Gebrselassie
El etíope Haile Gebrselassie, de 33 años, cuatro veces campeón mundial de los 10.000 metros, y que desde enero de 2006 tiene además el récord del mundo de medio maratón (58m. 55s.) y de 20 kilómetros (55m.48s.) en ruta, intentaba hoy en el maratón de Berlín batir el récord mundial de maratón (2h.4m.55 s.) que logró el keniata Paul Tergat en Berlín en 2003.
Gebrse no lo ha logrado (todavía) y no deja de ser posible que no lo quiera lograr hasta el momento adecuado, nunca antes de tiempo (acaso aconsejado por su patrocinador). De todas formas el récord de maratón lo tiene Gebrselassie al alcance de sus piernas, la marca de hoy en el maratón de Berlín 2h.5m.56s., a un minuto del tiempo de Tergat, es el séptimo mejor de todos los tiempos.
Haile Gebrselassie, del que ya he escrito en este blog, está destinado a ser (es YA) un mito vivo en activo y uno de los fondistas que marcan época; su moderado perfil comercial y su discreción personal hacen que no sea una celebridad mundial. Cuando tantos deportistas menores son conocidos planetariamente por logros inferiores Gebrselassie sigue siendo un desconocido a pesar de su enorme grandeza.
Entrada del blog del lunes, agosto 23, 2004
Paula
Paula Radcliffe tiene aseguradas sus piernas en 500.000 libras esterlinas pero ayer no le llevaron a meta. Salió delante y en la primera curva ya estaba en cabeza tirando. Asumiendo el protagonismo absoluto que en otras ocasiones asumen atletas medios para ganar cierta notoriedad frente a las cámaras. Parecía querer todo. Llevaba todo un año preparando esa carrera tras lesiones y renuncias a otras competiciones. En el kilómetro 10 seguía sola delante, acaparando todas las responsabilidades. Corría sin recibir un solo relevo, una sola ayuda un solo descanso. El mascarón de proa que penetraba el calor de cada metro antes que ninguna. La perseguían dos etíopes, dos kenianas y tres japonesas. Frenética, es difícil de saber si corría contra ella, contra el último año de su vida de lesiones y renuncias, contra todo. En realidad no parecía estar corriendo el maratón estaba queriendo ser la carrera. Paula solo duerme, come y entrena, parece haber renunciado a vivir otra cosa que no sea dos sesiones diarias de entrenamiento, 35 kilómetros diarios y más de 200 kms. semanales. Ha hecho el sacrificio extremo, renunciar a vivir para correr. Había olvidado, si lo supo, correr por correr. En el kilómetro 15 (52:11) hacía tiempo que ella había roto la carrera y le veían la espalda solo diez más. Quizás el maratón no comienza en la salida como debió olvidar ayer Paula. Seguía primera, ya casi sola, parecía querer todo, más protagonismo que la propia carrera. ¿Quién le empujaba a estar siempre la primera? Al llegar a la mitad de la carrera (14:02) que no es la mitad del maratón ya solo seis perseguían a Paula y el calor a todas. El estilo algo enloquecido, un cabeceo desorbitado, los calcetines altos, su estatura, su palidez, los ojos en blanco junto con ser la mujer que más ha reducido, como jamás antes, la diferencia entre el maratón femenino y el masculino la hacen única. En el kilómetro 25 Noguchi pega un tirón, la han descubierto. No hay ni respeto ni miedo en la mirada de la japonesa. Paula no parece entender lo que ocurre, como si no pudiese explicarse lo que estaban viendo sus ojos: Como si se tratase de un error que alguien subsanaría de forma inmediata. Como si alguien fuese inmediatamente a establecer el orden perdido y la fuese a llevar de la mano, quitándole importancia a lo sucedido, de nuevo (a Paula) a la primera fila. Ahí debió comenzar el maratón para Paula. Once kilómetros después dejaba de correr, andaba unos pasos y rompía a llorar sentándose en el suelo. Es difícil saber porqué lloraba, si infinitamente por no poder ganar, como un niño desconsolado que no consigue lo que quiere. O si había comprendido la soberbia de su error. O si había recordado lo que había olvidado, que el maratón te puede humillar. O si simplemente lloraba sin más. Ese llorar ininterrumpido de Paula provoca la misma ambigua reacción emocional, es comprensible y es reprobable. Y es lamentable. Se comprende el desaliento pero no la soberbia de despreciar o ignorar desde el primer metro a las demás e intentar situarse por encima de la carrera. No se comprende la inmadurez de no aceptar el fracaso sentándose a llorarse en la acera. Mucho más digno y grande (de nuevo) fue Gebreselassie que corrió con molestias de su reciente lesión la final de los 10.000 contra Bekele, siendo un héroe que habiendo ganado todo supo ser cuarto desde el kilómetro seis, que corrió a pesar de saber que ese día ya no iba a volver a ganar el diez mil. Ayer será un día de los más importante de Paula. No lo olvidará jamás, el maratón no perdona ni permite olvidar: No importa que seas el mejor casi siempre, ese día, el día que no has de fallar, fallas irremediablemente, es tan humano... Paula lloraba y no supo llegar a meta el en puesto séptimo o decimonoveno, es lo más cobarde a falta de seis kilómetros. Lo que sabe sufrir (hasta la auténtica meta) cualquier corredor popular de maratón no lo supo ella. Ayer no fue una maratoniana, no se mereció la carrera. Y seguía llorando cuando se marchaba en el coche.




