La paradoja del control silente
Estoy aprovechando estos días de prearranque postvacacional para redactar un par de artículos postergados sobre el significado de la tecnología, la cultura y el ocio para las familias en España, basados en una investigación realizada a 100 familias en España; y que junto a una importante cantidad de información cuantitativa y bibliográfica adicional sirvió de base para mi tesis doctoral.
Cuando revisaba los textos me he encontrado con la identificación de una paradoja a la que en su momento me limité a identificar pero a la que ahora con la redacción del artículo he llamado La paradoja del control silente.
Para las familias, las tecnologías y las telecomunicaciones son un canal de expansión y enlace, un potente cordón umbilical, hacia el exterior del hogar y con otros miembros de las familias.
El teléfono móvil -o la tecnología VoiP para las familias inmigrantes- cumple una función cohesionadora al mantener el contacto, prescindiendo de las distancias, “habló con mi madres todos los días un par de veces por teléfono” (este símbolo , a falta de otro posible remite a una cita literal de las grabaciones de audio de la investigación). Las comunicaciones a través de la tecnología permiten mantener el vínculo, la relación y alto nivel de cohesión sin necesidad de presencia física; y lo que a priori podría ser un inconveniente no lo es, ya que facilita una mayor comodidad y seguridad: “yo en mi casa y ella [la madre] en la suya y cuando me necesite estoy al otro lado del teléfono”.
El papel clave que las telecomunicaciones tienen para las familias es el de tener siempre activado el canal de acceso rápido y fácil al otro, “mantener siempre el contacto”, “saber con nada [de esfuerzo] como está”. Es la vía más eficaz y consensuada como canal de información, transmisión, contacto, disponibilidad, localización e incluso afecto. Al mismo tiempo, permite la coexistencia de dos componentes antagónicos, por ejemplo, tal y como sucede con la telefonía móvil en la relación padres e hijos: libertad y control.
Por un lado, se exalta desde los hijos el valor de la independencia respecto a los padres “para hablar en cualquier momento con mis amigos”, “para que no se preocupen” y “para poder llegar más tarde”. Y por otro, desde el punto de vista de los padres, permitiendo un mayor control de los hijos y reducir la incertidumbre, “para saber enseguida si pasa algo”, “para saber dónde está siempre” y “para saber cuándo llega”. Todos los componentes de las familias (padres, hermanos, hijos, abuelos) y las personas vinculadas a ellos por lazos de fraternidad (compañeros, amigos, colegas) aceptan el desenvolvimiento no problemático y de forma constante con esta paradoja del control silente.
La telefonía móvil ha hecho posible que ambas funciones opuestas, de control e independencia, puedan coexistir de forma equilibrada de forma extendida en el mismo “acto de comunicación”, sin que el “controlador” o el “independiente” sientan menoscabados sus derechos.




