléctrico en los miembros tensados, cómo sacude los sentidos, cómo atiza la voluntad y la conciencia. Lo que empuja hacia arriba es que somos yonquis del peligro, subimos hipnotizados por él. Quizás esa conciencia nos impida matarnos. Que el derroche estúpido y constante de vidas en la montaña pueda ser menor; no menos innecesario y no menos gratuito que morir en las carreteras.

viernes, julio 7

Las montañas de la Luna (y 3)


David Livingstone (1813-1873) además de ferviente evangelizador africano también buscó las fuentes del Nilo. En 1869 fue enviado por el New York Herald un periodista en búsqueda de Livingstone que estaba viejo y paralizado por las hemorroides en la costa este del Lago Tanganyika. Ese periodista era H. M. Stanley. El 1 de mayo de 1873 Livingstone moría a causa de las hemorroides, de las que se había negado a operarse.

Henry Morton Stanley (1841-1904), galés emigrado a Norteamérica, decidió continuar la exploración de Livingstone, tras años, fue el primer europeo en divisar el glaciar y las cimas de la cordillera del Ruwenzori, que a causa de las nubes había quedado oculta para Livingstone. Por fin se le daba la razón al malogrado Speke: las nieves de las Montañas de la Luna eran las fuentes del Nilo. La desaparición del glaciar del Ruwenzori, trescientos años después apenas se le dan dos décadas de vida. Con él se diluirán como el hielo las fuentes del Nilo, Burton, Speke, Livingstone, Stanley, las expediciones africanas del XVII y poco a poco el resto del planeta. Apenas queda lugar para la naturaleza en nuestro mundo, estamos acabando con ella con la inexorabilidad con la que retroceden y desaparecen los glaciares, todo es -lamentablemente- cultura.

miércoles, julio 5

Las montañas de la Luna (2)

Durante el primer cuarto del siglo XVII Inglaterra y Francia pretendían dominar las rutas comerciales con Asia. Cuando se comenzó a proyectar el Canal de Suez se entendió que aquella sería la principal ruta para cualquier forma de comercio. Así fue como alcanzar las fuentes del Nilo se convirtió en una empresa por la que lucharon distintos países y Uganda apareció como un lugar a controlar. El Canal se abrió en 1869 bajo control francés pero en 1881 Inglaterra compró la mayor parte de las acciones a un ciudadano egipcio.

En esta historia, la del descubrimiento de las fuentes del Nilo, aparece casi treinta años después un personaje, míticos y cercano a lo inverosímil –si alguien novelase un personaje como Richard Francis Burton (1821-1890) se le acusaría de inverosimilitud- oficial británico que pretendía, junto a John H. Speke (1827-1864) amigo y compañero de exploraciones, resolver el misterio de las fuentes del Nilo. Hay que añadir un buen número de expediciones previas fracasadas muriendo en las ciénagas, perdidos, atacados por insectos, enfermedades o tribus poco friendlys.

La expedición de Burton y Speke partió de Zanzíbar el 17 de junio de 1857.
Tras ocho meses de penosa marcha, donde las enfermedades, los robos, la deserciones y los ataques les acosaron, fueron los primeros europeos en llegar a las orillas del Lago Tanganyika. Lo ocurrido después entre Burton y Speke es historia y lo mítico rodea a ambos personajes, y existen tantas versiones como filias o fobias puedan despertar ambos personajes. Speke parece que continuó viajando hacia el norte mientras Burton, enfermo de malaria se quedó en algún enclave de comercio de esclavos, hasta que dio con un nuevo lago al que dio el nombre de Victoria y al que atribuyó ser el origen del Nilo, sin llegar localizar el nacimiento del río. Burton, por miles de razones científicas, o por solo una: la envidia, no reconoció a Speke el descubrimiento.

Speke regresó a Londres para vender su descubrimiento. Burton se quedó en Zanzíbar e insistió obcecado en que la auténtica fuente era el Tanganika. El paso del tiempo agrió la discusión, y en un nuevo viaje Speke no pudo probar su teoría, que ya era de dominio público. En 1864 la British Association for the Advancement of Science organizó "El duelo del Nilo", para que Burton y Speke se batieran dialécticamente. Jamás se celebró ya que Speke murió en el mismo día del debate en un accidente de caza. Nadie dudará de que todo tipo de interpretaciones se dieron a aquel hecho que ha quedado irresuelto para la eternidad. Lo que sí sabemos es que Burton no tenía, a pesar de su vehemencia, razón.

martes, julio 4

Las montañas de la Luna (1)

Los míticos casquetes de las cumbres heladas de las montañas Rwenzori, entre el Congo y Uganda, desaparecerán en 20 años debido al cambio climático, según un estudio realizado por científicos de la University College de Londres (Reino Unido) publicado en mayo pasado por la revista Geophysical Research Letters: "Based on field surveys and analyses of optical spaceborne images (LandSat5, LandSat7), we report recent decline in the areal extent of glaciers in the Rwenzori Mountains of East Africa from 2.01 ± 0.56 km2 in 1987 to 0.96 ± 0.34 km2 in 2003. The spatially uniform loss of glacial cover at lower elevations together with meteorological trends derived from both station and reanalysis data, indicate that increased air temperature is the main driver. Clear trends toward increased air temperatures over the last four decades of ∼0.5°C per decade exist without significant changes in annual precipitation. Extrapolation of trends in glacial recession since 1906 suggests that glaciers in the Rwenzori Mountains will disappear within the next two decades" (published 17 May 2006)

lunes, julio 3

Las montañas de Marte

La montaña más alta del mundo es el Everest y nos parece que no hubiese otra montaña en el universo. Ampliemos un poco nuestras miras: la montaña más alta del Sistema Solar, que también es un volcán, es el Olympus Mons y está en Marte.

Su anchura abarca unos 550 kilómetros y su altura es de más de 24.000 metros, casi tres veces el Everest, aunque parece que no presentará grandes dificultades técnicas a los futuros montañeros del sistema solar ya que sus laderas alcanzan de pendiente solamente entre 2 y 5 grados. Y según Pitágoras, si vemos al Olympus Mons como un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos tendremos "una cuesta de vacas" de más de 550 kilómetros.