miércoles, noviembre 29

La paz no es buena noticia

Que una guerra que ha causado durante 10 años más de 10.000 muertos apenas sea noticia es un signo del tiempo que vivimos: guerras por el control de los recursos energéticos disfrazadas de cruzadas democráticas anti tiranos, asesinatos en masas de poblaciones civiles como actos represivos, inmolaciones fanáticas que se llevan por delante a los que por error están al lado, asesinos que se ríen con cierta impunidad a la cara de sus víctimas, errores semánticos que dicen lo que no son en procesos de paz, miles de muertos en las carreteras sin que nadie cuestiones el modelo de energético y de desarrollo subyacente... ¿A quién le va a importar que en uno de los países más pobres del mundo dejen de matarse tras diez años de conflicto armado? La paz en Nepal no es una buena noticia para los medios, es una pequeñez, de pocas líneas en medio de eso que llamamos información y que no es más que sucesos... Dejémonos de falsos intelectualismos aristocratizantes: somos la información que consumimos...

martes, noviembre 28

Final de 10 años de guerra en Nepal

El Gobierno y la guerrilla maoísta de Nepal han firmado un acuerdo que pone fin a diez años de guerra y abre un período de transición que decidirá el futuro de la única monarquía hindú del planeta. Nepal es uno de los países más pobres del mundo.
El líder de los maoístas, Prachanda, y el primer ministro, Koirala, rubricaron un pacto que prevé que la guerrilla entregue sus armas, bajo una supervisión de Naciones Unidas, y entre a formar parte de un Parlamento y un gobierno interino hasta la celebración de elecciones a mediados de junio próximo.
"La guerra ha terminado y la paz ha comenzado", proclamó Prachanda, para quien el acuerdo representa "la victoria de todos los nepaleses sobre las fuerzas reaccionarias que querían mantener a Nepal en el pasado". "Nepal entra en una nueva era", dijo Koirala, y auguró el "comienzo de la política de la reconciliación".
Esperemos que sea cierto.

lunes, noviembre 27

¡Kamil existe!



Recibo un email anónimo desde Benasque, me quiere casi jurar que puedo ver a Kamile haciendo autostop pero no sabe decirme qué día del fin de semana. ¿Alguien de la universidad de Zaragoza le conoce?

sábado, noviembre 25

¡Kamil vive!

Ayer me dediqué durante un buen rato a buscar en Google en el servicio de noticias algo relacionado con un estudiante checho del programa Erasmus de la universidad de Zaragoza. Afortunadamente no encontré nada sobre Kamil, eso significa que sobrevivió a su audacia. Tuvo suerte en el Monte Perdido y una enorme fortuna en el Aneto, ya que la metereología fue excepcionalmente adecuada para ir como iba vestido. Situaciones así hacen pensar si lo del ángel de la guarda tendrá menos de mito infantil de lo que estamos dispuestos a creer.

Si alguien conoce a Kamil, por favor envíad un email. Sigamos su huella... Gracias.

viernes, noviembre 24

jueves, noviembre 23

¿Quién es Kamil? (7)

Le señalé a Kamil la escasa huella que yo había podido abrir en la nieve dura para que la siguiera, entonces como si despertara de un remoto letargo me dijo:

- Por ahí no puedo subir.
- ...

Me quedé sin capacidad de respuesta. Perdí la oportunidad de desanimarle. Parecía obvio que no iba a desistir aunque le intentase persuadir para darse la vuelta, es posible que hubiese sido injusto con él, a tan sólo un decena de metros de desnivel. Nada en sus gestos o la posición de su cuerpo apuntaba ladera abajo o rebelaba signo alguno de duda o vacilación. Sencillo, él no veía el fin de la subida y tampoco le preocupaba si estaba aún lejos. Tuve la sensación de que era como si para Kamil no existiese ni el pasado, lo que acaba de hacer los últimos minutos parecía lejos o se había volatilizado, y tampoco le importase el futuro más allá de los siguientes diez o doce pasos parecía ser lo único que procesaba su mirada. Parecía ser capaz de vivir solo un segundo tras otro sin más. No supe que decirle mientras no dejaba de mirarme con una expresión que yo no era capaz de decodificar. Carles me gritó, desde arriba, para que Kamil subiera en la dirección en la que se encontraba él, avisando de las piedras que le facilitarían el camino.

Le volví a decir algo, supongo que decidí animarle ya que había decidido no hacerle desistir.

- No entiendo bien español.
- Déjalo... allí arriba hay roca... - le dije señalando hacia Carles.

Pocos podrían creer la historia de Kamil así que le pedí a Carles que nos hiciese una fotografía. Luego, tras palmearle la espalda varias veces, le dejamos atrás subiendo. Por muy poco dinero que tuviese Kamil comprar unas botas está al alcance de cualquiera. Por tanto, no hay razón objetiva para ir en zapatillas. Puede haber muchas razones que expliquen porque iba solo, otra estupidez en la montaña, pero no lo del calzado. Incluso hay que reconocerle la fuerza fisica y mental necesaria para ir en zapatillas sin dibujo por el glaciar pero sobre todo a la hora de encarar las pendientes.

En el Himalaya he visto subir a 5.400 metros cargados con 40 kilos a porteadores profesionales, por tanto es posible relativizar lo hecho por Kamil; la diferencia es que en los ojos de los porteadores vi el temor a las caídas, la preocupación por la ceguera de la nieve, la concentración cosntante en el siguiente paso; y sobre todo que lo habían hecho centenares de veces y realmente que con sus recursos no era prioritario comprarse una botas.

Lo dicho le dejamos subiendo y a lo largo del glaciar echábamos la vista atrás creyendo identificar un punto que se movía. No, no se movía. A la vuelta en el Portillón, seguimos sin ver nada. Allí tuvimos la certeza de que íbamos a llegar de noche al refugio y que a él se le haría de noche antes de llegar al Portillón. En la bajada al refugio me caí en un par de ocasiones al pisar hielo completamente transparente, cansados y algo deshidratos llegamos en tinieblas. Había un grupo de franceses y antes de irnos les dijimos que un estudiante checho andaba por la montaña en zapatillas y solo. Sí, solo. Creo que nos creyeron.

Durante la cena, ya en Benasque., no dejamos de pensar dónde estaría Kamil. A ratos dudamos y discutimos en cómo organizar dentro del sentido común el comportamiento de Kamille en la montaña: si pensar que estaba loco o era idiota o un crack del alpinismo incomprendido.

miércoles, noviembre 22

¿Quién es Kamil? (6)

Decidí bajar hasta él, la pendiente era la más dura y la caída la más larga. Él seguía tallando escalones con el trozo de bastón . La tenacidad que demostraba no sé aún hoy, si justificarla por un valor extremo o una extrema estupidez.

Bajé haciendo fuerza sobre los talones para ahondar lo más posible mi huella, ya que era evidente que si había llegado hasta ahí precisamente allí no iba a darse la vuelta. En ese momento él no tenía visibilidad de la cima pero en cuanto subiera unos diez metros de desnivel la vería con claridad. Es más, le sería mucho más fácil ya que había una zona de roca desde donde no le resultaría difícil progresar hasta el paso de Mahoma. Si no resbalaba ladera abajo -algo posible en cualquier instante- antes de superar esos diez metros de desnivel no tendría problema en alcanzar la cima que hacia más de 40 minutos habíamos conseguido nosotros.

No habíamos hablado desde la noche anterior con él más de cuatro o cinco palabras, pero yo quería ver la expresión de sus ojos. Esperaba rastrear el miedo por la situación o la euforia por lo que había superado, él tenía que tener lleno de adrenalina cada gesto o todo su ser... Rastreé la expresión de su rostro cuando lo tuve suficientemente cerca. No supe qué pensar. Aparentaba la misma calma que la noche anterior cuando dijo que iba a subir. Idéntica placidez o atonía anímica, una paz que parecía venir de lejos o no haber conocido nunca el peligro. Llegué al convencimiento de que no se trataba de un extraño reto ni de nada similar; llegar allí, de aquella forma, solo significaba o un auténtico desprecio por el peligro o una intensa necedad. No tuve dudas.

martes, noviembre 21

¿Quién es Kamil? (5)


Mientras me ponía los crampones no dejaba de menear la cabeza, como intentando agitar la única idea que había en mi mente. Bajé unas decenas de metros por la pendiente y entonces le vi. Allí estaba Kamil. Trepando a mano, escalando a cuatro patas, tallando peldaños en las breves huellas de los crampones en la nieve dura, dura... No sabía que pensar y no creo haber dicho nada, acaso maldecir entredientes... Allí estaba, no necesité sacudir más la cabeza, ni frotarme los ojos. Me reuní con Carlos que le habia hecho un par de fotografias a Kamil. Nos mirámos y creo que nos reímos con una carcajada de perplejidad e incredulidad.

lunes, noviembre 20

¿Quién es Kamil? (4)

Ante el paso de Mahoma nos quitamos los crampones y junto a ellos quedaron los piolets. Lo pasamos con facilidad a pesar de la nieve. Seguiamos sorprendidos por la falta de compañía mirásemos dónde mirásemos. Olvidamos a Kamil. Nos hicimos unas fotos y luego comimos hielo y algo de comida. Pronto volvió a la mente el cansancio adelantado a las horas que nos quedaban de bajada. Carlos descendió primero el paso y luego yo. Me hizo una fotografía. Bajó unos metros más y se asomó a la pendiente. Se volvió hacia mí, y por la velocidad del giro y la postura que adoptó supe qué iba a gritarme:


- Está subiendo, está ahí...
- ... (increíble, pero cierto)

domingo, noviembre 19

¿Quién es Kamil? (3)

Desde el Collado Coronas atacamos la pendiente primero de forma directa y luego en zig zags. Kamil iba remontando la ladera por la zona de menos pendiente y pronto le dejamos atrás. Me olvidé de él porque estaba convencido de que en su mente habría algún rastro de sentido común y en cuanto viese la altura desde la que podía caer, su instinto de supervivencia le haría bajar de manera instantánea. En un par de ocasiones en las que miré atrás no le vi y eso me confirmó en mi razonamiento.

Subimos rápido por la nieve dura. Los crampones se clavaban bien y el piolet apenas era necesario. Nos animamos mutuamente varias veces y antes de lo que esperábamos teníamos a la vista la ultima pendiente que lleva al Paso de Mahoma. Volvimos a preguntarnos por Kamil y creo que nos sentimos aliviados de no verle. Siendo sinceros temíamos, de verdad, que se matase.

Dudo que los pioneros Tchihatcheff y Franqueville no llevaran mejor calzado, el 20 de julio de 1842, para subir el Aneto que Kamil el 10 de noviembre de 2006. Una cordada en 1919 (foto) iba muchos más equipada (encordada, botas y calcetines más los grandes piolets) que el trozo de bastón de esquí y sus zapatillas.

De verdad ¿Quién es Kamil?

sábado, noviembre 18

¿Quién es Kamil? (2)

Al amanecer vimos salir de su saco de dormir de verano a Kamil. Comió algo casi escondido y salió de la caseta con un espíritu. Carles y yo pensamos que era mejor que fuese delante y no pegado a nosotros. Palpé el móvil en uno de los bolsillos y comprobé que tenía baterías. Le vimos ascender delante de nosotros por el gran desnivel desde el principio. Pasamos las rocas, los primeros trozos de los riachuelos helados y vimos como la escarcha iba desapareciendo. El verglass amenazaba transparente en las rocas y teníamos que ir esquivandolo. Nos intercambiabamos la mochila cada media hora y levantabámos la mirada buscando la figura de Kamil. Haciamos predicciones de hasta donde subiría: Se dará la vuelta antes del Portillón Superior. Se rendirá al ver el glaciar desde el Portillón. Tendrá que ver los limites de la progresión en el glaciar. Cuando comienzen las pendientes duras desistirá.

Le alcanzamos en el portillón Superior. Carles entró por abajo y yo cresteando. Nos paramos a beber y comer algo. El destrepó y le vimos avanzar entre la nieve y las rocas por una huella antigua evitando el hielo. Destrepamos y cruzamos lo más recto posible hacia una de las huellas que se veían en el glaciar por rocas y nieve dura. A la entrada del glaciar le volvimos a alcanzar mientras descansabamos unos minutos teníamos la certeza de que se daría la vuelta. No.

Kamil se adentró en el glaciar con el trozo inferior de un palo de esquí, de unos 30 centímetros. Nosotros nos calzamos los crampones y le vimos andar por la huella en el hielo en dirección al collado Coronas. le vimos gatear para salvar alguna pendiente y escarbar el hielo con el utensilio que creo encontró en el camino, pues vi la empuñadura del bastón junto a un mojón de piedras. Supe que en las priemras pendientes del Aneto el miedo a un resbalón y una caída de varios centenares de metros le haría desistir y se daría la vuelta para nuestra tranquilidad... Volví a palpar el móvil en el bolsillo de la chaqueta.

viernes, noviembre 17

¿Quién es Kamil? (1)

El jueves tuvimos que subir desde el aparcamiento al refugio de la Renclusa, que sabíamos cerrado, de noche y sin conocer el camino ni la dirección en la que debíamos encontrarlo. Sabíamos que teníamos una buena subida de unos 40 minutos, cargados con las mochilas y con los frontales encendidos fuimos atajando hacia el refugio sin saberlo por pura pendiente. A la izquierda vimos bajar con cierta rapidez una luz tenue que al desaparecer y volver entendimos que bajaba haciendo zig zags. Así supimos que en algún punto del camino menos marcado nos habíamos salido de él.

Nos dirigimos hacia donde habíamos visto la luz en la parte más alta y al poco reencontramos el camino y enseguida dimos con el edificio del refugio. Supusimos, bien, que la parte abierta era una caseta a la derecha. Unos colchones viejos, unas mantas algo sucias y unas botas abandonas sobre una estantería metálica fue lo que encontramos junto con la estructura de madera en dos pisos que sirve como literas continuas. Salimos a mirar el cielo, sin luna. Vimos subir una luz de nuevo y supusimos que era quien habíamos vuelto bajar que regresaba. Al rato apareció un tipo que nos preguntó si podía quedarse allí. Claro que podía quedarse. No hablaba muy bien español pero algo de información acopiamos de él.

  • Nombre: Kamil
  • Nacionalidad: Checha
  • Edad: menos de 30
  • ¿De dónde venía?: del aparcamiento
  • ¿y antes?: de Zaragoza
  • ¿Zaragoza?: Sí, es estudiante Erasmus
  • ¿Por qué había bajado?: Porque esperaba el refugio abierto y desconocía que existe la posibilidad de pasar la noche en la caseta. Al vernos subir había decidido regresar, pensaba que eramos el guarda del refugio (¿ein?)
  • Intenciones: Subir el Aneto
  • ¿Intenciones?: Subir el Aneto
  • 1ª perplejidad (nuestra): Cuando ve a Carles ajustar los crampones a las botas nos mira con verdadera sorpresa. Luego se mira las zapatillas y nosotros seguimos su mirada.
  • ¿Le hemos entendido bien?: Sí, lo hemos entendido, quiere subir en zapatillas.
  • ¿Tiene algo que ver con un reto? ¿Una prueba extrema? ¿Una apuesta?: Todo indica que no.
  • Las zapatillas:

  • Primera cima de Kamil: Nos dice que ha subido en zapatillas Monte Perdido y que había nieve (había esquivado la escupidera por el lado izquierdo del canal central de la pedrera que cae desde la antecima del Perdido)
  • Advertencia 1: Kamil, aquí hay nieve y mucho hielo arriba.
  • Respuesta a advertencia 1: Subo por nieve.
  • Advertencia 2: Kamil, hay mucho hielo arriba.
  • Respuesta a advertencia 2: Subo por nieve.
  • Miradas: Pues vale, tú mismo.
  • Tema de conversación entre Carles y yo durante las siguientes 72 horas: la estabilidad psíquica de Kamil, cuándo se dará la vuelta y qué habrá sido de él.

jueves, noviembre 16

Emptying my mind (4)


En las cumbres el cansancio desaparece, todavía no surge la idea de tener que buscar las huellas a la inversa, aparece la sonrisa en el rostro sobre el cansancio, la deshidratación parece menor y el cuerpo firma una tregua con la mente. Intentamos deshacer algo de nieve y fue inútil, nos comimos pequeños trozos de hielo entre las chocolatinas y algo de comida. Recuerdo haber leído en la literatura de montaña la enorme paradoja que supone que uno se pueda deshidratar rodeado de agua por todas partes en la alta montaña. El glaciar por el frío no tenía agua por ninguna parte, no había grietas ni pisadas. La soledad de la ascensión fue casi completa para nosotros dos. Había una persona más en aquella inmensidad del viernes, un checho en zapatillas subiendo siempre un poco por delante de nosotros.

miércoles, noviembre 15

Emptying my mind (3)


Bruce Lee, ese mito adolescente para muchos de nosotros, ha revivido gracias a la publicidad de BMW. Supongo que significa que los de aquella generación que imitábamos entusiastas en los sesenta sus movimientos y sonidos de Karate a muerte en Bangkok hemos alcanzado un status socio económico como para comprar BMW,s. Me llama la atención su referencia a vaciar la mente. Es algo tan budista, la mente como fuente real de todo conflicto... dicen que era una época taoísta de Bruce Lee... Como en el maratón, cuando el cuerpo ya está tan agotado y se ha sobrepasado los límites del agotamiento por mucho, por un mecanismo de autodefensa la mente se rebela para organizar el descanso o el abandono. Tras once horas de esfuerzo, cerca de la deshidratación, incluso quitarse los guantes a la luz de los faros del coche demanda de un esfuerzo inesperado.

martes, noviembre 14

Emptying my mind (2)

Salimos de la caseta junto al refugio de la Renclusa, que estaba cerrado, al poco de amanecer. Nos llevaría seis horas llegar hasta la cima del Aneto, durante las dos primeras hasta el paso del Portillón tuvimos que salvar un desnivel importante entre rocas con verglass y esquivar las largas lenguas de hielo. Al subir siempre te empuja la voluntad y todas las fuerzas disponibles e intactas. El trayecto desde el Portillón hasta la entrada del glaciar en noviembre es incómodo por terreno mixto e interminable, la vista equivoca los cálculos de las distancias; y todo parece más cercano. Cruzar el glaciar y subir el Aneto fue fácil con la nieve dura y los crampones. Ante el Paso de Mahoma nos deshicimos de ellos y del piolet.

Cinco horas nos llevó bajar desde la cima hasta el aparcamiento. Se nos hizo de noche a partir del refugio. Bajando la ley de la gravedad es más ingrata casi que subiendo, el hielo, la nieve, la rodillas... la mente se llena de rebelión para no seguir avanzando, contra el cansancio y la deshidratación. La literatura de montaña y la experiencia enseña que la mayoría de los errores importantes se comenten bajando, llegar a la cima es más o menos la mitad del esfuerzo por lograr un objetivo en la montaña. Y la diferencia con otras actividades que te permiten salir del terreno de juego y abandonar, el maratón lo permite sin gran inconveniente, es que en la montaña no hay tal opción por muy agotado que uno esté. La solución de parar es siempre mucho peor que insistir en la extenuación física y anímica.

domingo, noviembre 5

42 y 195 el cortometraje

Nueva versión del cortometraje que hicimos en abril 2005 entre Carles y yo en el maratón de Madrid y que nos sirvió para quedar finalistas en el premio de cortometrajes deportivos de Marca, aquello olía a dedocracia pero al menos tuvimos barra libre en la celebración de nada.