Edurne abandona el Annapurna.
La sinceridad de Edurne no mitiga su decepción. El miedo y el alivio que declara en
su web son un testimonio más acá de la épica de la victoria y la derrota, le doy por ello espacio aquí:
"Ya sabía antes de venir al Annapurna que no iba ser nada fácil. Las cifras de accidentes y los amigos que he perdido aquí imponen mucho respeto, y la sola visión de esa masa monstruosa de hielo y piedras impresiona por sí sola. Pero cómo siempre, cuándo empezamos a trabajar y a equipar la ruta, las preocupaciones se tornan más immediatas: la comida, la bebida, el material, las cuerdas... hasta que llega el momento del ataque a cumbre, la hora de la verdad. Antes de ayer me encontraba en el Campo 3 a 6.500 m. con Iván, Fernando, Andrew, Asier, Horia, Sergey e Iñaki. El serac que estaba por encima de ese campo no era lo que esperábamos ni mucho menos, y nos costó unas 8 horas superar 50 metros. Durante todo el día el serac fue desprendiendo cachos de hielo, y nosotros estábamos debajo. El temor era constante, y todo el día estuve oyendo el inconfundible rumor de las avalanchas que no cesan de caer a cada lado de esta inmensa pared.
Lentamente se fue superando ese tramo, pero el día iba pasando y poco a poco me iba desmoralizando. Para mi el serac era muy peligroso, no lo veía nada claro y mi estómago empezaba a tensarse. En definitiva, tenía eso tan humano pero que salva tantas vidas: el miedo. Por otro lado también pensaba en el reto de los 14 ochomiles que me he planteado, naturalmente, y que el Annapurna significaría en este momento el “paso del Ecuador” de este proyecto, un gran salto adelante después del cual todo sería mucho más claro.Así que tenía que tomar una decisión muy difícil, en unas circunstancias y en un entorno muy complicado, pues Asier, mi compañero de cordada, tuvo que bajar por la mañana, ya que por la noche vomitó sangre. Pasan mil cosas en esos momentos por la cabeza, y sobretodo me pesaba el difícil inicio de año que he tenido con el accidente del Taillon, y la noticia de hace unos días de la muerte de Santi y Ricardo en el Dhaulagiri.
Así que opté por lo que mi estómago me dictaba: me voy a bajar porque tengo miedo, me siento sola y éste no es ni el lugar ni el momento para que yo tenga eso, porque me estoy jugando la vida. Con toda la pena dejé a Iván y a los demás, listos para asumir el riesgo de la montaña más traidora del mundo y ya bajando hacia el Campo 2 empecé a pensar en la próxima batalla de esta larga guerra que son los 14 ochomiles: el Broad Peak.El Annapurna se queda aquí, y con mi retirada me llevo un amargo recuerdo pero muchísimas lecciones que sabré aprovechar. Lecciones técnicas, sobre cómo afrontarlo; físicas, ya que he confirmado que mi estado de forma era el que deseaba, muy alto; y psicológicas, de mejora de mi conocimiento interior en esas situaciones y de cómo mejorarlo."