lunes, junio 11

Nuestra vida sin nosotros

Soy (y somos) el resultado de una infinidad de hechos que fueron concatenándose en el orden silencioso e incontenible con que se produjeron. Con que uno solo hubiese fallado, no estaría escribiendo, ni pensaría como pienso y, con seguridad, no comprendería lo que comprendo.

Es indiscutible que hay momentos donde el destino nos descarrila de nuestra vida y nos pone entre los ríeles de otra sin nuestra aprobación. Y sucede en un solo instante, sin posibilidad de resistirnos. Incluso toma tiempo saber que no somos ya los mismos. Mantenemos la ilusión de ser nosotros, exactose invariables; y así seguimos como si nada importante nos hubiese sobrevenido. Sin ser conscientes aún de que nada será jamás igual y que nunca volveremos a ser los mismos. En nuestro tiempo el tener un ego fuerte es un signo de caracter, hay sociedades y culturas donde no es así y no pasa nada.

Necesitamos de tanta voluntad como atención para no convertirlo en anecdótico. Comenzamos a vislumbrarlo cuando algo impreciso nos sorprende de nosotros mismos, como si fuese por primera vez que respondemos, actuamos o sentimos de una forma inesperada frente a nuestros hábitos de siempre. Así comenzamos a aceptar con creciente perplejidad que las mismas nimiedades, situaciones o personas no nos provocan aquel agrado o ansiedad o entusiasmo. Que la realidad no es como antes. Lo que cambia no es la realidad, es inmutable; somos nosotros. Solo al hacer el necesario esfuerzo es cuando identificamos ese lapso a partir del cual se desencadenó otra vida dentro de nuestra propia vida; y la anterior acabó en una vía muerta.

0 comentario(s), léelo(s):