domingo, septiembre 24

Gebrselassie

El etíope Haile Gebrselassie, de 33 años, cuatro veces campeón mundial de los 10.000 metros, y que desde enero de 2006 tiene además el récord del mundo de medio maratón (58m. 55s.) y de 20 kilómetros (55m.48s.) en ruta, intentaba hoy en el maratón de Berlín batir el récord mundial de maratón (2h.4m.55 s.) que logró el keniata Paul Tergat en Berlín en 2003.

Gebrse no lo ha logrado (todavía) y no deja de ser posible que no lo quiera lograr hasta el momento adecuado, nunca antes de tiempo (acaso aconsejado por su patrocinador). De todas formas el récord de maratón lo tiene Gebrselassie al alcance de sus piernas, la marca de hoy en el maratón de Berlín 2h.5m.56s., a un minuto del tiempo de Tergat, es el séptimo mejor de todos los tiempos.





Haile Gebrselassie, del que ya he escrito en este blog, está destinado a ser (es YA) un mito vivo en activo y uno de los fondistas que marcan época; su moderado perfil comercial y su discreción personal hacen que no sea una celebridad mundial. Cuando tantos deportistas menores son conocidos planetariamente por logros inferiores Gebrselassie sigue siendo un desconocido a pesar de su enorme grandeza.








Entrada del blog del lunes, agosto 23, 2004

Paula

Paula Radcliffe tiene aseguradas sus piernas en 500.000 libras esterlinas pero ayer no le llevaron a meta. Salió delante y en la primera curva ya estaba en cabeza tirando. Asumiendo el protagonismo absoluto que en otras ocasiones asumen atletas medios para ganar cierta notoriedad frente a las cámaras. Parecía querer todo. Llevaba todo un año preparando esa carrera tras lesiones y renuncias a otras competiciones. En el kilómetro 10 seguía sola delante, acaparando todas las responsabilidades. Corría sin recibir un solo relevo, una sola ayuda un solo descanso. El mascarón de proa que penetraba el calor de cada metro antes que ninguna. La perseguían dos etíopes, dos kenianas y tres japonesas. Frenética, es difícil de saber si corría contra ella, contra el último año de su vida de lesiones y renuncias, contra todo. En realidad no parecía estar corriendo el maratón estaba queriendo ser la carrera. Paula solo duerme, come y entrena, parece haber renunciado a vivir otra cosa que no sea dos sesiones diarias de entrenamiento, 35 kilómetros diarios y más de 200 kms. semanales. Ha hecho el sacrificio extremo, renunciar a vivir para correr. Había olvidado, si lo supo, correr por correr. En el kilómetro 15 (52:11) hacía tiempo que ella había roto la carrera y le veían la espalda solo diez más. Quizás el maratón no comienza en la salida como debió olvidar ayer Paula. Seguía primera, ya casi sola, parecía querer todo, más protagonismo que la propia carrera. ¿Quién le empujaba a estar siempre la primera? Al llegar a la mitad de la carrera (14:02) que no es la mitad del maratón ya solo seis perseguían a Paula y el calor a todas. El estilo algo enloquecido, un cabeceo desorbitado, los calcetines altos, su estatura, su palidez, los ojos en blanco junto con ser la mujer que más ha reducido, como jamás antes, la diferencia entre el maratón femenino y el masculino la hacen única. En el kilómetro 25 Noguchi pega un tirón, la han descubierto. No hay ni respeto ni miedo en la mirada de la japonesa. Paula no parece entender lo que ocurre, como si no pudiese explicarse lo que estaban viendo sus ojos: Como si se tratase de un error que alguien subsanaría de forma inmediata. Como si alguien fuese inmediatamente a establecer el orden perdido y la fuese a llevar de la mano, quitándole importancia a lo sucedido, de nuevo (a Paula) a la primera fila. Ahí debió comenzar el maratón para Paula. Once kilómetros después dejaba de correr, andaba unos pasos y rompía a llorar sentándose en el suelo. Es difícil saber porqué lloraba, si infinitamente por no poder ganar, como un niño desconsolado que no consigue lo que quiere. O si había comprendido la soberbia de su error. O si había recordado lo que había olvidado, que el maratón te puede humillar. O si simplemente lloraba sin más. Ese llorar ininterrumpido de Paula provoca la misma ambigua reacción emocional, es comprensible y es reprobable. Y es lamentable. Se comprende el desaliento pero no la soberbia de despreciar o ignorar desde el primer metro a las demás e intentar situarse por encima de la carrera. No se comprende la inmadurez de no aceptar el fracaso sentándose a llorarse en la acera. Mucho más digno y grande (de nuevo) fue Gebreselassie que corrió con molestias de su reciente lesión la final de los 10.000 contra Bekele, siendo un héroe que habiendo ganado todo supo ser cuarto desde el kilómetro seis, que corrió a pesar de saber que ese día ya no iba a volver a ganar el diez mil. Ayer será un día de los más importante de Paula. No lo olvidará jamás, el maratón no perdona ni permite olvidar: No importa que seas el mejor casi siempre, ese día, el día que no has de fallar, fallas irremediablemente, es tan humano... Paula lloraba y no supo llegar a meta el en puesto séptimo o decimonoveno, es lo más cobarde a falta de seis kilómetros. Lo que sabe sufrir (hasta la auténtica meta) cualquier corredor popular de maratón no lo supo ella. Ayer no fue una maratoniana, no se mereció la carrera. Y seguía llorando cuando se marchaba en el coche.

viernes, septiembre 22

10.000 visitas


Mi proyecto para 2007: Kathmandu - Lukla - Khunde Hospital - Lukla - Mera Peak


jueves, septiembre 21

La temporada ha acabado para mi

"La temporada ha acabado para mi... Ha sido un año extraño. Ha sido duro, puesto que los resultados no han acompañado en absoluto... Cuando se consigue hacer cumbre, la alegría es suficiente recompensa para olvidar los malos momentos y creer que todo ha merecido la pena. Cuando no es así, como en esta ocasión, sólo queda la sensación de esfuerzo baldío, de sufrimiento gratuito, de riesgo inútil. Se puede llegar a pensar que la montaña, que estas grandes montañas, son injustas y que no hay correspondencia entre lo entregado y lo recibido. La decepción te puede llevar a pensar que no merece la pena, que malgastar tanto tiempo y energía en estas tareas, no lleva a ningún sitio. Tras unos días de descanso, de reflexión, te das cuenta de que esto no es así. Hay que aceptar las reglas de este extraordinario juego del Himalaya. Precisamente, una de sus grandezas es esa, que pese a que pongas todo tu saber y todas tus ganas en juego, estas grandes montañas de la Tierra siguen teniendo, afortunadamente, la última palabra. Ellas deciden, a través de la meteorología, del estado de la nieve, de las condiciones en general, cuando se sube o cuando no. Nadie tiene asegurado el éxito, por muy fuerte que sea y esta incertidumbre confiere a esta actividad uno de sus toques mágicos y misteriosos...si fuera más sencillo y todo tan sólo dependiese de uno mismo, escalar estas cumbres no sería lo mismo, no sería tan extraordinario y el himalayismo perdería uno de sus pilares básicos... Las montañas me seguirán esperando y yo seré un poco más sabio y un poco más fuerte" Carlos Pauner

http://www.carlospauner.com/actual/diario_broad.php?id=11

miércoles, septiembre 20

400 entradas

Descubro por causalidad que el blog contiene, con el mensaje Sir E.H., 399 entradas desde diciembre de 2003. El blog comenzó como una experiencia para dar coherencia y cierto orden a mucho material suelto que tenía escrito sobre la experiencia del maratón y cómo convertirlo en literatura. Uno está tentado a hacer recapitulaciones en momentos concretos asociados a numeros redondos. Me voy a resistir. El blog ha pasado por distintas etapas, como yo mismo, la distancia horizontal ha acumulado la vertical; y el fondo ha sumado la perpendicularidad; el asfalto, la tierra, la nieve, la roca, el hielo... Básicamente es la misma extraordianria experiencia de ir superando algunos límites.

Regreso al primer mensaje y me parece irónico, lo sabía desde que esa primera frase surgió en mi mente mucho antes de escribirla por primera vez: "Hay cosas que no se pueden contar; otras que no se saben contar o se pierden en el tránsito a palabras. Quien corre sabe que nunca se va a ninguna parte y que no se viene de ningún lugar. Cuando corres no corres contra nadie; solo, contra ti. No serán más de diez o doce los que corren para ganar; los miles restantes solo contra vosotros mismos. Ni lluvia, ni calor, ni frío, apenas el viento te detienen, algo te empuja a la espalda, te hace mirar quizás desafiante a quienes te acechan desde los coches, desde autobuses, desde... resguardados de sí y de todo lo demás. Un corredor de fondo alcanza las distancias: que es bastante más que correr, corres por una necesidad que apenas adivinas cuando te oyes respirar, con cada zancada, con cada kilómetro. Quien corre un maratón sabe tanto como desconoce, acabas sabiendo como poco que la carrera no comienza en la salida, que la meta no es la meta donde nada acaba, y correr siempre es más que correr."

viernes, diciembre 05, 2003

martes, septiembre 19

Sir E.H.

“Eran las once de la mañana. Mi primera sensación fue de alivio, alivio de que el largo y pesado trabajo finalizase; ... y alivio de que, al fin, la montaña hubiese sido amable con nosotros... Pero junto al alivio, tenía una vaga sensación de asombro, de haber tenido la suerte de alcanzar la ambición de tantos escaladores valientes y decididos... Estaba demasiado cansado y era demasiado consciente del largo descenso, hacia la seguridad, como para sentir un gran júbilo... nuestro éxito brillaba claramente en mi mente... pero no había tiempo que perder. Primero debía tomar algunas fotografías y después apresurarnos a bajar...”

Magnífico texto que resume todas las emociones y sensaciones de los montañeros al alcanzar una cima perseguida decenas de veces con la imaginación y, en muchas ocasiones, de intentos frustrados. Emana del texto el alivio por finalizar el esfuerzo que parece interminable; agradecimiento a la montaña y el cielo por haber permitido subir y llegar indemne; incredulidad de que la lucha haya terminado; la recuperación inmediata de la conciencia de que nada ha finalizado del todo puesto que espera la bajada y las largas sombras del peligro; un cierto desamparo en la cumbre a pesar de haber llegado donde uno había fijado la vista mucho tiempo atrás; la serenidad en lugar de la euforia prevista por haber llegado.

Las frases de arriba, perfecta expresión de las sensaciones de miles de montañeros, son de Sir Edmund Hillary al describir cómo alcanzó la cima del Everest.

viernes, septiembre 15

Haiku




J.L. Borges dijo que el haiku tiene alguna conexión con el budismo "y lo que trata es de captar un instante es decir, captar como la eternidad, en 17 sílabas"




http://www.elrincondelhaiku.org/

domingo, septiembre 10

Porqués (7)

Basta con contemplar un tresmil en silencio en Pirineos, solo, despues de haberlo ascendido y bajado, para refutar tanto exceso de optimismo etnocentrista por lo que podemos hacer como género.

El escepticismo crece, a pesar de los pesares, en los Alpes... pero en el Himalaya, dentro de su inmensidad, rodeados de montanas sin nombre en los mapas por su reducido tamano (que de
haber solo un cincomil en Europa se veneraria) afloran certidumbres sobre nuestro limitado papel en el mundo. Cuando el ser humano haya desaparecido del planeta las montañas del Himalaya seguirán allí. Ellas son un excelente modelo de comprensión de nuestras limitaciones como especie.
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sábado, septiembre 9

Porqués (6)

El magnetismo de las montañas se encuentra en gran medida en la extrañeza del medio, en que siempre somos unos visitantes, nunca invitados y, por tanto, se trata de un entorno sobre el que no tenemos control alguno. Tampoco, como sucede en los deportes, podemos abandonar sin más y retirarnos a la banda, salir de la pista y dar por terminado o fallido el intento. Uno no regresa a ningún lugar seguro y cómodo en unos instantes cuando tienes que dar media vuelta en una ladera o una pared, en la nieve o la roca. La montaña siempre es superior a nuestras fuerzas, tenemos más que perder, no la podemos adaptar a nuestro ritmo, ni voluntad o deseos, todo en ellas escapa a nuestros hábitos cotidianos de control. No hay conmutadores ni mandos a distancia ni ayudas mecánicas que nos faciliten la renuncia. Solo nosotros con nuestras fuerzas físicas y mentales, la ley de la gravedad y la montaña, mano a mano.
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viernes, septiembre 8

jueves, septiembre 7

El peso de la imaginación

Es muy probable que el origen de buena parte del imaginario montañero, e incluso de la forma de contar las aventuras y logros en la montaña -y consecuentemente de construir la imaginación- esté en cómo Edward Whymper lo escribió en La conquista del Cervino.

Whymper, londinense de nacimiento y enterrado en el cementerio de Chamonix, descubre en 1860 con veintiún años el inescalable Cervino, y durante cinco años convierte en algo personal subir a aquella montaña a pesar de tener que regresar a Londres. Hay partes casi hilarantes como cuando en 1862 regresa a Suiza y tiene que pasar las fronteras con dos escaleras de muchos metros que hacen que se sospeche de él como ladrón internacional, Whymper solventa los problemas de aduanas reconociendo que es funambulista.

La historia narrada por Whymper es la de una conquista muchas veces fracasada, la de una obsesión que no se debilita ante los reiterados fracasos, la de un logro épico en una dura carrera contra el tiempo y la velocidad de otra cordada junto al primer gran drama en el que durante el descenso mueren cuatro de los siete montañeros; y finalmente la de un caso polémico que con la rotura de una cuerda -que no estaba destinada al encordamiento- y cuatro hombres cayendo al abismo de la cara norte se extiende sin solución durante décadas y décadas.

Ese esquema dramático, la minuciosidad de los detalles, la reconstrucción exhaustiva de cada paso a salvar en la montaña se han repetido en la literatura de montaña hasta un hoy bulímico de logros con notoriedad pública que tienen que ahondar el riesgo hasta bordear el suicidio.