Las teles autonómicas y nosotros
Andaba haciendo zapping... cuando alcance la certidumbre que las televisiones autonómicas se han convertido en el brazo armado ideológico del poder político que gobierna cada Comunidad. En el caso de Telemadrid y la TV3 no me quedan dudas: son un órgano de propaganda sin disimulo, como Heidi Montag no esconden la mentira sino que al enseñarla crean la ficción de una verdad, provisional pero que parece verdad. Las televisiones autonómicas, no me olvido de las estatales, son financiadas con recursos públicos y generan todas déficits extraordinarios creados por los políticos que deben defender la racionalidad de sus propios actos y decisiones. La utilización del interés público se discute demasiado poco. En realidad las teles solo son soportes publicitarios o de pago (anunciantes) o sin coste (para los partidos políticos que ponen a dedo a quien debe dirigirlas). El disparate es que en demasiados ámbitos los políticos son al mismo tiempo: juez, parte, vigilante y vigilado.
En paralelo con esta gran tendencia hay otra actividad política muy propia de la derecha (con un notabilísimo seguidismo o complicidad de la izquierda): la apropiación de áreas públicas para el uso y rentabilidad privada. El mito de la eficiencia privada frente a la pública está desmontado sobre la base de que la corrupción puede ser tan descomunal en el sector público como en el privado.
En Madrid el Canal de Isabel II cedió un enorme espacio en Vallehermoso a cambio de subir el precio del agua a los vecinos. Cuando Gallardón pasó de la Comunidad al Ayuntamiento; y Espe Aguirre llegó a la Comunidad tardaron poco en cambiar los letreros y el proyecto del parque que se redujo a espacio público a menos de la mitad. Ese espacio robado al uso público es ahora un campo de tiro y de juego de golf, un campo de fútbol y pistas de paddel que han sido concedidas como licencia de explotación a amigos del PP, pero el precio del agua ha subido. Ante las protestas vecinales y para evitarse problemas Espe Aguirre declaró el campo de golf de utilidad pública. Solo tiene un nombre: cinismo y robo. Lo mismo sucede con las zonas verdes o azules de aparcamiento. La voracidad política por apropiarse y privatizar bienes materiales e inmateriales. A pesar del modelo de consumo dominante y las creencias creadas alrededor el lujo no es lo que nos dicen que es. Para mí ya solo hay dos grandes lujos: el tiempo y el espacio.


















Diez minutos más tarde....ensimismado en "mi" insecto...creo que he descubierto sus razones, sus pautas, sus motivaciones.... ¡sigo estudiándolo!