Hecho
Anoche había optimismo mezclado con la tensión de la incertidumbre. Una veintena iba a salir a la 01:00 para atacar el Mont Blanc (como si fuese a depender de sus intenciones). Nosotros decidimos levantarnos a las 3 si los de la 1 llegan a salir (esto ya lo he vivido).
En el dormitorio a la 1 se monta el típico jaleo de levantarse, luces de frontales, arrastre de mochilas, a esperar sin movernos de la cama, intentando dormir en esa zona de duermevela que no permite ni dormir ni la lucidez... Unos quince minutos después vuelven en tropel a intentar dormir hasta las 3. No hay MB para nadie. A dormir. Solo uno lo logra a razón de sus ronquidos.
Me despierto a las 6, nuestro colega del refugio (un decir, claro – merece una entrada para él solo) no nos quiere dar de desayunar hasta las siete. Pues vale. Nos vamos al Mont Blanc de Tacul, podríamos haber salido a las 5 pero la diferencia no es crucial. Tiramos las mochilas en el collado para no tener que subir al refugio. Fer se extraña, pero le convenzo de que nadie nos va a robar una mochila ya que es improbable que alguien quiera acarrear más peso del que ya lleva a cambio del placer del robo.
A las 7 estamos de camino al pie del Tacul, hace bastante frío, unos cero grados y no poco viento. A las 11 después de pasar la rimalla, evitar con cuidado las grietas bordeándolas, saltándolas, de escalar las palas que desde lejos parecen verticales (y de cerca más) llegamos al hombro del Tacul. Desde allí la visión del Maudit nos sobrecoge (menos mal que esta vez no toca; por el maratón sé que la fuerza psicológica se adapta siempre a la magnitud del reto). Vemos que no hay huellas que remonten al Maudit y eso nos consuela. El MB no es accesible por la vía de los cuatromiles esta semana. Sopla mucho viento que ha helado toda la subida. La sensación térmica, por mi nariz, unos doce o quince bajo cero si no más. La parte final de escalada en roca con hielo y crampones y guías colándose impunemente, subiendo y bajando, dispara la adrenalina y algún insulto internacional en inglés. Los guías franceses son muy arrogantes y parecen tener una ética enfocada a subir y bajar lo mas rápido a su cliente al margen de cualquier otro montañero que no les haya pagado por lo que no debería ser más que una experiencia no mediada (eficacia, ahorro de tiempos... Una empresa más). Parecería que si no pagas a un guía, una especie de diezmo postindustrial, no tuvieses el mismo derecho de subir y bajar montañas. Son muy buenos en lo suyo, sin duda, pero de fondo (como en tantas otras facetas de nuestro mundo occidental) no intentan si no privatizar lo que debe ser accesible a todos.
El Tacul no es una montañita, ha sido muy exigente bajo las condiciones en las que está esta semana: técnicamente estricta y no apta para cualquiera. Lo dicho si ayer nos íbamos contentos con los tresmiles, con el Tacul nos llevamos un cuatromil muy muy interesante.
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