Amy again
"Suena afroamericana, pero es judía británica. Parece sexy, pero no juega a eso. Es joven, pero suena vieja. Canta con sofisticación, pero es vulgar hablando. Su música es melosa, pero sus letras son desagradables", en palabras del crítico de música de The Guardian y The Observer Garry Mulholland. Es Amy Winehouse.
Su personalidad es inseparable de su música y de sus letras. La intensidad temeraria con que vive hace temer a muchos una carrera tan corta como la de otros genios de generaciones pasadas, aunque hace cuatro años aseguraba que 10 años después ya se habría retirado y estaría viviendo como una feliz ama de casa cuidando de su marido y siete hijos. Sean los genes o los viejos amores, la música, el alcohol y estupefacientes corren por las venas de Amy Winehouse. Pero es un fenómeno, sobre todo, por su voz cavernosa, que algunos han comparado a mitos como Sarah Vaughn y Nina Simone; por su música impregnada de jazz, de soul, de rhythm and blues, por las letras en las que evoca sin tapujos los placeres y las tragedias de su vida.
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